Vicky

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Es El Tipo De...

Novia a la que con gusto ayudarías en el restaurante de su familia.

Novia a la que con gusto ayudarías en el restaurante de su familia

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E

L AROMA A ESPECIAS Y MASA RECIÉN horneada envolvía el aire cuando Heaven empujó la puerta del restaurante de la familia de Vicky. No era la primera vez que visitaba el lugar, pero en esta ocasión todo se sentía distinto. Tal vez era porque no solo estaba ahí como una clienta más, sino como la novia de Vicky… y porque, en una extraña e inusual idea de cita, había accedido a ayudar en la cocina.

⎯ Bienvenida a tu primera experiencia laboral en un restaurante ⎯ anunció Vicky con una sonrisa radiante, apoyada en el mostrador con un delantal atado sobre su ropa.

Heaven alzó una ceja, fingiendo escepticismo. ⎯ Pensé que era una cita, no una entrevista de trabajo.

⎯ Las dos cosas pueden ser divertidas ⎯ respondió Vicky con picardía, mientras tomaba su mano y la llevaba a la parte trasera del restaurante.

El calor de los fogones y el bullicio de la cocina las envolvió de inmediato. El sonido del aceite chisporroteando, el repiqueteo de cuchillos cortando verduras y el murmullo de los cocineros trabajando se mezclaban en una sinfonía particular, una que Heaven nunca había experimentado tan de cerca.

⎯ No te preocupes, no te haré hacer cosas complicadas… todavía ⎯ le aseguró Vicky mientras sacaba una bandeja de ingredientes frescos y los colocaba sobre la encimera⎯ . Vamos a empezar con algo tradicional: empanadas caseras.

Heaven observó la masa extendida frente a ella y luego a su novia, quien, con movimientos ágiles y naturales, comenzó a preparar la mezcla para el relleno.

⎯ Vicky, ¿esto significa que me estás enseñando tu receta secreta? ⎯ preguntó con una sonrisa traviesa.

Vicky ladeó la cabeza con fingida seriedad. —Si te lo cuento, tendré que casarme contigo para asegurarte de que no la reveles.

El comentario tomó por sorpresa a Heaven, quien, aunque sabía que era una broma, no pudo evitar sentir su corazón saltar un latido. Vicky notó su reacción y soltó una risa divertida.

⎯ Vamos, empieza a rellenar la masa antes de que piense en ponerte a lavar platos.

Heaven sacudió la cabeza para concentrarse y trató de imitar los movimientos de su novia. Pero pronto quedó claro que la cocina no era su fuerte. Al primer intento, su empanada quedó torcida, con el relleno saliéndose por los lados. Al segundo, la selló tan fuerte que parecía más una bola de masa que una empanada.

⎯ ¡Vicky! ⎯ se quejó, mostrándole su desastroso trabajo⎯ . Esto no se parece en nada a las tuyas.

Vicky la miró con fingido análisis antes de estallar en carcajadas. —Bueno… tiene personalidad.

⎯ ¡Eso dijiste de la primera! ⎯ exclamó Heaven, fingiendo indignación.

⎯ Y sigue siendo cierto. Pero tranquila, nadie nace sabiendo cocinar ⎯ dijo Vicky, acercándose a ella⎯ . Mira, te ayudo.

Tomó suavemente las manos de Heaven y las guió, presionando con la cantidad justa de fuerza para doblar la masa correctamente. Heaven sintió la calidez de los dedos de Vicky sobre los suyos, su cercanía, su voz suave dándole indicaciones. No pudo evitar mirarla de reojo y notar lo hermosa que se veía bajo la luz cálida de la cocina.

Vicky terminó de sellar la empanada y sonrió satisfecha.

⎯ Ahí está. Nuestra primera empanada juntas.

⎯ Nuestra hija⎯ bromeó Heaven.

⎯ Esperemos que no se queme.

Ambas rieron, y la complicidad entre ellas se sintió más fuerte que nunca.

La tarde continuó entre intentos fallidos de cocina, pequeños roces de manos y risas que se mezclaban con el ambiente del restaurante. En un momento, Heaven intentó voltear una tortilla con demasiado entusiasmo y terminó salpicándose con aceite caliente.

⎯ ¡Agh, duele! ⎯ exclamó, agitando la mano en el aire.

Antes de que pudiera reaccionar, Vicky sujetó su muñeca y, con un gesto instintivo, sopló suavemente sobre la piel enrojecida.

⎯ Tienes que ser más cuidadosa⎯ susurró, su voz más suave, más íntima.

Heaven sintió un escalofrío recorrerle la espalda, aunque no tenía nada que ver con el dolor. Vicky la miraba con esa mezcla de ternura y diversión que la hacía sentir especial, como si estuviera justo donde debía estar.

El tiempo pasó volando, y antes de que lo notaran, ya habían terminado gran parte de las tareas de la cocina. Finalmente, Vicky llevó a Heaven al pequeño comedor privado del restaurante, donde habían apartado un par de platos de la comida que prepararon juntas.

⎯ Momento de la verdad...⎯ dijo Vicky, tomando un tenedor y probando una de las empanadas.

Heaven la observó expectante mientras su novia masticaba lentamente, analizando el sabor.

Vicky hizo una pausa dramática antes de declarar:⎯ No está nada mal, aprendiz.

Heaven suspiró aliviada y probó una. Para su sorpresa, realmente sabía bien.

⎯ Quizás no fui un completo desastre después de todo ⎯ admitió, con una sonrisa de orgullo.

Vicky se inclinó sobre la mesa y apoyó su barbilla en una mano, mirándola con dulzura. ⎯ Sabes qué es lo mejor de todo esto?

⎯ ¿Qué?

⎯ Que pasé la tarde contigo.

El comentario tomó desprevenida a Heaven, quien sintió un rubor subir por su cuello. Pero en lugar de esquivar la mirada, sostuvo la de su novia, sintiendo una calidez indescriptible en el pecho.

Después de un momento de silencio compartido, Heaven tomó la mano de Vicky sobre la mesa y la entrelazó con la suya.

⎯ Definitivamente, esta fue la mejor cita de mi vida ⎯ admitió, con una sonrisa sincera⎯ . No solo porque me divertí, sino porque ayudé a la persona que amo con su trabajo.

Vicky la observó con una mezcla de sorpresa y ternura antes de apretar suavemente su mano.

⎯ ¿Eso significa que quieres repetirlo?

⎯ Siempre y cuando me prometas que algún día haré una empanada tan bonita como las tuyas.

Vicky se echó a reír. ⎯ Bueno, en ese caso, tenemos muchas citas por delante.

Y con esa promesa, la noche continuó entre risas, complicidad y la certeza de que, sin importar el lugar, mientras estuvieran juntas, cualquier día ordinario podía convertirse en algo inolvidable.

Y con esa promesa, la noche continuó entre risas, complicidad y la certeza de que, sin importar el lugar, mientras estuvieran juntas, cualquier día ordinario podía convertirse en algo inolvidable

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Rayne-Minnie

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