Alma Vieja

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Sentados frente a frente,

escuchando los pasos de la gente,

mientras veo las arrugas tatuadas en su cara

y habla como si la muerte extrañara...

Sé que desea la muerte

como la cerveza que en su vaso vierte.


Esperamos los segundos como r
                                                                e
                                                                l
                                                              oj
                                                       de arena

                                  pero el tiempo nos condena.


Estamos, pero no estamos

pues lentamente nos mermamos

con palabras sin sentido

que sigilosamente me dejan dolido.


Los años no enseñan tanto.

Para usted soy un pecador de espanto,

pues lo recita en cientos de versículos

que tengo tatuado en mis folículos

a pesar de mi exigua fe,

que de mis creencias exilié.


Con las palabras se crucifica el alma

y las letras son el clavo de su palma.

Juzga sin ser juzgado

y para ello se queda callado,

pues no es capaz de decir las cosas

que para su fe son odiosas.


No tiene mucho que perder

porque lo único que hace es leer,

aferrándose como electrodo,

pues lo ha perdido todo

y ahora se le ve sumiso

cual par de entes en el paraíso.


Admiremos el crepúsculo a solas

junto con el cantar de las olas,

por los años que no regresan jamás,

por las veces que no nos veremos más...

mientras esperamos que el sol se esfume

como el olor de nuestro perfume.


*En dedicatoria a mi padre. 
Este poema lo escribí meses antes de su muerte.

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