Luego de haber llegado a su casa y, ser bombardeado por su madre y abuela sobre cómo había sido la noche, quién era ese tal Federico del que ellas nunca habían escuchado hablar y por qué él estaba tan pálido, respondió cada una de las cuestiones tratando de evitar dar detalles amorosos en el ámbito de Federico. Concentrándose en una explicación que sea extensa sobre la ayuda que le iba a dar a su amigo de hace años para que pueda pasar una materia con la que tenía dificultad. Agustín pudo desviar la atención de la conversación, y la propia, de los temas que ocupaban primordialmente su cabeza: Federico y la nueva situación en torno a él y, por otro lado, las voces que corrían por su cabeza. Más que nada, rebotaban, gritaban, caminaban, susurraban y sí, también corrían.
Sinceramente, para este punto creía que se había vuelto loco o por lo menos, no estaba en su mejor estado psicológico. Nunca había escuchado voces que lo llamaran, normalmente las voces le advertían de cosas que eran peligrosas o acciones que le generaban miedo. Pero nunca se había sentido tan abrumado por voces que simplemente llamaban a su nombre.
Dejando de lado la charla con su madre y abuela subió a su habitación y se recostó en la cama. Estaba dispuesto a descifrar esas voces. En cuanto posó su vista en el techo pudo ver la cara de Abril, su mejor amiga intercalaba caras de tristeza y enojo, lloraba y gritaba. Era confuso, pero familiar. Pocas veces había visto a su mejor amiga enojada, pero se sentía tan afín con el sentimiento, incluso creía que podía sentir lo que ella sentía. Eso lo aterrorizó. . Se centró en el impulso egoísta de saber qué significaba todo lo que le estaba sucediendo. En el momento que parecía empezar a entender lo que esas imágenes significaban una descarga eléctrica recorrió todo su cuerpo y como, si de una computadora se tratara, las imágenes y voces se resetearon y comenzó a ver y oír a otra persona. Federico. Se había aparecido la imagen de él en el techo de su cuarto, era difuso y oscuro. Era oscuro y claro a la vez. Lo único que escuchaba era su nombre repetidas veces. "Agustín, Agustín, Agustín" y como si de un recuerdo se tratara se transportó a su infancia.
Estaba en la puerta de su escuela, parado en la puerta viendo como su mejor amiga y él, de 12 años, entraban a la escuela seguidos por un niño más alto que ellos. Un niño que le resultaba familiar. Era Federico de 12 años. En ese momento Agustín pudo recordar porque era tan importante para él ese momento, iba a ser la primera vez que hablara con Federico. El último era nuevo en el instituto y las primeras personas con las que había hablado eran Agustín y Abril, recuerda creer que desde ese momento iban a ser todos amigos, como un trío inseparable que sale en las películas y series. Pero en realidad las cosas fueron de una forma completamente diferente, Federico rápidamente se propuso socializar con todas las personas de la clase y terminó de encajar con las personas que Agustín más temía y despreciaba. Federico coincidió con las personas que más habían lastimado a Agustín. Lo habían lastimado por algo que era tan común y a la vez diferente, algo que en realidad no tenía sentido. Todos sus compañeros habían supuesto que, incluso antes de entender qué era lo que significaba, Agustín era homosexual, gay. Y, por lo tanto, debía ser marginado. Federico nunca participó de insultos ni agresiones, convenientemente nunca se encontraba presente en las situaciones. Pero sí para el consuelo de Agustín. Y eso era lo que hacía, de alguna forma, más tolerable la presencia de Federico para Abril.
Agustín por el contrario, pensaba que eso era todo lo que valía, creía que su vínculo se basaba, en esencia, de esos pequeños momentos de debilidad en los que Federico estaba para ayudarlo. Que confundido que estaba. Porque al final del día Federico había coincidido con sus amigos por alguna razón.
Luego de haber analizado sus recuerdos, de haber cuestionado sus acciones y de haber escuchado las voces en su cabeza que le decían que se despierte y abra los ojos, se quedó dormido. Nuevamente. Con la única diferencia que, luego de tanto tiempo, Agustín soñó algo. Soñó con estar dormido y abrazado a Federico
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Cayendo por un, ¿heterosexual?.
Roman pour AdolescentsDonde Agustín está enamorado de Federico. Donde el mundo entero de Agustín gira entorno a Federico. Donde no hay mejores encuentros que los desencuentros.