Capítulo IV: "La charla"

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Laur siempre le había dicho a su hijo las atrocidades que había causado el antiguo mago Malkim "El Oscuro", el gran poder que había poseído y el terror que le habían tenido los habitantes de Zenda. Pero nunca le contó cómo es que había desaparecido de la faz de la tierra, regresando así la paz y la tranquilidad en los seis reinos. Arguell siempre se preguntó porqué su padre le temía tanto a aquel mago... ¡ya estaba muerto! Pero ahora venía ése desconocido y le decía que había sido un viejo amigo del tal Malkim y que aquel al que todos había temido regresó. O intentaba regresar, al menos. «Puras tonterías» pensó Arguell para sus adentros.

-¿Y usted cree que en algún momento podría volver a recuperar el poder?- le preguntó Arguell a Gemíl.

-Yo pienso que sí, después de todo nunca le sucedió nada en absoluto que justificara su pérdida de poder. Él simplemente desapareció y ya. No veo razón alguna por la cuál no pueda volver a obtenerlo nuevamente.

-¿Y cuándo cree que sucederá eso?

-Podría ser cualquier día, a cualquier hora, en cualquier lugar. Es más, incluso podría estár recuperandolo ahora. Y en cuanto lo haga, no esperará en venír por tí.

-¿Por mí?- se extrañó Arguell- ¿Por qué por mí?

-Opino yo que ya debes saber esto- suspiró Gemíl-. Ya sabes lo que le ocurrió a tus padres, ¿o no?

-Sí...- contestó Arguell, entornando los ojos.

-Bien, pues es una mentira.

-¿Qué quieres decír con eso?

-Tus padres no murieron por culpa de un dragón... bueno, en realidad sí, pero... ése dragón los asesinó por orden de Malkim. Laur tuvo la mala suerte de ver los cadáveres carbonizados de tus padres, y el del suyo propio. Pero no sabía qué ocurrió exactamente, hasta que un antiguo sirviente del castillo, llamado Omrom le relató la espantosa historia con lujo de detalle. Tres días después de la tragedía, cuando Laur apenas había cumplido un día de reinado, iba caminando por las costas del río Ravenger, y se encontró con una pequeña cesta que contenía un precioso bebé, tú Arguell.

-¡Caramba!- exclamó Arguell-. ¿Y tú sabes cómo se llamaban mis padres y si fueron enterrados o algo así?

-Tu padre se llamaba Nouron, y tu madre Helena. Y fueron enterrados juntos, en una tumba sin nombre en el cementerio del reino. Pero será difícil encontrarlos, pues la mayoria de las personas enterradas en el cementerio de Zenda llevan tumbas sin nombre.

-Nouron y Helena...- susurró Arguell. Por un momento, al alzar la mirada para observar nuevamente a los dragones parados en la cueva, los cuales ya estaban bastantes aburridos de oír hablar a Gemíl y Arguell, se dió cuenta de que el odio que había sentido hacia ellos durante aquellos años estaba desapareciendo, pero aunque sabía que había sido Malkim el que dió la orden, fue un dragón el que realizó la tarea.

-Pero ¿por qué Malkim quería matar a mis padres?- preguntó Arguell.

-Por dos razones: la primera fue porque, tiempo atrás, tu padre había hecho fracasar sus planes para dominar Zenda, lo buscó y estuvo a punto de matarlo cuando algo le impidió hacerlo: tu madre. Y es ahí donde viene la segunda razón, pues se había enamorado de ella, pero ella no lo estaba. Se obsesionó, hizo todo lo que tuvo a su alcance para que Helena se fuera con él. Y como no lo logró, intentó usar un hechizo para controlar la mente de tu madre y que se enamorara por la fuerza, pero ella se resistió. Obviamente, tu nacimiento no le hizo ninguna gracia, entonces se infiltró en el castillo, mató al padre de Laur, Andrómaco, lo escondió en un armario de la sala real, usó un hechizo de transformación para así engañar a Omrom y hacer que lleve a tus padres frente a él. Cuando los tuvo en la misma habitación, invocó, suponemos, puesto que no hay ninguna prueba de cómo apareció allí, a un gran dragón para que los matara. Y cuando lo hizo, escapó y nunca se lo volvió a ver... Y eso demuestra, una vez más, el gran poder que poseía Malkim.

-¿Por qué?- preguntó nuevamente Arguell.

-Pues porque, como bien tu sabes, existe una poción transformadora muy simple de hacer, no obstante, Malkim utilizó un hechizo de transformación, algo muy, pero muy complejo, solamente los magos más avanzados y experimentados pueden lograr...

-Bueno, tal vez lo logró porque ya es muy viejo, al igual que usted. Sin ofender...

Gemíl lo fulminó con la mirada y dijo:

-Bien, creo que ya se está haciendo tarde, y los dragones ya quieren dormír. Será mejor que me vaya-. Volvió a gruñir a los dragones que aún tenian cara de aburrimiento, lo cuál llevó a Arguell cómo sabía que esa expresión en los dragones significaba aburrimiento, si no conocía nada acerca de aquella criaturas...

Gemíl dió media vuelta para mirar nuevamente a Arguell, sonrió y dijo antes de desaparecer:

-¡Ah! Casi me olvidaba de decírtelo, eres un domador de dragones...

-¿Qué?- dijo Arguell, pero un fuerte viento sopló en la cueva, y Gemíl ya no estaba.

Ahí estaba Arguell, solo con aquellas bestias. Se quedó mirandolas horrizado unos segundos, y después, sin poder contener el impulso, salió a correr bajando el acantilado.

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⏰ Última actualización: Jan 16, 2022 ⏰

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El domador de dragonesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora