Que Se Sepa Nuestro Amor

153 8 3
                                    

Arthur había salido rápidamente de la sala después de gritarle a Antonio, estaba que golpeaba a quien sea en el acto de lo fastidiado que estaba con la actitud del español.

No podía ser que hubiera alguien tan condenadamente tonto, y en su opinión México seguramente sí merecía mejor que el español, pues estaba dejando mucho que desear para manejar la situación.

Mon lapin, espera.

—¿Qué quieres, Francis? —preguntó molesto.

—Sabes que Antonio no es tan malo, un poco despistado, pero tiene buena intención —dijo el francés caminando junto a él.

—Pues no se nota mucho —farfulló de vuelta.

Ambos se quedaron en silencio y caminaron todo el trayecto fuera del edificio y hacia el hotel, donde tenían la intención de separarse y descansar.

—Voy a pasear por la ciudad, ¿me harías el honor de acompañarme?

Arthur volteó a ver a la nación francesa con sorpresa, pues ahora que tenía la cabeza fría, ambos estando ahí, podía recordar las palabras de Alfred y Alejandro sobre el supuesto amor que este le tenía. Lo que le provocó un leve sonrojó ante la idea de que esa salida fuera una «cita».

¿Qué hacía? ¿Aceptaba la invitación? Si ya conocía como esa rana aprovechaba cualquier descuido suyo para acosarlo. Aunque, en ese momento se veía sincero que dudaba que lo hiciera pasársela mal.

—Sí —y una sonrisa de lo más bella iluminó el rostro de la nación francesa.

Tomó su mano, y lo dejo arrástralo por donde sea que quisiera ir, después de todo, no tenía nada mejor que hacer.

oOo

Antonio se había quedado solo después del ferviente reclamo de Arthur. De hecho, todavía tenía tiempo de sobra, tiempo que usaría para pensar qué quería hacer, pues en su cabeza había sonado como una buena idea el dejar a Alejandro en paz, pero Arthur se había encargado de callar esa voz, en su lugar haciéndolo sentir como el peor de los tontos por tomar esa decisión tan precipitada.

Preguntándose si él era el único que saboteaba sus relaciones desde siempre, cuando estás se ponían difíciles.

Un poco deprimido por esa información, decidió seguir a Gilbert donde sabría que estaría a esa hora después de la tediosa junta. A paso lento se encaminó fuera de la sala, y del edificio para dirigirse al pequeño bar frente al gran edificio. Una vez adentro, pudo ver a Gilbert mirando a la nada con un montón de botellas vacías ya frente a él.

Se sentó junto a él, y fijó la vista donde el otro parecía tenerla, sólo para encontrarse a todas sus ex-colonias junto con Estados Unidos bebiendo con México. Desvió la mirada y se encogió en su sitio para que no lo notaran.

—Es tan lindo, ¿no? —murmuró el prusiano.

—¿Quién? 

—Alfred, claro. ¿Quién más?

El español se sorprendió enormemente por eso, pues no sabía que su amigo estaba interesado en el americano; el amor de Francia a Inglaterra era más obvio y tenía más sentido dada su historia juntos.

—Oh.

—Sí, oh. Dios, ¡qué patético! El asombroso yo no debería estar lamentándose.

—Y... ¿Por qué no hablas con él? —comentó confundido.

—No es tan fácil, ¿Qué le voy a decir?

—¿Que te gusta?

—No seas tonto, Antonio. Así no funcionan las cosas.

Amado mío (Latin Hetalia fanfiction [México x España])Donde viven las historias. Descúbrelo ahora