00.- pasos.
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Sakura frunció levemente el ceño antes de dejarse caer en la banca junto a la ventana. La madera crujió apenas bajo su peso, y el murmullo distante del exterior se filtró a través del vidrio, como si el mundo continuara con una normalidad insultante mientras el suyo acababa de desmoronarse.
Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando un punto indefinido frente a ella. Tal vez todo era una mala jugada de su mente, una ilusión provocada por el desconcierto. Sin embargo, la tenue concentración de chakra que comenzaba a arremolinarse en su abdomen era demasiado precisa, demasiado real como para ignorarla. No era su imaginación.
Había vuelto a la vida hacía apenas dos minutos... y ya estaba en problemas.
Cerró los ojos un instante, obligándose a ordenar sus pensamientos. Respiró hondo, demasiado hondo para recordar que realmente estaba viva.
Empecemos desde el inicio.
Los recuerdos llegaban fragmentados, como si fueran piezas sueltas de un rompecabezas maltratado por el tiempo. Aun así, lo esencial estaba ahí. Ella —Sakura Kurayami— había terminado en la cama con su compañero Uchiha.
La antigua Sakura había estado enamorada de él. No era un secreto, ni siquiera para ella misma. Pero ese sentimiento siempre había sido unilateral, condenado desde el principio, porque el Uchiha tenía el corazón puesto en otra persona. Saiko, su compañera de equipo. Y Saiko... Saiko lo correspondía.
Entonces ocurrió la misión.
El recuerdo de la noticia aún dolía. Saiko había resultado gravemente herida, quedando al borde de la muerte. Su estado era crítico, y el tiempo parecía haberse detenido en una espera interminable. Hajime —porque ese era el nombre del Uchiha— se había derrumbado. No quedaba rastro del shinobi firme; solo un joven consumido por la angustia.
Sakura también sufrió. Lo hizo en silencio, como siempre. Porque, aunque amaba a Hajime, también quería a Saiko. Era su amiga más cercana. Su persona más cercana.
Esa noche, ambos buscaron refugio en un bar.
El ambiente estaba cargado de humo, voces ajenas y el tintinear constante de vasos. Un lugar ruidoso, perfecto para no pensar. Sakura bebió más de lo que solía, lo suficiente para que las barreras que había sostenido durante tanto tiempo comenzaran a resquebrajarse.
Fue entonces cuando habló.
Confesó lo que había guardado por tanto tiempo. No con la intención de cambiar nada, sino para liberarse. Admitió sus sentimientos, aceptó su lugar, y aun así lo apoyó. Le dijo que eligiera a Saiko. Que fuera feliz. Que eso bastaba.
Hajime no supo cómo reaccionar.
La sorpresa se mezcló con el alcohol, nublando su juicio. Sus pensamientos se volvieron torpes, difusos. Y en medio de esa confusión, la besó.
Sakura intentó apartarse al principio. Hubo una breve resistencia, una chispa de lucidez que trató de imponerse. Pero fue breve. Demasiado breve. La cercanía, el calor, la necesidad de no sentirse sola... todo se entrelazó hasta derribar cualquier intento de detenerse.
Y entonces, simplemente, sucedió.
La noche avanzó sin que ninguno pusiera límites.
Cuando la conciencia regresó con la crudeza de la mañana siguiente, ambos comprendieron la magnitud de lo ocurrido. No hubo reproches, ni escenas dramáticas. Solo un acuerdo silencioso: fingir que nada había pasado.
Sakura tomó la pastilla del día siguiente. Hizo lo correcto. O al menos, lo que creía que bastaría para borrar aquel error.
Pero claramente, no fue así.
Un suspiro cargado de irritación escapó de sus labios mientras llevaba una mano a la frente, masajeándola con lentitud. El dolor de cabeza era leve, pero constante, como un recordatorio persistente de su situación.
—Debe ser una broma... —murmuró con voz cansada—. ¿Incluso alguien de mi línea tenía que terminar cayendo por un Uchiha?
La ironía le resultaba amarga.
Sus ojos se deslizaron entonces hacia el escritorio, donde una hoja reposaba con una lista cuidadosamente escrita. La observó con recelo, como si aquel papel fuera una amenaza latente.
Sabía, en lo más profundo, que lo que estuviera allí no era trivial. Las decisiones de Kurayami no eran algo que pudiera ignorar sin consecuencias.
Tomó la hoja.
Sus dedos recorrieron los nombres, leyendo en voz baja, casi como un susurro que apenas rompía el silencio de la habitación.
—Momo, Saito, Rantaro, Maki, Mukuro, Jairo, Ryu, Ryusei, Takemichi, Kojiro, Shuichi, Ichiro, Sasaki, Shirou, Hinata...
Continuó, uno tras otro, notando cómo cada opción había sido descartada. Algunas con una simple línea, otras con marcas más firmes, como si hubieran sido rechazadas sin contemplación.
—Natsu, Natsuo, Natsuki, Naoto, Ryuuji, Takashi, Takeshi, Chiaki, Yuji, Megumi, Megumin, Nanami, Ayabi, Ayano, Satoru...
Todos eliminados.
—Yanagi, Seishu, Shinichiro, Kanao, Yuu, Akane, Touya, Akashi...
Nada.
Su agarre se tensó ligeramente alrededor del papel mientras inhalaba profundamente. El aire llenó sus pulmones, pero no logró calmar la inquietud que crecía en su pecho.
Solo quedaban cuatro.
Cuatro nombres.
Y dos de ellos... eran demasiado familiares.
Sus labios se movieron con lentitud, pronunciándolos como si cada sílaba tuviera peso propio.
—Kirei...
—Himiko...
—Shisui...
—Obito...
El silencio que siguió fue denso, casi sofocante.
Sakura bajó la mirada hacia la hoja una vez más, aún sin creerselo y sintiendo cómo una sensación incómoda se asentaba en su estómago.
La mala suerte del Equipo 7 nunca había sido tan impresionante.
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Maldito seas Kami-sama
Fan-FictionSakura se despertó. Esta vez como la madre de Obito Uchiha.
