Cap 1. Parte 3:

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Me golpeó, muy duro. O eso pensé, cuando me desperté en el borde de la calle de enfrente. Federico que había estado en el patio hablando con una compañera había visto la situación y me fue a ayudar.
En el momento que me di cuenta de lo que había pasado y la situación no pude evitar ponerme a llorar, no entendía cómo había salido ileso de la situación, no entendía cómo el camión no estaba ni tampoco todos los autos que antes habían.  Tampoco entendía porque el moretón que tenía en la cara había desaparecido y, otra cosa que no entendía, era porqué habían voces en mi cabeza que repetían mi nombre. 
Me recompuse e intenté levantarme, con la ayuda de Fede pude hacerlo y lo primero que hice fue decirle gracias. 

"Gracias por haberme ayudado, en serio" fue lo que me salió decirle

"De nada, para eso estoy. ¿Cómo te sentís?" me preguntó mientras me miraba intensamente a los ojos 

"Bien" le dije 

 Y como si nada de lo que había acabado de pasar hubiera realmente ocurrido me cuestionó haberme ido antes y que no lo había esperado al final de clases. 

"Te dije que me esperaras hasta el final del día en el patio de la puerta" dijo con voz triste 

"Perdón, no sé realmente porque me estaba yendo antes" dije verdaderamente confundido 

"Está bien, lo que te quería preguntar era si querías ir a mi casa el sábado. Osea mañana" dijo tranquilo pero esperando una respuesta de mi parte. 

"Claro, tengo que preguntar en casa pero no creo que haya problema" dije yo. 

"Bueno, nos vemos" dijo y entró al instituto.  Yo seguí mi camino a casa esta vez sin ningún auto en el camino. 

Mi llegada a casa fue más rápida de lo que esperaba, pero de todas formas sentía voces en mi cabeza. Voces que parecían venir desde el exterior y a su vez desde el interior de mi cuerpo, retumbaban por mi cuerpo.  Se movían de oído en oído retumbando. Incluso por un momento me pareció distinguir la voz de mi mejor amiga gritando mi nombre. Traté de ignorarlo y seguir con mi camino. Estaba feliz porque el sábado vería a Federico en su casa si mi madre así lo quería. 
En cuanto crucé la puerta de mi casa sentí como si algo hubiera cambiado, mi abuela estaba sentada en el living mirando la tele y mi madre estaba sentada al lado de ella. Mi hermana, Sofía, estaba sentada en el otro sofá mirando con ellas la tele. En cuanto me vieron pasar la puerta se giraron las tres al unísono y me saludaron con la mano diciéndome que me acerqué. Mi sorpresa radica en que mi madre tendría que estar trabajando y mi hermana estudiando. Mi abuela normalmente a esta hora duerme la siesta así que de igual forma me sorprende. Decidí que estaba bien y me senté con ellas. Nos quedamos en silencio y vimos la tele, estábamos viendo la tele apagada. No había nada en la televisión que se estuviera transmitiendo, ni siquiera estaba encendida. Mi abuela fue la primera en decir algo. 

"Que raro que esté la tele apagada" dijo viéndome con cara de inspección 

"Sí, pero bueno. Nos sirve para pasar tiempo en familia" dijo mi madre. 

"Sí" dijo mi hermana 

Y en el momento en que yo iba a coincidir se prendió la tele y en ella se transmitía mi programa favorito. Todos decidimos ignorar la idea inicial de compartir tiempo en familia y optamos por centrar nuestra atención en la tele. 
Luego de unos minutos pude sentir la mirada de mi madre sobre mí, pero no decía nada. Estaba en completo silencio,  en cambio, en mi cabeza seguían retumbando voces que decían mi nombre. En particular en un momento me pareció escuchar la de mi madre que decía "Agustín, por favor mírame". Y así lo hice pero ella estaba mirando la tele en total concentración. Estaba confundido y abrumado. 
Decidí que quería ir a recostarme un rato por lo que me despedí de mi familia no sin antes preguntarle a mi madre si podía ir a la casa de Federico el sábado a lo que ella respondió que sí. Yo feliz y agradecido por su permiso la fui a abrazar, en el momento que lo hice no pude sentir nada. Nada más aparte de tristeza. Subí  a mi cuarto más abrumado de lo que estaba y me acosté en mi cama. Miré el techo y me pareció ver a mi madre y a Abril mirándome desde arriba. Me daban miradas de tristeza y preocupación, podía escuchar sus miradas, podía escuchar cómo con ellas me llamaban y decían "Agustín".
Decidí que había sido un día largo y necesitaba una siesta. Antes incluso de pensar en dormir me había quedado dormido.

Cayendo por un, ¿heterosexual?. Donde viven las historias. Descúbrelo ahora