IV

49 10 8
                                    

Décimo día del primer mes del invierno, hace 21 años...

Mulán cabalgaba apresurada a la entrada del castillo. Subiendo casi sin pisar los escalones de este, llegó sin aliento al cuarto donde se escuchaban los alaridos de dolor del parto de la reina blanca.

Blancanieves y el príncipe encantador tendrían su primer hijo, y ella tenía el honor de ser la madrina del pequeño o la pequeña. Sin embargo al poder entrar en la habitación, no imagino encontrarse con la imagen que hacía delante de ella.

-¡Mátenlo!¡Saquen a ese monstruo de mi vista y mátenlo!- Grito una Blancanieves sudorosa al lado de su esposo, que estaba paralizado al oír a su mujer, era su bebe del que hablaba asi.

Mulán por su parte miro a su reina sin creer lo que escuchaba. Ella era la que había buscado la ayuda del oscuro para quedar embarazada. Ahora quería matar a esa pequeña e indefensa criatura solo por nacer con el cabello blanco y los ojos rojos. No podía ser donde estaba todo el amor y la bondad que decían que la reina desprendía.

-Mi reina, lo dice enserio....

-¡Quiero a ese monstruo muerto Mulán!- Mientras veía la luna del cazador en lo alto, roja e infundados de miedo la general tomó una desición.

Ella y la ayudante de la comadrona Ingrid salieron de la habitación con la pequeña en brazos. Sus pasos sonaban por los pasillos del castillo mientras se alejaban de la habitación. Momentos más tarde la joven comadrona estaba corriendo por su vida, mientras Mulán se detenía a enfrentar a sus perseguidores.

-¡Vete Ingrid, sacala de aquí!- grito Mulán mientras miraba de reojo a la joven que salió corriendo.

Sin embargo, la joven cayó por el presipicio hacía el río que dividía, el reino blanco del oscuro, el reino de la joven reina malvada. Atravesada por una flecha lanzada por el cazador de Blancanieves. Un misterioso hombre del cual la joven comandante no sabía nada.

-¡¡¡No!!!- Mulán sintió un odio e irá que jamás pensó pudieran venir de ella. Pero al ver al bebé que ella había jurado proteger desaparecer en las aguas teñidas de rojo por el reflejo de la luna sintió su vida borrarse.

Primero no pudo estar con la persona que amaba pues en el reino blanco se concideraba una aberración el que dos personas del mismo sexo estuvieran juntas. Pero lo acepto, pues la vida de un soldado no era muy fácil por las continuas batallas. Además su amada Bella tenía la cabeza en otro lado, o mejor dicho parecía entenderse demasiado bien con el oscuro. Así que hacía un año ellas habían roto, y unos meses después la joven era cortejada por el señor.

Le dolió, pero saber que servía contra la maldad de los reinos oscuros y que su amiga esperaba un bebé del que sería la madrina, la mantuvieron ocupada, hasta 9 meses después. Nunca pensó revelarse contra los reyes blancos, pero había visto más maldad en ellos en este tiempo que en todo los años de reinado de las reinas oscuras. No es que fueran muchos, excepto por Maléfica pero aún así, lo que la rompió completamente fue el hecho de que la mandarán a matar a un bebé, que no había pedido nacer.

Descargo su rabia contra los soldados blancos, que de a poco la empujaban hacia el reino oscuro. El cazador había huido, pero no tenía tiempo de preocuparse por eso, mientras era rodeada por los que antiguamente eran sus soldados...

-Rindase comandante, y regrese para ser enjuiciados por su traición, la reina lo ordena...

-Esa mujer ya no es mi reina...- Dijo Mulán mientras respiraba pesadamente.

-Eso es muy interesante.- La voz de la reina malvada se escuchó detrás de ellos haciéndolos voltear. La reina malvada a lomos de su caballo reina sadicamente para ellos.- Capturenlos, de la mujer me encargo yo.

Caballero OscuroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora