Paris, que irónico.

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Me pase toda la fiesta con la mente dispersa, apenas apreciaba todo lo que se habían esforzado en la fiesta, y no era poco que se pueda decir, pero me preocupaba más que seria lo que ocurriría después de la fiesta, no sabia si contárselo a Dario, el siempre estuvo a mi lado, y éramos rutinas, no sabia si eso era malo lo era lo mejor que me pudiera pasar, lo tenía menos claro que nunca, Hazel siempre fue lo que quería, pero nunca tuve porque no le aguantaba.
Durante la celebración pretendí apartar esos pensamientos para luego, era una fiesta en mi honor y no podía hacer menos que agradecer la disfrutando como nunca.
Era tarde, y el me acompaño a casa.
Estaba con quien quería estar.
Era el.
Me dejó en casa.
Le besé y me dió un vuelco al corazón.
Sonreí.
Sonrió.
Me susurró "te amo, recuerda eso no pueden quitartelo".
Me sonroje.
Y me dio el abrazo mas dulce de mi vida.
                                        [...]
Me desperté, pero seguía con los ojos cerrados, era una sensación agradable, como cuando respiras el aire salado del mar, era relajante, como un suspiro. Estaba tranquila y en paz. Me levanté tranquilamente
Y vi la nota que dejó madre en la nevera, ponía 'hoy salí antes para el trabajo, que tengáis un buen día mis niñas' abrí la nevera y volví a cerrarla confusa tras hacerme una pregunta vital para mi, "¿¡Quien me había acompañado a casa!?" No recordaba la cara de quien había sido, los hechos me habían quedado grabados, pero faltaba el quien, pasara lo que pasara, tenía que encontrarle, tenía claro que, era el.

Sonó mi teléfono, me alarmé más de lo que ya estaba hasta el momento, era mi hermana. Le cogí lo mas rápido que pude. Parecía nerviosa, como si algo grave hubiera pasado, y note un temblor en su voz.
Darío estaba en coma.
Me encontré en un estado de ingenuidad y intranquilidad por mi, más que por el, pensar que perdería al "amor de mi vida" sin saber si era el, por muy egoista que sonara, me aterraba, ¿Como iba a continuar mi vida sin el? Con la gran duda…
Corrí hasta el hospital donde le ingresaron, en su habitación estaba su madre, ya nos conociamos, pero verla fue como por primera vez, tenía los ojos rojos, de tanto llorar, me acerqué a ella y la abracé, no pedí explicaciones, no era el mejor momento, yo aun estaba sin creermelo del todo, pero cuando me quedé a solas en la habitación, le cogí la mano mientras el pulsador se escuchaba de fondo a mis pensamientos, apoyé mi cabeza sobre la camilla, y lloré, lloré como nunca lo hice en mucho tiempo, sabía que Darío saldría de aquello, pero había tomado una decisión muy rastrera, le empecé a hablar:
-Que guapo estas hasta dormido. Suerte que se que estarás bien antes de lo que pueda llegar a esperar ¿no?-se me saltaban las lagrimas- parece como que me estes pidiendo un tiempo para dejar de pensar en todo, no lo sé, pero en verdad es lo que yo necesito... No me despido, porque volveré a ti, no se aun ni cuando ni de que forma, pero volveré, te lo prometo.
Le besé en la frente y note una mueca de tristr, creí que eran ilusiones, pero vi recorrer una lagrima por el rabillo de su ojo derecho. Me destrozó el alma, pero salí de la sala sin mirar atrás. En la puerta eataba Hazel, que me había escuchado, estaba sorprendido, pero no nos dirigimos la palabra, solo me fui con las lagrimas en los ojos, sin saber a donde.
El camino de vuelta no fue lo que se dice sencillo, parecía que todos se pusieron de acuerdo para ponerse en mi camino y preguntarme porque lloraba, solo contesté a Sai e In, las dos únicas personas en las que en ese momento estaba segura que podía confiar. Después de contarles todo me tomé un rato para mi y mis pensamientos, me subí en el primer autobús que vi, y me fui lo más lejos que fui capaz, hasta tal punto que acabé en un pequeño pueblo de las afueras de la cuidad, casualmente con el nombre de la ciudad del amor, que irónico, intento evadirme de cualquier amor para encontrarme a mi misma y acabo en París, un pueblo con el nombre menos adecuado.
Bajé del bus, y empecé a caminar por sus calles, por las calles de París sin apenas fijarme donde pisaba ni hacia donde iba, me paré en una cafetería para tomar un café, y despertarme un poco de paso, apesar de que ya eran las 2 del medio día. Me senté en una mesa de la terraza, con vistas al monte, era agradable oir el piar de los pájaros. Pronto llegó el camarero, pude contar que tenía nos... Seis lunares visibles a primera vista:
-No voy a estar aquí mucho tiempo, se me cansa la mano, ¿vas a pedir algo?
-S... si, un café por favor.
Cuando volvió con el café en la bandeja también traía un poco de helado con chocolate y nata por encima, puso ambas cosas en la mesa y se sentó a mi lado mientras yo miraba en dirección al verde monte, que cada vez me parecía más fantástico.
-Se te va a derretir helado- me dijo sin quitarme la vista de encima, me pareció que medio sonreía.
-No pedí helado.
-Lo sé, pero creo que lo necesitas, te invito yo, tranquila.
-¿De dónde sacas que lo necesito?
-De esa lágrima que te cae por la mejilla- señaló la gota con un dedo, y me la secó- ¿A qué se debe?
-Cuánta atención al cliente.
-Aquí en París todo es con la máxima atención.-sonrió
Empezamos a hablar, de nada en particular, solo decíamos palabras, que al fin y al cabo,me hicieron sentir bien, solo hablamos.
Pasaron las horas y empezó a anochecer, no comimos, se bebió mi café y no tuve la necesidad de beber nada en todo el resto del día que quedaba, me hizo reír, no recuerdo  ya ni de estuvimos hablando todo el rato solo sé, que le esperé cuando terminó de trabajar y me acompañó a la parada del autobús.
- Pues gracias por todo... Eh- le sonreí.
-París, me llamo París.
-Que irónico- y solté una carcajada-Pues gracias, París.
- De nada Akane- me besó la mejilla y se fue sin despedirse.
Me sorprendió que dijera mi nombre, me asusté un poco, en ningún momento le dije como me llamaba, ¿Cómo sabía mi nombre? Aún que la verdad, no pensé mucho en ello, solo pensaba que gracias a París, conocí el auténtico París del pueblo.

Y... ¿Sientes mariposas?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora