NOTA: He estado editando algunos las historias de este libro, sin embargo, no están obligados a volver a leerlos, aunque lo agradecería mucho pues me esforcé para darle más profundidad 😭.
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LA LLUVIA COMENZÓ A CAER JUSTO CUANDO los estudiantes de la Universidad de la Ciudad se preparaban para irse. Las nubes grises cubrían el cielo, y el sonido del agua golpeando el suelo resonaba como una sinfonía melancólica. Los alumnos apresuraban el paso, intentando escapar de la tormenta antes de quedar empapados. Entre ellos, Verose caminaba con calma hacia su auto, agradeciendo no tener que correr como los demás.
A diferencia de la mayoría, Verose disfrutaba de la lluvia, pero no le agradaba la incomodidad de mojarse hasta los huesos. Arrancó el auto y comenzó a conducir con tranquilidad por las calles húmedas de la ciudad. Sin embargo, mientras avanzaba, su mirada se fijó en una figura solitaria en la acera, cubierta solo con una delgada chaqueta.
Era Heaven, una compañera de la universidad, aunque a esa distancia Verose no podía distinguirla. Decidió ignorar la silueta y seguir su camino, pero al pasar por un charco, las ruedas de su auto levantaron una ola de agua sucia que empapó a la persona de pies a cabeza.
⎯ ¡Maldita sea!⎯ murmuró Heaven, sintiendo cómo el agua fría se escurría por su ropa. Giró la cabeza con intención de gritarle al conductor unas cuantas palabrotas, pero al ver cómo el auto se detenía y alguien bajaba, reconoció de inmediato a Verose.
Por su parte, Verose también reconoció a Heaven. La sangre le subió al rostro al darse cuenta de lo que acababa de hacer. No solo había empapado a alguien por accidente, sino que esa alguien era la chica que le gustaba desde hacía años.
⎯ Oh, eres tú, Verose.⎯ dijo Heaven con una sonrisa ligera, tratando de aliviar la tensión.
La mirada de Heaven tranquilizó a Verose un poco, pero no lo suficiente.
⎯ ¡Diablos, te empapé por completo! Lo siento muchísimo.⎯ Se disculpó rápidamente, con un tono lleno de genuina preocupación.
Heaven observó su nerviosismo y decidió no hacerlo sentir peor.
⎯ No pasa nada... ⎯ respondió, antes de agregar con una sonrisa traviesa.⎯ Pero puedes compensarlo ayudándome con esta lluvia, ¿qué dices?
Verose se quedó helado por un momento.
¿Heaven, en su auto? Solo la idea lo hacía sentir un cosquilleo nervioso en el estómago.
⎯ C-claro, supongo.⎯ respondió, intentando sonar relajado, pero su voz lo traicionó.
Ambos subieron al auto. Al principio, el silencio llenó el espacio, solo interrumpido por el golpeteo de la lluvia contra el techo. Sin embargo, poco a poco, comenzaron a hablar. Una conversación casual sobre clases, profesores y la lluvia rompió la tensión, y para cuando llegaron al departamento de Verose, el ambiente ya se sentía más cómodo.
El departamento de la joven de cabellos cortos era de un tamaño aceptable, amplio pero no enorme, acogedor a su parecer, con luces cálidas que contrastaban con el gris de la tormenta afuera.
⎯ ¿Quieres algo de tomar?⎯ preguntó Verose, intentando sonar casual mientras dejaba sus llaves sobre la barra de la cocina.
⎯ No, gracias.⎯ respondió Heaven, mirando alrededor con curiosidad. Luego, señaló su ropa empapada.⎯ Aunque... ¿tendrás algo que pueda ponerme?
⎯ ¡Oh! Sí, claro. Espera un momento.
Verose se apresuró a buscar ropa limpia. Regresó con una camiseta ancha y un pantalón de pijama que había dejado de usar.
⎯ Puedes tomar una ducha si quieres. El baño se encuentra detrás de aquella puerta.⎯ señaló, entregándole la ropa y una toalla de tamaño mediano.
⎯ Gracias.⎯ habló la chica con una sonrisa antes de desaparecer en el baño.
Mientras Heaven se duchaba, Verose se sentó junto a la barra de la cocina, intentando calmar los latidos de su corazón. No podía creer que Heaven estuviera allí, en su casa. Había soñado con momentos como ese, pero nunca imaginó que sucederían así, gracias a un charco y una lluvia torrencial.
Su mente se trasladó al pasado, a los días de preparatoria. Fue entonces cuando comenzó a ver a Heaven de otra manera, no solo como una amiga o una compañera, sino como alguien especial. Durante tres años había ocultado sus sentimientos, temiendo arruinar su amistad. Ahora, parecía que el destino le estaba dando una oportunidad inesperada.
⎯ ¡Verose! ¡Verose!⎯ La voz de la chica que había robado su corazón lo sacó de sus pensamientos.
Parpadeó y levantó la vista para encontrarla de pie frente a él. Llevaba la ropa que le había prestado, y le quedaba tan bien que por un momento, Verose perdió la capacidad de hablar.
⎯ ¿Qué es lo que piensas tanto?⎯ preguntó Heaven, inclinándose ligeramente hacia él, sus ojos llenos de curiosidad.
⎯ En... en tí...⎯ respondió la de hebras oscuras sin pensar.
El silencio que siguió fue ensordecedor. Ambos se quedaron paralizados, procesando lo que acababa de decir.
⎯ ¿En mí...?⎯ repitió Heaven, sus mejillas adquiriendo un tono rojizo mientras apartaba la mirada, visiblemente avergonzada.
Verose sintió cómo el pánico se apoderaba de su cuerpo. Había dicho lo que no debía, pero tal vez... tal vez era el momento de enfrentar sus sentimientos. Respiró hondo, tratando de calmarse.
⎯ Sí, en ti.⎯ confesó finalmente, mirando a Heaven a los ojos.⎯ Estoy enamorado de ti desde la preparatoria. Nunca supe cómo decírtelo, pero ya no puedo seguir ocultando mis sentimientos...
Los segundos que siguieron se sintieron eternos. La chica de sus sueños mirándolo fijamente, procesando sus palabras. Verose esperaba cualquier respuesta: rechazo, confusión, incluso risa nerviosa. Pero lo que recibió fue algo completamente distinto.
⎯ ¡Al fin!⎯ exclamó ella, dejando escapar una risita aliviada.⎯ Verose, he estado detrás de ti desde la secundaria. Siempre intento verme linda para que me notes, ya estaba perdiendo la esperanza...
Contó, olvidándose de la pena que usualmente mostraba.
⎯ Entonces, ¿Saldrías conmigo...? ⎯ preguntó Heaven directamente, su voz llena de emoción contenida.
⎯ ¡Sí!⎯ Parpadeó con vergüenza debido a lo emocionado que sonó.⎯ E-es decir, sí...
La sonrisa nerviosa que se dibujó en el rostro al igual que el sonrojo en sus mejillas fue imposible de ocultar.
Y así lo hicieron. Terminando la noche en el sofá, compartiendo una caja de pizza mientras en la pantalla se reproducía una de las películas favoritas de ambos.
Para Verose, esa fue la primera cita perfecta, llena de nervios, confesiones y risas. Y aunque había comenzado con un charco de agua sucia, terminó siendo el inicio de algo maravilloso.