SUEÑO 1

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Miro a mi alrededor y puedo observar un espacio abierto. Me resulta agradable estar allí aunque no me puedo mover demasiado porqué tengo miedo. No veo a nadie y decido avanzar en busca de vida.
De repente, se acaba el bosque y me encuentro en una calle llena de tráfico. He pasado de la tranquilidad absoluta al estrés constante. No me puedo parar a observar mi nueva ubicación porqué esto podría causar un accidente y acabar con mi personalidad del sueño.
Curiosamente, soy igual que en la vida real. Me veo reflejada en los espejos de los coches, que parecen flotar por el aire. La primera observación que se me acude es la posibilidad de estar en un lugar futuro.
Sin quererlo y sin saber mi posición, empiezo a plantearme muchas preguntas de una forma bastante inconsciente. ¿Qué me ha pasado? ¿Qué hago aquí? ¿Y qué representa que debo hacer, a continuación? ¿Tendré que quedarme eternamente vagueando por una calle desconocida?
Después de formular esa pregunta, recuerdo a la madre real. Ella siempre me decía que no me tenía que refiar de desconocidos. Supongo que en los sueños todo va diferente.
Miro la gente que conduce los coches y me fijo en las caras de los pocos vianantes que quedan andando. Son humano pero diferentes a mí. Yo soy de piel negra como el chocolate y ellos son blancos. Muchos de ellos tienen el pelo de color naranja. Me sorprendo con esta simple característica por el hecho básico de que nunca había visto a nadie igual.
Me quedo mirando fijamente a uno de ellos hasta de él se fija en mí.

Doble sueñoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora