--31/5/2018--
La semana había pasado super rápido, era increíble estar con mis tíos, me consienten un montón y pasar las tardes con Peter es genial, siempre me canta y me enseña sus nuevas canciones.
No me acostumbro a hablar siempre en inglés, aún me cuesta trabajo no meter palabras o comerme otras pero eso solo lo hace divertido.
—Fer cariño, ¿Ya está lista? Se nos hace tarde.
—ya voy, solo me pongo los zapatos.
Baje de la cama atando mis converse negras con cuidado, siempre recordaba a mi mamá cuando lo hacía, ella me enseño a hacerlo cantando algo sobre conejos. La extraño, los tíos son geniales pero no se comparan a ella, ni a sus chistes malos.
El camino en auto fue silencioso, mire por la ventana todo el tiempo; California es muy bonita, es muy calurosa pero todo parece brillar en ella. El aire acondicionado hizo todo mucho más ameno aunque varias veces me viera tentada por bajar la ventanilla y dejar que el caliente aire golpeara mi rostro.
El restaurante también era bonito, nada elegante u ostentosos, solo un restaurante familiar; las paredes parecían pequeños tablones de madera acomodados en forma de zigzag, muchas plantas adornaban el lugar, lamparas colgantes con focos blancos que destellaban con alegría y la barra negra al fondo que le daba un aspecto elegante al lugar.
Un amable chico de cabellos naranjas y preciosos hoyuelos nos atendió, era muy atento y parecía contento, me agradaba. Mi estómago se encogió cuando vi la cantidad de comida mexicana que había en el menú, una sonrisa se formó sobre mis labios decidida por volver a probar una gordita de chicharrón.
Apenas iba a pedir cuando la chica de cabellos morados que atendía una mesa más adelante se desmayó, de un momento a otro su cuerpo cayó al suelo, el chico bonito corrió hacia ella, lágrimas brotaban de sus ojos mientras gritaba una y otra vez que despertara. Mi estómago volvió a encogerse pero esta vez no de felicidad.
La comida no fue buena, después de que aquel chico bonito y la chica de pelo morado se fueran llegó otro mesero, algo grosero y no tan encantador, ni siquiera pude disfrutar de mi gordita.
Al llegar a casa había sido lo mismo de las otras cinco tardes, Peter y yo nos encerramos en su estudio a componer canciones y mis tíos se dedicaban al trabajo.
Las vacaciones acababan de empezar y no me molestaría pasar el resto de ellas de esta forma.
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