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Año 2016

Narra Lu:

Con Bautista nos habíamos separado por un tiempo, para mejorar nuestra relación y darnos algo de espacio.

Ambos estábamos convencidos de que la distancia podría ayudarnos a valorar lo que teníamos, a sanar heridas y a reconstruir lo que parecía haberse desgastado con los años.

Pero, en el fondo, yo seguía amándolo con todo mi corazón, y sabía que él también me amaba.

Era algo que no necesitábamos decirnos; estaba ahí, en cada mirada, en cada recuerdo compartido.

Nunca nos habíamos sacado ese anillo, símbolo de nuestro amor y de la familia que habíamos construido juntos.

Mientras tanto, nuestros hijos, Benja, Mía y Agus, estaban en la casa de sus primos.

Yo aproveché la tranquilidad para ordenar un poco la casa.

Había algo terapéutico en poner las cosas en su lugar, en limpiar los rincones llenos de polvo y recuerdos.

Sin embargo, una sensación extraña me rondaba el pecho, como si algo estuviera por suceder.

Y entonces, el timbre sonó.

-Voy- grité mientras dejaba lo que estaba haciendo y me dirigía hacia la puerta

Cuando abrí, ahí estaba Bautista.

Nunca lo había visto así.

Su rostro estaba bañado en lágrimas, sus ojos hinchados y rojos.

Algo dentro de mí se rompió al verlo tan vulnerable.

-Hola- dije, tratando de mantener la calma- ¿qué pasa?

-Amor, perdoname- dijo de inmediato mientras tomaba mi rostro entre sus manos

Su voz temblaba, y sus palabras salían atropelladas.

-Sabés que sos la mujer de mi vida y que te amo más que a nadie- dijo

Lo miré confundida, intentando descifrar lo que estaba ocurriendo.

Su desesperación me descolocó.

-Para, Bautista- dije con el ceño fruncido- ¿qué pasa?

Él bajó la mirada por un momento, como si no pudiera sostenerla.

Luego me miró directamente a los ojos y dijo las palabras que jamás pensé escuchar de su boca.

-Me acosté con otra- dijo

El mundo a mi alrededor pareció detenerse.

Sentí como si el suelo se desmoronara bajo mis pies.

Mi corazón latía con fuerza, pero al mismo tiempo parecía haberse detenido.

Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos sin que pudiera controlarlas.

-¿Cómo?- grité, incrédula, mientras las lágrimas seguían cayendo por mi rostro

-Lu- dijo entre sollozos- amor

No podía creer lo que estaba escuchando.

Las palabras resonaban en mi cabeza como un eco interminable.

Lo miré con rabia y dolor.

-Claro- exclamé llorando- por eso me pediste tiempo, ¿no?- pregunté con la voz quebrada- para que te acuestes con cualquier gato barato

-No, amor- respondió rápidamente, negando con la cabeza- no es así

Pero no podía escuchar más excusas.

Chiquititas: una historia a mi maneraHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora