En busca de los kultan
Para la siguiente parte de la historia me gustaría remontarme unos años atrás, por el año 1257. Debió de ser por esas fechas cuando Koke, acababa de llegar a Kabul ciudad de artesanos y comerciantes. Una de las ciudades más prosperas de toda Asia central, al verla tan prospera no parecía que años atrás hubiera sido arrasada por mi antepasado. Yo todavía era muy joven pero recuerdo que se respiraba un aire de tolerancia entre creyentes de todas las religiones. Era salir de una mezquita y de poder encontrar justo enfrente una iglesia dando misa. Paseando por las calles se encontrabas a sus habitantes realizando todo tipo de oficios mercadores, artesanos, poetas. Las casas eran de adobe o ladrillo los que les hacía que fueran hogares cálidos y sus calles siempre estaban ajetreadas.
Koke entró en esa ciudad con el objetivo de hacer una alto en el camino y obtener información, pues tenía una misión que era dirigirse al sur en busca de una misteriosa tribu que habitaba por el norte de los montes Himalaya. No se sabía bien con certeza si eran reales, o simplemente rumores de viajeros pero se decía que tenían el poder de hablar con animales y hacer que obedecieran su voluntad. Está noticias llegaron a oídos de mi padre y su amigo, quien por su curiosidad pidió que le permitiera ir a comprobarlo y tratar de entablar alianzas.
A mi padre le pareció una locura en un principio pero por insistencia de su amigo acabó aceptando y ordenó que le acompañara por uno de sus guerreros más habilidosos. Su nombre era Taichar, un hombre de origen humilde, gracias a su destreza para el combate fue nombrado jefe de un mingghan a la corta edad de 23 años. Ahora solo un hombre sin caído en desgracia que se veía obligado a hacer de escolta. Se encontraba fuera de la taberna, donde su compañera acababa de entrar para obtener información, recordando días mejores.
- Alegra esa cara, ya tengo lo que andaba buscando – gritó Koke nada más salir de la taberna.
Su compañero sin molestarse en responder cogió los caballos deseoso de acabar el viaje cuando antes. Una vez montó su compañero ambos salieron de la ciudad para continuar su gran viaje. No llevaron ni dos horas de viaje cuando su Koke empezó a aburrirse y trató de iniciar alguna conversación, pero Taichar no estaba muy receptivo.
- ¿Crees que son ciertos los rumores sobre ese misterioso pueblo? ¿en serio serán capaces de hablar con animales para hacer que cumplan su voluntad? – preguntó Koke.
- Creo que te has dejado engañar como un niño.
- Deberías se más optimista. Piensa lo maravilloso que podría ser. No te parecería increíble poder adiestrar a un tigre como mascota.
Taichar no quiso contestarle para que la conversación se alargara pero su compañero no estaba dispuesto a pasar todo el largo viaje callado y empezó a insistirle para que le conversara. No tardó mucho en hartarse de su compañera y coger las riendas de su caballo para situarse detrás a cierta distancia. Para haber pasado apenas un año desde que se fue expulsado del ejército, no tenía ese aspecto fiero de los mongoles que tanto temen nuestros enemigos. Era un hombre de unos 30 años, alto y musculoso que vestía con ropajes sencillos. Su rostro era el propio de una persona amable, tenía una mirada que infundía confianza. Sus cabellos eran largos, castaños y sueltos a excepción de un par de trenzas además tenía una descuidada barba. Al contrario que Koke que era bajito, flacucho. Su tenía un largo y fino bigote y la cabeza afeitada.
Durante los próximos dos días los viajes por las estepas les resultó muy monótono y aburrido. Hasta que una noche mientras Taichar, se encargaba de hacer un buen fuego para calentarse. Koke sacó uno de sus libros.
- Otra vez te vas a poner a leer uno de tus estúpidos libros.
- Estúpido solo es aquel que no sabe apreciar la sabiduría que contienen sus páginas.
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Promesas de sangre
AventuraTras unos años de paz, Khutulun se prepara para suceder a su padre y casarse con el hombre que ama. Sin embargo las cosas se van a complicar ya que sus hermanos no ven con buenos ojos que sea ella quien les dirija, además un nuevo peligro surge en l...