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El primer ministro de Corea del Sur.

Dueño de una fortuna inigualable siquiera a la del presidente actual.

Involucrado también temporalmente en el mando militar, mientras la persona a cargo se recupera.

Pero, fuera de las relaciones sociales que mantiene con actores importantes del estado...

Están sus hijos, rara vez pasa tiempo con ellos. A comparación del mayor de 17 años, ese niño distante y frío, aquel no temía mirar a los ojos de su padre e incluso cuando mando a llamarlo para ver como castigaban a sus hermanos menores ni siquiera pestañeo, en cambio se quedó ahí, quieto, mirando las espaldas sangrantes de sus hermanos.

Incluso la delgada prenda blanca se fue manchando de sangre a tal punto de que posiblemente se romperían.

El sonido del latigazo incluso asusto a los sirvientes que rápidamente se movilizaron evitando mirar horrorizados.

A excepción de Alberu, permaneció con la misma cara indiferente desde el comienzo.

"Si alguna vez te atreves a poner un dedo en mi estudio, la próxima vez no sere nada ligero". Frunciendo las cejas advirtió a ambos.

Con el cinturón usado como látigo se retiro dejando a su par de hijos entrometidos. Y llamando al mayor.

"Alberu". Su voz se mantuvo igual de severa.

El rubio obedeció sin más, un paso detrás de su padre.

El hombre que lidera el camino, siempre fue así, castigando por su mano a quiénes rompían sus reglas, aunque no hace las cosas sin razón, tiene que haber un gran problema de por medio y sabe perfectamente que sus hermanos menores no entenderán a palabras, inclusive en el funeral de sus esposas no derramó ni una sola lágrima, compartieron años de vida e hijos, ¿Cuán cruel es este hombre?

Al frente del escritorio de su padre este le lanzó un portafolio, desconcertado miró a su padre pidiendo explicaciones, no lo dijo sino que sus ojos decían, ¿Qué es?

El hombre mayor rebuscó en el estante lateral y lanzó otro portafolio también negro. Finalmente tomó asiento para hablar. "Te traje aquí porque eres el único apto para encargarse de esto, ábrelos." Su severo tono de voz se suvizo.

Alberu palideció levemente, abrió y cerró el portafolio, esto se relacionaba a su academia pero específicamente a los allegados gemelos, su información e incluso dirección de casa. ¿Por qué su padre investigo sobre ellos?, ¿Son ladrones, espías, asesinos infiltrados o algo así?

"¿Qué pasa con ellos?" La simple pregunta reflejó una mueca en los labios de su padre, oh, maldita sea da miedo.

Como si nada dijo: "Ya que estudian juntos, mantente cerca de los dos, si el par no accede... uno es suficiente."

Frunció el ceño. "¿Dices que forme una amistad con ellos?". En tono burlesco enfatizó "amistad" Ja.

"Por supuesto, tú y Han son buenos amigos, ¿Por qué no dos más?". Viejo zorro, que convincente sonaba.

Fijó sus ojos en la foto de ambos, cabello rojo como la sangre, estaba seguro de haberlo visto en algún lugar.

No importa, las palabras de su padre siempre tienen doble sentido, algo en especial que no soporta.

La intención era clara: usaría a su hijo menor para atraer a esos desconocidos para quién sabe que líos, los tenía en la mira. Aparte de ser humanos vivientes, ¿Qué más valen como para que su codicioso y astuto padre los haya husmeado en su vida?

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