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Las semanas comenzaban a pasar y Changbin no crecía absolutamente nada, y para él la cosa era muy lenta y difícil, no lograba que dijera o supiera lo que sentía.

— ¿Terminaste? — Preguntó apoyándose en mi espalda.

— Falta poco — Contesté escribiendo.

— Llevas toda la tarde allí sentado — Se quejó como el niño chico que era.

— Tengo que hacerlo.

— Quisiera hacerlo contigo — Dijo acercándose a mi.

— ¿Como? — Cuestioné mirándolo.

— Así — Indicó, con sus manos retiró mi pecho hacia atrás, se paró frente a mi, separó mis rodillas y en el espacio que quedaba en medio se sentó — ¿Ves?, listo, estoy contigo haciendo la tarea.

— Molestas mi escribir — Me quejé apoyándome en su espalda.

— Esto ayuda a que tu espalda no duela — Añadió, apoyo su cabeza en la mesa.

— ¿Que cos — Iba a preguntar pero sentí en mi pecho un ronroneo, había comenzado a hacerlo para que, según él, no me doliera la espalda.

Pasaban las horas y comenzaba a pensar que el dolor aparecería y tendría otro ataque, pero nunca paso, había terminado al completo mi trabajo sin ninguna molestia, todo gracias al ronroneo de Minino.

— Despierta — Hablé apoyando una mano en su hombro, él se había dormido apoyado en la mesa.

— Oh, lo siento, ¿Te falta mucho? — Preguntó haciéndose para atrás, ambos quedamos apoyados en el respaldar de la silla.

— No, ya terminé — Respondí tranquilo, su ronroneo seguía.

— Okey, me saldré — Intentó pararse pero lo detuve.

— Quédate un rato más — Pedi para que su espalda se apoyara en mi pecho.

— ¿Por qué?.

— Mi cuerpo se siente... — Cerré los ojos.

— ¿Emocionado?, ¿Tranquilo? — Interrogó.

— Mi cuerpo...cosquillea cuando estamos así — Pensé tranquilo.

— ¿Cosquillea? — Repitió, parecía pensar.

— ¿Qué crees que sea? — Pregunté.

— No lo sé — Dijo — Pero te agrada, no me saldré a menos que me lo pidas — Indicó acomodándose.

— Esta bien.

Pasaron los minutos y ya no sentía mi cuerpo, estaba adormecido de la tranquilidad que me daba su ronroneo, mientras él solo dormía.

— Lo siento — Se disculpó al escucharse en el silencio de la casa su hambriento estómago.

— ¿Quieres comer? — Pregunté sin moverme.

— Si.

Con dificultad me levanté de la silla, mi cuerpo no respondía del todo, caminé despacio a la cocina y comencé a sacar cosas de las alacenas.

— ¿Que harás? — Preguntó sentándose en la barra.

— Es...una receta que aprendí de mi madre — Informé mientras ponía todo sobre la mesa — Son panqueques.

— Wow, he oído de ellos pero nunca los he probado.

— Mi madre siempre los hacia en mi desayuno — Recordé.

— ¡Eso es un sentimiento! — Exclamó, me di vuelta y lo mire.

— ¿Cuál? — Cuestioné.

— Sientes felicidad y tristeza al mismo tiempo, por qué extrañas a tu madre — Indicó mirándome.

𝙈𝙞𝙣𝙞𝙣𝙤 ★ 𝙘𝙝𝙖𝙣𝙘𝙝𝙖𝙣𝙜Donde viven las historias. Descúbrelo ahora