Día 7: Junto a la fogata

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Hoy es su último día en Nomoto, la tristeza puede percivirse en el ambiente, pero más sobre dos pequeñas figuras que empacaban sus cosas con sumo pesar.

Los héroes veían con gracia y algo de pena a sus pequeños, no estaban acostumbrados a tanto tiempo en playa y esto les había ilusionado a mares.

Aún que, sabían que tenía un final, pareciera que estaba muy lejos de llegar, pero que ahora, estaba encima de ellos, esperando con tranquilidad para mofarse en sus caras de que había llegado el momento.

Ambos niños voltearon a ver a los adultos para hacerles una pequeña mueca de perrito triste para convencerlos de quedarse un rato más.

Sin embargo, la mirada rojiza de un rubio decía que no cambiarían de opinión ni él ni Izuku.

Trataron de convencer al contrario, pero este, solo negó con pesar.

Fue así que la vuelta a casa fue más silenciosa que una noche, de vez en cuando, el par de héroes podía escuchar como los niños hacían el ruido con la nariz, hipaban o sollozaban.

El héroe de color verde miraba a su esposo al volante para tratar de planear algo por los niños, si bien ninguno se quejaba de regresar a casa, sabían que no estaban satisfechos con volver solo así.

Al menos pudieron hacer alguna actividad antes de irse de Nomoto como prueba de finalización de las vacaciones.

Katsuki, al ver semejantes ojos esmeralda suplicarle por alguna idea o cooperación para la misma, solo rodó los ojos y asintió emocionando al copiloto en el transcurso.

En cuestión de horas, los sonidos de los niños habían cesado, Izuku volteó para asegurarse y al ver a los hermanos dormidos comenzó a idear un plan junto a su esposo.

—¿Te parece parar cerca de la entrada a Tokio? Hay una pequeña zona costera ahí.

—¿Para qué quieres ir? —sonrió con burla—.¿Acaso te vas a volver sirena?

—Triton, Kacchan y no —corrigió, volteo por el retrovisor está vez y miró al rubio con determinación luego de asegurarse que los niños seguían dormidos—. Solo confía en mí.

Katsuki bufó divertido antes de contestar —¿Cuando no lo he hecho?

Izuku solo alzó una ceja y sonrió con sorna ante la pregunta, como respuesta, solo obtuvo un pequeño golpe en su hombro y un común chasquido de lengua.

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Un suave movimiento los ha despertado, se tallan los ojos con algo de flojera antes de identificar que los ligeros ajetreos en sus cuerpos solo eran las manos de su papi oji esmeralda despertandolos.

—¿Ya llegamos? —preguntó el mayor de los niños.

—Hicimos una parada antes, vamos.

Izuku acomodó a los infantes en ambos brazos, que, a diferencia de Katsuki, pareciera que no podría soportar tanto peso, pero que, al ponerles un poco de fuerza, sus músculos se hacían notar tanto como para dudar siquiera que puedan soportar el peso de dos niños de seis y siente años.

Ambos se sujetaban con suavidad a su cuello y él, al notar la soñoliencia en sus miradas, solo depositó un beso en ambas frentes.

Al llegar junto a Katsuki, le ofreció a la pequeña para que le ayudara a cargarla, eventualmente, el héroe no se negó a ello y con sumo cuidado cargó a Eri.

Quién, por reflejo, se sujetó de él y restregó su carita en el hueco entre su cuello y su hombro.

—No te acomodes tanto, mocosa —le dijo mientras sobaba su espalda con dulzura—. Te perderás la despedida.

—¿Despedida? —cuentionó el hijo mayor de los Bakugou, mientras se tallaba los ojos por el sueño, había hecho un gran esfuerzo en levantarse y ahora mismo el mismo sueño le estaba pidiendo a gritos que vuelva a dormir.

—¿No quieren decirle adiós a Nomoto? —añadió Izuku tomando asiento junto con Kota en la poca arena de la costa de Tokio.

Ambos niños miraron al frente y ahí, justo en la lejana parte izquierda de la enorme ciudad, estaba Nomoto, la zona playera que los recibió con gusto y que comenzaba a fundirse con el ocaso del día.

—Es muy bonito —dice la menor de los Bakugou acomodándose entre las piernas de su padre para apreciar mejor el momento.

Katsuki, enternecido, solo acarició los plateado cabellos de su hija, esta, se sonrojó con el contacto, pues su padre no es muy aficionado con las caricias.

—Preparamos una pequeña fogata y compramos algunas golosinas —menciona el peli verde acomodando a Kota en sus piernas para que puedan disfrutar mejor el paisaje y el momento—. Pueden comer un poco y observar la ciudad antes de ir a casa.

Ambos niños miraron al peli verde y de inmediato asintieron con euforia.

Durante dos horas estuvieron platicando, a la vez que contaban cómo les había parecido su semana de descanso, añadiendo sus gustos y disgustos por igual y también qué podrían mejorar para las siguientes vacaciones.

No pasó mucho después, los infantes se quedaron dormidos y el viaje a casa fue bastante relajante, Izuku y Katsuki siguieron con la plática y generaron algunos coqueteos por el camino.

Al llegar a su hogar, pidieron a los niños tomar una ducha y cepillarse los dientes, una vez listo, ambos padres los arroparon y despidieron.

Y con el reloj marcando las ocho de la noche, finalmente los héroes pudieron descansar antes de volver a su rutina.

Su muy ajentreante y amada rutina.

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Fin

Summer Week (DynaDeku)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora