Maratón 2/2

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" Cuando la sangre llama no hay ningún ruido en el mundo capaz de callarla".

P.O.V Sebastián.

El día que nació aquella pequeña me sentí tan feliz y a la vez tan miserable, aquella niña sin dudas era mi hija, se parecía tanto a mí, tal vez la vida  aquel día quiso darme una lección, no necesitaba estar todo el embarazo de Maia o dormir en las noches junto a su panza para sentir aquel amor que me transmitió esa niña con solo verla.

Los doctores decidieron hacer la operación cuando ella tenía tan solo una semana de nacida y Karen tenía 11 meses, la noche antes de la operación dejaron que solo uno se quedará con cada bebé, yo me quedé con Karen para que Jenni pudiera descansar y quedarse al otro día con ella, y Maia se quedó con Nayla porque la estaba amamantando.

A las 9 de la noche el doctor nos dijo que ya no podíamos darles nada de comer y que solo le diéramos agua hasta las 12 de la noche ya que a primera hora de la mañana las iban a operar, al principio las dos estaban tranquilas pero cuando empezaron a tener hambre ambas comenzaron a llorar mucho, yo tomé en mis brazos a Karen y la arrullé hasta que se quedó dormida pero la pequeña Nayla aún lloraba mucho, dejé a Karen en su cuna cuando ya estaba bien dormida y pase al cubículo donde tenían a Nayla.

— ¿Maia que sucede?.

— Está molesta tiene hambre y no puedo cargarla porque comienzan a botarse mis pechos— ella parecía desesperada al no poder alimentar a la niña, verla así me hizo darme cuenta de lo buena madre que era.

— Hagamos algo Karen ya se durmió ve con ella y yo tratare de que Nayla se duerma— ella pareció dudarlo pero entendía que yo no le iba a hacer daño.

Me acerque hasta su cuna y ella al verme se quedó callada y me miró curiosa e hizo una mueca de sonrisa, que se instalo de inmediato en mi corazón y en mis recuerdos, cargué a mi pequeña porque en ese momento más que en cualquiera sentí a aquella niña mi hija.

La arrullé y le cante hasta que cerró sus ojitos y se durmió aferrada a mi camisa, el sentimiento de culpa me invadió de inmediato y preferí acostarla en su cuna.

— Papá te ama mucho princesa nunca lo olvides, siempre estaré cuidándote desde las sombras, espero que algún día puedas perdonarme ésto— la deje allí dormida y fui a buscar a Maia.

— ¿Ya se durmió?— me preguntó al verme entrar y yo solo le asentí tratando de tragarme aquel nudo en mi garganta.— Está bien iré con ella.

Aquella noche no sé cuántas veces me repetía que era por el bien de las dos, que así me aseguraría que mis dos hijas estarían bien, que Nayla crecería con mucho amor, mientras nosotros buscábamos la manera de lidiar con la enfermedad de Karen y darle mediante eso una infancia feliz a las dos. 

La operación para ambas niñas fue un éxito y esa noche mientras Jenni se quedaba con las niñas yo fui a ver a Angelo y el me esperaba con la mujer más hermosa que allá conocido en mi vida.

— Sebastián te presento a Sonia ella es una Madame y es un regalo para ti, para que cuide de ustedes.

— No tenías porqué hacerlo.

— Ella podrá ayudarte con los negocios mientras estás cuidando de Karen y de Jennifer— Sonia llegó a mi vida en el momento en que más necesitaba ayuda, y aunque nunca pasó nada entre nosotros porque yo amaba mucho a mi esposa y no le fui infiel, mucho menos le falté el respeto ni en el peor momento de nuestra relación, pero siempre hubo esa atracción y picardía con Sonia, tal vez era el hecho de que ella podía ver todo de mí y no me juzgaba como lo hacia Jennifer, o que era la primera mujer que no intentaba destruir mi matrimonio, sinceramente pasaran los años y no sabré que era lo que me atraía tanto hacia ella.

Reina De Sangré  Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora