《Pues así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos volverán a vivir.》
PARTE II: El dilema de Robert.
Miércoles 17 de febrero del 2021.
12:03 p.m.
—¿Cómo te encuentras esta tarde, Daniela?
—Bien, gracias —mi respuesta libre de detalles no es lo que quiso escuchar. De alguna manera, aprendí a leer a las personas.
—¿Sabes? Algunos psiquiatras bromean con el significado de la palabra "bien". Aquí, decir aquello, suele significar justo lo contrario.
—Hmh. ¿Acaso bromean con la salud de sus pacientes? —mi comentario la hace sonreír un poco. En las pocas sesiones que hemos tenido, nunca había respondido de esa manera. Ahora, me siento con la confianza de hacerlo.
Todavía recuerdo la primera vez que me senté en este lugar. La mayor parte de la hora me la pasé callada, tratando de ocultar cada detalle que me atormentaba porque sentía que decirlo en voz alta lo volvería más real. Con el paso del tiempo, aquello fue cambiando. La señorita Rosen ha sido muy paciente conmigo.
Bueno, es su trabajo después de todo.
—Quizá bromear no sea el término correcto. Sin embargo, quiero sacar provecho del tiempo que pasamos aquí —su postura se vuelve más recta, más seria. Parece que, de ahora en adelante, ya no tengo la opción de bromear—. Necesito que seas sincera. ¿Puedes de verdad decirme qué te sientes "bien"? —la pregunta directa me hace agachar la cabeza.
—Yo... no, no he estado bien. Desde hace mucho tiempo no lo he estado —admito apretando con más fuerza mis brazos—. Casi se cumplen dos años desde que ella murió —no necesito decir su nombre para que sepa a quien me refiero. Mi vista se nubla y de nuevo siento esa opresión en el pecho que me impide respirar, pero recuerdo lo que me han enseñado y repito los ejercicios hasta dejar de temblar. Poco a poco lo manejo de mejor manera.
—¿Pudiste ver a su familia? —niego con mi cabeza—. ¿Por qué?
—No creo que quieran verme.
—¿Te lo dijeron? Por lo que me has contado, desde hace dos años decidiste cortar toda comunicación con ellos. Me pregunto si les diste oportunidad de hablar.
—¿No es obvio? Sé que no querrán verme. Yo... —estuve a punto de decir que mate a su amada hija y hermana; que, teniendo todo a mi disposición, no pude salvarla, pero me callé a tiempo. Nadie debe saber lo que sucedió en aquel pueblo. Así me lo prometí-. No pude ayudarla.
—Daniela, lo que sucedió, no fue tu culpa.
—No estuvo ahí para saberlo —digo. La escucho suspirar; probablemente de frustración, o puede que ya se haya rendido con ese tema.
Desde un principio ha intentado convencerme de que su vida no estuvo entre mis manos, pero yo sé lo que viví: luché tanto por el pasado que ni siquiera me preocupé por el presente. Sabía que no podía salvarla, así que intenté cambiar lo que sucedió para evitar llegar a ese momento. Y cuando no pude cambiar lo que pasó, ya era demasiado tarde para remediar el presente.
—Me has dicho que tienes sueños. Cuéntame sobre ellos —el cambio de conversación no pasa desapercibido por mí. Sé que, de alguna manera, aún no va a dejar aquel tema en paz y quiere llegar a el de otra forma.
—Más bien son pesadillas. No las recuerdo del todo, pero sí la sensación que me dejan.
—En los sueños, las sensaciones suelen ser más importantes que los detalles. Háblame más sobre esas «sensaciones».
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Efecto Mariposa
Fiksi PenggemarUn 8 de Agosto del 2014 fue el día en que María José desapareció. Nadie, ni siquiera yo, comprendimos el como ni el porque, pero lo que si se tenía en claro es que su desaparición fue un hecho misterioso. Años después de aquel doloroso día, regresé...
