Capítulo 37: Derrota II

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DERROTA

Segunda parte: ¿Qué dices?

En el capítulo anterior...

-Leilah trabajo personalmente con Jane, solo quiere sacarla de aquí para seguir experimentado, pero el protocolo ya se activó y ahora deberían estar trasladándola a otra instalación

Con una gran sonrisa interna, Valerie vio como John activaba dos haces de luz en sus manos dirigidos a Leilah

-No, no... John, espera- dijo la mujer de cabello lila con algo de miedo en su voz

En el último segundo, alcanzó a huir, pero estaba lo suficiente cerca como para escuchar como Valerie se quejaba por el inmenso dolor de un disparo del láser en la rodilla

-Luego me encargaré de ella- dijo el chico al no ver a la mujer de cabello lila mientras se acercaba a su entrenadora para preguntar -¿Dónde está mi madre?

-VETE A LA MIERDA

-Dime o ambas piernas quedaran igual

-No la encontraras, este siempre fue un juego que no podías ganar, ni siquiera eres un jugador, solo eres solo una maldita pieza

-No quiero más rodeos, dime la verdad

-¿La verdad? Es tan relativa

-¿DÓNDE ESTÁ?

-ANTES MUERTA

-No te daré ese gusto

Y regresamos...

A pesar de que tenía la rodilla destrozada, Valerie se vio obligada a caminar -Esto es humillante

-Sigue caminando- le ordeno John siguiéndola desde atrás apuntando a la pierna que aun servía

-Al menos tengo el consuelo de haber sido yo quien te entreno

-¿Eso es un consuelo para ti? sí que estás loca

-Tal vez, pero no puedes negar que soy una gran profesora. Ya sabes lo que dicen, si el alumno no supera al maestro es por que ninguno de los dos no era bueno- después de esta última frase se recargo en una pared deteniendo su caminar

-No te detengas

-No puedo seguir así

-Entonces te sugiero que te apresures a llegar a la celda de mi madre

-Estamos cerca, solo da vuelta a la izquierda cuando veas una mesa con una cafetera encima y sigue por el pasillo hasta ver la habitación 2-61

-¿Estas mintiendo?

-Sí...- A John no le cayó en gracia su contestación, disparo al hombro que no estaba apoyado contra la pared provocando que ella se mordiera la lengua para evitar gritar, luego la jalo de ese mismo brazo, arrastrándola hasta llegar a la cafetera que menciono antes

-Solo por esta vez, seguiré tus instrucciones- La agente a penas podía tolerar su dolor al caminar, pero, aun así, estaba ganando tiempo para que los científicos sacaran a Jane del edificio

-Habrías sido un gran agente...- comentó con un tono de lamentación -Eres de sangre fría, igual que yo, no dejas que nadie se interponga en tu camino, solo vas por lo que quieres

Esa afirmación hizo mucho ruido en la cabeza del menor, siguió la ruta que ella le había indicado, estaba seguro de que encontraria a su madre, pero al llegar solo vio una puerta abierta, no había nadie

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