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La oscuridad es absoluta y repentina. El espacio es tan pequeño que, apenas cierra la puerta, el aire cambia por completo. Ya no huele a fiesta, a sudor ni a alcohol barato; huele a ropa limpia, a suavizante y a... él. A esa mezcla de cítricos y algo amaderado que es inconfundiblemente Austin.

Siento su respiración cerca, un ritmo pausado que choca con el mío, que está acelerado. Estamos parados frente a frente en la penumbra, tan cerca que si me muevo un centímetro, choco con él.

—Vega... —su voz es grave, vibrando en el espacio reducido.

No sé qué hacer con mis manos, así que me cruzo de brazos para crear una barrera física, algo que me recuerde que debo mantener la distancia. —¿Qué? —pregunto, intentando que mi voz no tiemble.

—Espero que mi jersey esté bien —suelta de la nada.

Suelto un suspiro de incredulidad, dejando caer la cabeza hacia atrás contra la puerta. —¿En serio, Johnson? ¿Me metiste aquí, en medio de este juego estúpido, para preguntar por tu ropa?

—Es mi jersey favorito. Prioridades, Vega. Prioridades.

Me golpeo mentalmente la frente. ¡El maldito jersey! Lo dejé doblado en mi cama, listo para traerlo, y con las prisas del vestido rojo se me pasó por completo. Ay, no vengas con esa excusa, Lyra. Sabes muy bien que no se lo quieres devolver.Cállate, conciencia. Se me olvidó, punto.

—Tu jersey está bien —le miento, fingiendo una indignación que no siento—. Solo que... puede que se me haya olvidado traértelo. Estaba ocupada arreglándome para ser la mejor vestida de tu fiesta.

Siento que da un paso hacia mí. Su rodilla roza mi pierna y la electricidad estática se dispara. —Mentirosa —susurra, y aunque no lo veo, sé que está sonriendo—. Te lo quedaste porque te gusta tener algo mío. Te gusta dormir con él. —Sigue soñando, Ken. —No te preocupes. Con tal de que me lo traigas el lunes, te perdono la vida. —Hace una pausa y su tono cambia, volviéndose un poco más serio—. Oye, hablando de cosas importantes... tenemos que hacer algo.

—¿Sobre qué? —Sobre nuestro ship. Matt y Alice. —Ah. —Suelto una risita. Es un alivio hablar de ellos. Es terreno seguro, lejos de la tensión que hay entre nosotros—. Vi el beso en el reto. Esos dos se mueren el uno por el otro. —Exacto. Pero son idiotas. Tenemos que ayudarlos a que dejen de serlo. Hacer que pasen tiempo juntos "inocentemente". Guiño, guiño.

—¿Y cuál es tu plan maestro? Alice no va a caer en una trampa ideada por un rubio idiota.

—¿Idiota? De repente, el ambiente seguro desaparece. Austin se despega de la pared y se acerca más, si es que eso es posible. Invade mi espacio personal por completo. —¿Un idiota como yo te pondría así? —murmura.

—¿Así cómo? —Mi voz es apenas un hilo. —Así como... no sé. —Su mano encuentra mi brazo en la oscuridad y sube lentamente hasta mi cuello. Sus dedos son cálidos y firmes. Me aparta un mechón de pelo de la cara con una delicadeza que me deja sin aliento—. ¿Estás nerviosa, Lyra?

El corazón me late tan fuerte que duele contra mis costillas. Quiero decirle que sí. Quiero decirle que me pone de los nervios. Pero mi mente viaja un segundo a Noah y al beso de hace unos minutos. Noah es tranquilidad, es lo correcto. Austin es... un huracán. Bajo la mirada, mordiéndome el labio.

—Igualmente eres un idiota —susurro, sin fuerza para apartarme. Él suelta una risa baja, ronca, y su pulgar acaricia mi mejilla. Se inclina hacia mí. —Puede ser. Pero soy tu idiota favo...

La puerta se abre de golpe, inundándonos de una luz agresiva.


Matthew P.O.V.

Es Solo Tu DecisiónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora