¿Te gusto?

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Dos cosas me llenan de terror: el verdugo que hay en mí y el hacha que hay sobre mi cabeza

Los cuatro jóvenes salieron tranquilamente de la nave espacial. Nami no acababa de entender qué había pasado, porqué habían entrado tres personas y salían cuatro, sobre todo cuando su intención durante todo lo que duró el pasaje era que salieran dos.

Después de encontrarse con el mago, ese que les había dado las toallas y les dejó quedar un rato en su tienda hasta que se secaran y entraran en calor, se dirigieron hacia la siguiente parada: la nave del ciborg.

Nami no entendía qué diablos pintaba un maldito ciborg en un pasaje de Halloween con personajes de terror clásicos. Un alien, todavía... ¿pero un ciborg que a la vez era un superhéroe que vivía en una nave espacial mientras defendía el universo de múltiples amenazas?

De verdad que no le entraba en la cabeza, pero a Usopp y a Luffy les entusiasmaba la idea. Quizá porque mentalmente se habían quedado a los diez años.

Como fuera, ese espectáculo lamentable entre cómic americano mezclado con géneros del terror de ciencia ficción, le hicieron más gracia que otra cosa, por lo que por una vez desde que había empezado el pasaje, podía respirar tranquila.

De acuerdo, la verdad era que se había divertido bastante.

– ¡Nami! ¡Nos atacan! –decía Luffy a su lado, jugando con el cañón.

– ¡A tu derecha! ¡Corre, dispara, dispara!

– ¡Vale! –El chico disparó, pero los enemigos seguían ahí, yendo a por ellos – ¡Nami, no están muertos!

– ¡Te he dicho a la derecha! ¡A TU DERECHA! ¡Eso es la izquierda!

La casa estaba completamente decorada como si de una nave espacial se tratara. Estaba todo envuelto en papel de plata, con múltiples controles con lucecitas de todos los colores que parpadeaban, muchísima iluminación.

Y, lo mejor de todo, se trataba de una casa interactiva.

El grupo debía defenderse de una nave alienígena que venía a atacarles. Si lo hacían bien, sobrevivían, sino, tendrían que pasar por el tracto digestivo de los extraterrestres. Lo que sonaba a dos tipos de salida de la casa, y una de ellas parecía asquerosa.

Franky, el ciborg, era el propietario de la nave, y ellos tres eran los tripulantes. Un ciborg vestido en bañador deportivo que dejaba demasiado poco a la imaginación y una camisa hawaiana de flores.

Nada más entrar, el chico les explicó quién era él, y su misión en la nave, y cada uno tenía una misión: Nami era la navegante, Luffy disparaba, Usopp controlaba los daños y Franky les animaba.

Si entraban de dos en dos, Franky sería quien se encargaría de controlar los daños, pero al ser tres solo gritaba y les animaba para hacer la situación lo más realista posible.

– ¡Toma ya! ¡En toda la nave! ¡Muere, maldito alien! –gritaba Luffy emocionado al ver en la pantalla que había acertado el tiro.

De golpe, la nave vibró.

– ¡Usopp! ¡Corre, nuestros escudos están cayendo! –gritó la chica, totalmente metida en el papel.

– ¡Voy a ello! ¡Reparación finalizada en treinta segundos, entretenedlos hasta entonces, Nakamas! –dijo Usopp, pulsando las teclas y arrastrando por la pantalla el material necesario.

– ¡Muy bien, chicos! ¡Estáis haciendo un buen trabajo! ¡Seguid así! Pero no os confiéis, los Xenomorfos pueden ser muy escurridizos y aparecer justo enfrente de vosotros, ¡recordad que tienen escudos de invisibilidad! –les animaba el ciborg.

A Halloween TaleHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora