45 - Banquete Fúnebre

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- ¿Dónde está ella? - Dijo Neji con la voz tranquila.

Le sorprendió que su voz sonara tan imponente y a la vez tan sumisa, no quería parecer demasiado amenazante ni tampoco alertar a sus compañeros ninjas de que algo más estaba ocurriendo. Así que en el momento en que estuvo solo con el prisionero hizo la pregunta que le estaba rondando en la cabeza desde que entraron a la habitación y notó la ausencia de cierta castaña.

Seguirla era lo único que le interesaba ahora.

Masamune lo reconoció, ese joven que le interrogaba con preocupación era uno de los guardaespaldas de Nouhime, aquel que protegió a la debutante cuando él perdió el control esa tarde que buscó atacarla. Sin embargo pudo darse cuenta con facilidad que su interés no era solamente fraternal; el hombre estaba verdaderamente interesado por ella.

Una expresión de profunda tristeza se dibujó en el rostro del hombre mayor. En los breves momentos que había compartido con la joven llamada Tenten, su inquebrantable determinación se había vuelto aterradoramente evidente. Se trataba de una venganza profundamente personal contra Kyoshi, una que eclipsaba con creces la misión oficial de Nouhime, y el temor por su seguridad le oprimía el pecho. Dos años antes, una misteriosa joven estratega había aparecido en el Castillo, exponiendo sistemáticamente la miserable maquinaria de las operaciones de mercado negro de su esposa, un imperio que Masamune había sostenido ciegamente, sin darse cuenta. Sin su regencia e influencia en la isla, Kyoshi nunca hubiera podido introducir de contrabando a esas víctimas de la trata de personas a tierra firme. Darse cuenta de ello generó un odio justificado; ella no solo había pisoteado sus creencias fundamentales, sino que también se había burlado de su propio afecto por ella.

Jamás había dudado de ella y nunca habría podido descubrir sus trampas, sin embargo había estado actuando ante sus narices y él estuvo cierto todo el tiempo, nunca lo notó. Siempre había estado completamente subyugado por sus encantos, se odió a si mismo por no haber descubierto antes sus planes.

Su impulso inmediato fue reportarla apresuradamente ante la administración y contarle a Mitsunari todo lo relacionado con los secuestros en el continente, no obstante aquel joven lo instó a esperar; una operación secreta ya se estaba desarrollando en la isla y tendría que mantener su papel hasta la subasta para poder capturarla con éxito, mientras tanto ayudaría si lograba encontrar alguna información útil y a su vez ocultar de Kyoshi cualquier movimiento que pudiese parecer sospechoso o delator.

Eso podía hacerlo. Cuando llegaron los ninjas, luego de que la chica se hubiese retirado con aquel misterioso joven, él le entregó al hombre que reconoció como capitán del escuadrón un portafolio que había robado con ayuda de uno de sus más preciados esclavos de la oficina secreta de su esposa. El joven había estado numerosas veces en la habitación atendiéndola mientras ella trabajaba, cuando él le ordenó observar todos los sitios en los que guardaba sus documentos fue fácil para él inmiscuirse en la habitación mientras la subasta tenía lugar para sacar todos los papeles que cometían la información sobre los secuestros y sus traficantes. 

Evidentemente, con esa información podrían localizar en la isla a las víctimas y regresarlas a sus hogares con una gran recompensa, si es lo que deseaban. En todos sus años viviendo en la isla sabía bien que se podía llegar a apreciar ese estilo de vida. Además de que sus contratos les dejarían una buena cantidad de dinero que, de alguna manera, podría compensar su estadía forzosa en el lugar; pero eso no podría saberlo. Esas personas habían sido obligadas a entrar en la isla como verdaderos esclavos, debió ser una experiencia terrible.

Lamentaría por el resto de su vida haber sido participe de aquellos viles actos pero aún más sentía haber puesto a su propia hija en aquella situación en contra de su voluntad. Merecía su odio y merecía el odio de Nou, merecía todo lo que le iba a pasar después, lo aceptaba. Si no era demasiado pedir, con el tiempo esperaba que Nou y su hija lo perdonaran por su agravio. Puede que no lo demostrara pero seguía la pista de sus hijos. Pocas veces ocurría un embarazo accidental como el de Nouhime. Pero tenía un hijo con su fallecida esposa, el joven era un santo, un prodigio que se dedicó a estudiar el arte de curación y también era maestro en la segunda isla donde vivían los hijos de la isla y las personas que trabajaban pero no participaban en los placeres que ahí se practicaban. Era curioso como sus dos hijos no habían seguido su camino pero así debía ser. Se alegraba de que ellos buscaran su propia felicidad a su modo. Le alegraba en gran manera que fueran mejores que él.

Dragones GemelosHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora