El rey oyó con impresionante calma la historia de Habiba.
- ¿Es él? ¿El que te vio, es el que viene por ti?
- Pero, no es hijo del Jeque, estaba fuera según nos dijeron, ni siquiera es un Al-Khaled.
- Él nunca te dijo que no lo fuera.
- Cierto. –ella tragó saliva, siempre había existido por supuesto la duda.
- ¿Por qué preguntaste si un beso te comprometía? En tu historia no hubo uno. –Habiba empezó a temer la aparente calma del rey.
- No, esa vez no. –ella sonrió avergonzada.
- ¿Pero, es que hubo más veces?-suspiró quedo.
- Hace unos meses, las fiestas... me pareció verlo a él, sabía que buscaban a gente de su tribu por el mal entendido y todo eso.
- Mal entendido, ajá. –dijo rey con mirada astuta, ella desvió sus ojos a otro lado que no fuera su tío.
- Lo vi y tomándolo de la mano lo saqué, ni siquiera me vio bien y se dejó llevar. Obvio que era un mal entendido, así que le dije que tenía que irse de inmediato. Le pregunté si era un Al-Khaled mientras avanzábamos yendo yo delante y él solo se rio, lo llevé afuera para que saliera de Palacio, en cuanto me vio bien solo dijo dos palabras: vaya, vaya...
- Es un poeta. –dijo el rey secamente y ella se apretó los labios para no sonreír.
- Un guarda dijo mi nombre y...
- ¿Y...?
- Vi el reconocimiento cruzar su rostro, pero no dijo nada, no dijo quien era así que me aferré a la esperanza de que no era el joven del oasis y mucho menos un Al-Khaled, evadí al guardia y lo llevé hacia donde podía salir, antes de irse, se giró y me besó. –había sido un beso incendiario y ella aun se acaloraba cuando lo recordaba, era una novata pero podía jurar que ese beso había sido intenso. –Y se fue. –terminó al tiempo que se estrujaba las manos. –era una versión resumida en realidad, la que había dado, pero, ya tenia demasiado problemas.
- ¡Como es que se ocurrió la brillante idea de nadar desnuda! –exclamó el rey por fin mostrando su molestia.
- Lo sé. –dijo con una leve vocecilla encogiéndose.
- Si es un Al-Khaled, si es hijo del Jeque, si es el próximo Jeque y si él te vio desnuda, tu destino se selló Habiba. –el rey se había levantado y enfatizado cada palabra.
- Pero, tío...
- Soy tu rey ahora. –ella asintió mordiéndose los labios con fuerza. –no tu tío, no puedo salvarte siempre de tu insensatez ¿tienes idea de cuantas propuestas por ti he rechazado? Han pedido tu mano y la de tus primas innumerables veces desde que tenían quince años por lo menos, hubo quienes las pidieron desde que nacieron. Si les mentí diciendo que podían escoger no fue solo por controlarlas, fue por protegerlas.
- Lo siento. –gimió ella desolada.
- Ahora, accederé a darles una audiencia por supuesto, estarás presente, toda la familia estará presente. –ella tragó saliva.
- Si hay manera, te lo ruego, líbrame. –ella no era reacia a contemplar un hombre guapo, a ser besada por uno y a pensar en ello de continuo, pero esas no eran las bases para iniciar un matrimonio. Hizo su petición de rodillas, sobre todo para demostrar su contrición.
- Si hay manera, lo haré. –dijo el rey con cansancio poniendo su mano suavemente en su cabeza y ella odió el hecho de haber provocado todo eso. El rey mandó llamar a los invitados a la sala principal y ella se fue con sigilo a una esquina, también la familia inmediata estaría presente para seguir el curso de los acontecimientos, Azima fue la primera en entrar y fue hacia ella con la preocupación escrita en toda la cara. Los demás entraron también y ocuparon sitios por todo el lugar. Que empezara el show.
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Princesa Habiba (Princesas de Durban 2)
Roman d'amourHaber gozado del favoritismo de su tío el rey de Durban desde que tiene memoria hace que a veces una princesita se sienta demasiado libre, es decir, que crea que puede hacer cosas "inocentes" como nadar desnuda. Esto provoca un incidente que le cam...