La casa de la tía Petronilla sonaba exactamente igual que una anciana centenaria.
Las escaleras crujían. En todos los escalones.
Los goznes de las puertas chirriaban. En cada una de ellas, sin excepción.
Las tuberías de agua y calefacción sonaban como si estuvieran ocupadas por espíritus atormentados cada vez que abrías una llave o encendías la caldera.
Y por último, el techo traqueteaba cada vez que había un cambio de tiempo. Como adaptándose a las condiciones meteorológicas que ya eran lo bastante inclementes.
Llovía prácticamente todos los días y cuando lo hacía me encontraba como ese día en El horno de Nilla aburrida y estresada. No tenía ni idea de como empezar la carta que se suponía le debía de enviar a Jake.
La de Lila fue bastante sencilla y la terminé con rapidez contándole cada uno de los sucesos hasta ahora ocurridos, pero con esta no había modo de que avanzara. Ni siquiera podía preguntarle a Allen pues me daba vergüenza hablarle de un chico a otro chico y de todas maneras ese día no lo había visto por ninguna parte. Maisry afirmó que había ido de excursión en bicicleta al pueblo más cercano que quedaba a una hora de Eternidad con su mejor amigo, Bob, al que no había conocido aún.
No podía evitarlo, me sentía herida porque no me hubiese invitado. Al menos avisado de que no lo encontraría ese día. No es como si tuviera muchos conocidos en ese pueblo y no tenía ganas de pasar el día con Martha, alias pez caimán. No quería pasar ni a diez metros de ella si podía evitarlo.
Ni los gofres y el chocolate de la tía Nilla me habían podido consolar. Por otra parte tampoco me podía mantener entretenida en mi pasatiempo preferido: observar y pintar vidas pues la panadería se encontraba bastante vacía a excepción de una chica de cabello castaño rebelde de mi edad que había llegado una hora antes en medio del chaparrón.
Había visto como colgaba su paraguas rojo que combinaba a la perfección con su jersey y se había sentado tímidamente en una mesa opuesta a la mía. El cabello rizado recogido en una apretada coleta y los labios siempre sonrientes. Imaginé que era una de las chicas de Boudica, pero no me atreví a acercarme.
Creo haberles dicho que no era muy buena haciendo amigos.
Fijé la mirada en la hoja en blanco. Había algo mal en las páginas vacías, incluso si estas eran rayadas. No podía evitar pensar en la ausencia de vida, en un monocromático espacio infinito y blanco.
Si pudiera dibujar sonidos seguro que la vieja casa de la tía Petronilla sería mi primera opción. Allí nunca había silencio. A diferencia de las hojas en blanco en donde el silencio parecía adormecerse y prevalecer.
— Hola. ¿Puedo sentarme aquí? — musitó una suave voz con aquel acento al que últimamente me estaba acostumbrando. La típica acentuación de la r escocesa.
Al levantar la mirada me encontré con unos grandes ojos castaños y una sonrisa de dientes perfectamente rectos y blancos. Una que solo era obtenida después de visitar a un buen odontólogo y usar los molestos aparatos. Yo me había negado a usarlos por lo que no me podía quejar por la pequeña superposición de uno de mis colmillos.
Asentí en cuanto pude y traté de sonreír. Mi intento en realidad debió de ser infructuoso pues la sonrisa de la chica del paraguas rojo perdió algo de su brillo.
— En serio no quería molestarte. Si quieres vuelvo a mi asiento, pero es que me sentía tan aburrida allí sola y te vi sola aquí que pensé ¿Por qué no hacernos compañía mutuamente? Lo siento si me he equivocado. — en realidad parecía muy avergonzada.
— Tienes toda la razón. Por favor siéntate. — entonces si le sonreí. Una tímida curvatura de mis labios que funcionó a las mil maravillas.
— Mi nombre es Eden Dering. — Me presenté cuando ella se sentó en mi mesa ofreciéndole mi mano.
— Maisie Merchant. — apretó mi mano.
— ¿Eres una de las alumnas de Boudica?
— Si. ¿Cómo lo supiste? ¿Por la marca de la ropa o por el acento demasiado elitista? — rió ella. Me puse ligeramente roja pues había acertado de pleno.
Es cierto que Maisie vestía solo unos vaqueros ajustados y un jersey, pero podía afirmar con seguridad que los primeros eran los Levi carísimos que mamá se había negado a comprarme el mes anterior. Además su acento, aunque escocés, tenía una suave cadencia que denotaba educación en escuelas privadas, de las que solamente podía permitirse la clase alta.
— No te preocupes, ya he oído eso antes. — dijo al ver mi reacción. — No es que los chicos de Siorraidheachd tengan nada en contra nuestra, pero no pueden evitar decir lo que piensan. Además tengo que estar preparada, hay muchas personas que me echarán en cara de dónde vengo o como me he criado. No es que me queje, pero el dinero trae sus cosas malas.
— Hola chicas. ¿Quieren que les traiga café? Nilla acaba de preparar crepes y no es por alardear, pero están para chuparse los dedos. — dijo Maisry apareciendo de repente al lado nuestro. Agradecí su presencia al sentir como la tensión que había dejado el tema pasado se iba como si nunca hubiera existido.
Maisie y yo nos miramos y sonreímos. Dijimos que sí sin dudarlo y no pudimos más que relamernos al ver las delicias que esperaban ser comidas por nosotras.
— ¿Eres inglesa? — preguntó ella. Tragué un trozo de crepe y suspiré. Sabía a gloria.
— Sí. Nací y crecí en Southampton.
— ¡Ah! He estado ahí. — dijo repentinamente entusiasmada. — Estuve en el cenotafio[1]. Debo avisarte que soy una apasionada de la historia. Convencí a mi padre de dar un viaje por las islas británicas visitando lugares históricos hará 3 años. Me sentí como en el cielo.
— Es genial tener algo que te guste tanto. Me pasa con la pintura.
— ¿Podría ver algo tuyo? — su sonrisa amistosa me hizo sonreír aunque me incomodaba enseñar mi arte.
— Quizás algún día. ¿De qué parte de Escocia eres?
— El acento me delató ¿eh? — ambas reímos. — Nací en Inverness.
Ambas nos quedamos un rato comiendo en un cómodo silencio. Tenía tantas preguntas que hacerle que sentía a mi cuerpo sacudirse suavemente por la expectación, traté de controlar mi exorbitante curiosidad un poco más y lo logré por casi 5 minutos, cuando Maisie habló.
— Vamos has la pregunta que tanto quieres hacerme. — dijo sonriendo. Al parecer no había tenido a mi cuerpo en tanto control como había pensado.
— ¿Por qué aun estás aquí? Estamos de vacaciones y es incomprensible que... Teniendo dinero no estés de viaje por algún spa o sitio de esos.
— Más bien elegiría ir a Culloden o a algún lugar histórico significativo, pero tienes razón. — rió aunque ya no tan alegremente. — Para contestar esa pregunta primero debería decirte por qué estoy en Boudica en general. Seguro has escuchado rumores de que no es sólo un elegante internado para chicas de familias ricas, si no ¿por qué estaría aquí en Siorraidheachd en vez de encontrarse en Inverness, Glasgow o Edimburgo? Boudica es un internado elegante, eso sí, pero es casi una escuela de conducta para chicas de familias poderosas. Chicas rebeldes que empañan el nombre de su familia. — dijo sarcásticamente.
— He oído algo de ello. — terminé diciendo mirando la expresión vacía en el rostro de Maisie.
— No querría que pensaras mal de mi por ello así que debería contarte por qué estoy aquí antes de que decidas ser mi amiga. No tengo muchas amigas aquí que digamos. — encogióse de hombros haciendo una pequeña mueca de malestar. Asentí para que continuara. — Mi madre tiene una hermana gemela. Ambas son como uña y carne. Ese es el inicio. Son guapísimas y mi abuelo no podía decirse que nadaba en la abundancia, pero tenía el suficiente dinero para mimarlas. Ambas se casaron por sobre sus posibilidades. Mi papá es cirujano estético y tiene dos clínicas privadas. Una aquí y otra en Estados Unidos por lo que no te negaré que el dinero sobre. Mi tía también se casó con un hombre rico. El tío Freddie tenía un bufete de abogados, pero todo fue mal y quedó en bancarrota así que ahora mi madre mantiene a mi tía. La tía Morgan tiene una hija un año mayor que yo. Mamá siempre ha querido que ella y yo seamos tan unidas como ella y la tía Morgan.
» — Pero nunca lo hemos sido. Somos tan diferentes como Hitler y Gandhi. Siendo yo Gandhi. — dijo haciéndome reír. — Sin embargo mi mamá y la tía Morgan creen lo contrario, desde que cometí el terrible pecado de confesar que quería estudiar en Oxford. No tengo aspiraciones filantrópicas ni quiero ser una influencer en las redes como mi prima así que para ellas yo soy la rebelde. A mi papá le da lo mismo. Nunca se inmiscuye en lo que hago o quiero.
» — Entonces hubo un problema en la escuela a la que mi prima y yo asistíamos. Al inicio advirtieron a mi prima. Solo la habían atrapado en el baño vomitando y es casi normal para una chica de clase alta ser bulímica o eso fue lo que ellos le dijeron. Luego fueron los ansiolíticos. Hasta que terminó en posible consumo de drogas y una pelea horrible en la escuela. Mi tía y mi madre recibieron el aviso de la escuela privada a la que asistíamos que mi prima había sido expulsada. No hubo manera de convencerlos de lo contrario. El dinero puede pagar casi cualquier cosa, pero ellos no estaban dispuestos a perder su buena reputación por causa de mi prima.
» — Mi madre encontró Boudica. Le pareció perfecta: un internado alejado de la alto sociedad, discreto, que da tratamiento psicológico a sus alumnas y en un pueblo en el que lo peor que podía ocurrir sería una estampida de vacas. La verdad es que si ella hubiera prestado más atención en clase hubiese sabido que Boudica es el nombre de una reina guerrera, por lo tanto rebelde. La vida es muy irónica. Enviaron aquí a mi prima aunque reticentes. Como dije mi madre siempre quiso que me uniera a mi prima como ella a su hermana, a pesar de que tengo un hermano menor William. Pensó que enviarme aquí era matar dos pájaros de un tiro. Finalmente crearía lazos con mi prima en esta soledad y se me olvidarían esas ridículas ideas de ir a Oxford a estudiar historia. — sonrió de forma cínica. — Cosa que no ha pasado por supuesto. Ella y yo no podemos llevarnos peor. Mi madre y mi tía andan de vacaciones en un spa en Suiza, mi padre de viaje en Estados Unidos y mi hermano en una escuela privada para chicos en Inglaterra. No había motivo para que mi prima y yo volviéramos a casa pudiendo quedarnos aquí cuidadas y en perfectas condiciones.
» — Y por eso es que estoy aquí. Por culpa de mi prima Martha. — finalizó.
Después de haber escuchado embobada toda la historia me quedé unos segundos congelada. Había oído algo que no podía creer o al menos no quería hacerlo.
— ¿Eres prima de pe-Martha? — dije corrigiendo mis palabras a tiempo. Apunto estuve de soltar el apodo de Martha.
— Sí, para mi mala suerte. ¿La conoces? — ahora era ella quien se encontraba realmente curiosa.
— Mmm. Creo que me odia. — recordé la mortal mirada que había sentido en mis espaldas al irme del internado.
— ¿Por qué dices eso? ¿Llevas mucho tiempo en el pueblo?
— Menos de una semana, pero hace unos días ayudé a un amigo a llevar unas entregas al internado. Soy sobrina de Nilla, la dueña de esta panadería y supongo que seguirá ocurriendo. Cuando me fui te juro que me lanzó una mirada... — No pude continuar.
— ¡Oh! — imprimió a esa sola expresión todo el horror y el asombro que sentía. — Por favor dime que no era Allen Campbell.
— Era Allen. — admití queriendo profundamente negarlo.
— Pues sí, definitivamente mi prima te odia. Tiene esta obsesión por Allen desde que llegó aquí. Yo nunca he hablado con él, pero parece simpático. Además es muy guapo.
Pensé en todo lo que Maisie me había contado sobre Martha: la bulimia, el consumo de ansiolíticos y posiblemente drogas, la pelea en su escuela. Tragué saliva. No podía evitar sentir un poco de miedo, no era mucho de gustarme las peleas, pero estaba segura de que si Martha no peleaba conmigo me mantendría vigilada y aprovecharía hacerme las vacaciones imposibles.
— No te preocupes. — dijo Maisie adivinando mis pensamientos. — Ahora la verdadera “rebelde” de la familia está aquí. Mantendré alejada a Martha. Además quizás ni te preste atención ahora que tiene nuevo novio. No me preguntes quien es porque no tengo ni idea, pero se que existe. Hasta siento un poco de pena por él.
— Te lo agradecería. — le sonreí sinceramente. — Ahora cuéntame, ¿a qué curso vas?
Y así pasamos la tarde, cuchicheando y riendo. A pesar de la amenaza que podía llegar a ser Martha las vacaciones en Eternidad se presentaban muy prometedoras en compañía de Maisie.
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Eden Dering y el niño cambiado
FantasyEden Dering tiene catorce años, dos hermanos menores a los que de vez en cuando quisiera matar, una alergia fingida al orden y una tía abuela excéntrica a la que no veía desde que tenía 2 años y con la cual pasaría sus vacaciones en un pueblo perdid...