Capitulo extra 4

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P.O.V Nayla.

El aire en el campo de tiro privado, oculto en las profundidades del sótano de nuestra propiedad, era denso y olía a pólvora fría. Había mandado a Matt con Nataniel a la sala de servidores y a Dani a jugar con Sam. Necesitaba este aislamiento. Para lo que Gemma debía aprender hoy, sus hermanos eran una distracción, un recordatorio de una suavidad que ella no podía permitirse frente a un enemigo.

Gemma estaba de pie, con la espalda recta, sosteniendo una Beretta 9mm con una firmeza que me inquietaba. No temblaba. Sus ojos estaban fijos en el blanco, pero yo sabía que su mente estaba en otra parte.

— Baja el arma, Gemma —dije, mi voz resonando como un látigo en la sala insonorizada.
Ella obedeció, activando el seguro con un clic mecánico antes de girarse hacia mí.

— ¿Hice algo mal? Mi agrupación de disparos fue perfecta.

— Tu técnica es perfecta. Tu mentalidad es el problema —me acerqué a ella, quitándole el arma y poniéndola sobre la mesa—. Estás pensando en proteger a tus hermanos. Estás pensando en que esto es un entrenamiento familiar. Pero ahí fuera, Gemma, no eres "la hermana mayor". Eres el objetivo número uno de la organización criminal más grande del planeta.

Me senté en un taburete alto y le hice una seña para que se sentara frente a mí. Era hora de abrir las cicatrices que Maximiliano y yo habíamos intentado ocultar tras muros de amor familiar y fuerza.

— Tú ves el poder que tenemos ahora, Gemma —comencé, mirando mis manos, las mismas que habían quitado tantas vidas—. Ves la Mafia Griega como la cabeza de una hidra. Ves a los rusos, los japoneses, los estadounidenses y los mexicanos inclinando la cabeza ante tu padre. Pero este trono no se construyó con diplomacia. Se construyó sobre las cenizas de nuestra propia sangre.

Gemma frunció el ceño, detectando el cambio en mi tono. La Madame que todos temen estaba tomando el control de la madre.

— Te voy a contar por qué eres tan desconfiada por naturaleza, aunque no sepas por qué. Está en tu ADN. Tu padre perdió a sus padres y a su pequeña hermana cuando solo tenía dieciséis años.
No fue un accidente de tráfico común, aunque eso le dijeron al mundo o un atentado de sus competidores como le dijeron a los de la organización. Su tío, Mauricio... el hombre que lo abrazó en el funeral, el hombre que terminó de criarlo, fue quien cortó los frenos de esa camioneta.

Gemma palideció. Sus dedos se cerraron en puños sobre sus muslos.

— Mauricio quería el imperio de Massimo. Y no solo eso. Se alió con una mujer que quería mi puesto, la que aspiraba a ser la líder de las Madame, y con un antiguo socio de tu abuelo. Entre los tres tejieron una telaraña tan perfecta que nos tomó años ver los hilos. Esa misma noche, mientras Massimo caía por un barranco y el coche explotaba con su hija pequeña dentro, hombres entraron a mi casa.

Hice una pausa. El recuerdo del olor a hierro de la sangre de mis propios padres todavía me perseguía en las pesadillas.

— Mataron a los padres que me criaron. Mi madre estaba embarazada, Gemma. Tenía un bebé en el vientre, un niño que nunca llegó a respirar. A mí me dejaron por muerta, destrozada físicamente y con el alma rota. Y lo peor no fue el dolor físico. Fue que Mauricio y sus aliados me llevaron a una academia de asesinas y me alimentaron con mentiras. Me dijeron que tu abuelo Sebastián, mi propio padre biológico, había enviado a esos hombres. Pasé años odiando al hombre equivocado, entrenando cada músculo de mi cuerpo para matar al hombre que me dio la vida.

Gemma me miraba con horror. La burbuja de seguridad en la que vivía se estaba rompiendo, pedazo a pedazo.

— Mauricio fue un genio del mal —continué, mi voz volviéndose gélida—. Él nos unió. Me empujó a ser novia de Maximiliano cuando me gradué. Nos observó enamorarnos, nos dio su bendición... todo mientras esperaba el momento justo para que nuestra caída fuera más dolorosa. Maximiliano lo amaba, Gemma. Era su única figura paterna. Imagina lo que fue para tu padre descubrir que el hombre que le enseñó a ser hombre era el asesino de su hermanita.

— ¿Por qué me cuentas esto hoy, mamá? —preguntó ella, con la voz quebrada.

— Porque necesito que entiendas que la traición más letal no viene de un ruso con un rifle o de un yakuza con una katana. Viene de la persona que te sirve el café en la mañana. Viene del que te dice "te quiero" y te abraza cuando lloras. La envidia y la codicia destruyeron mi niñez y quemaron la juventud de tu padre. No voy a permitir que destruyan la tuya por ser ingenua.

Me levanté y caminé hacia ella, tomándole el rostro entre mis manos. Sentí su calor, su vida, y me juré a mí misma que ella sería más fuerte que todos nosotros.

— Hay algo más que debes saber. Algo que tu padre y yo nunca hemos dicho en voz alta frente a ustedes.

Gemma me miró a los ojos, buscando respuestas.

— La hermana pequeña de Maximiliano, la niña que murió quemada en ese barranco por culpa de su propio tío... se llamaba Gemma.

Mi hija soltó un jadeo ahogado. Sus ojos se llenaron de lágrimas que se negó a dejar caer.

— Y el bebé que mi madre llevaba en el vientre, el hermano que me arrebataron antes de conocerlo... se llamaría Matthew.

El silencio en la sala era sepulcral. Se podía escuchar el latido acelerado del corazón de Gemma.

— Les pusimos esos nombres a ustedes porque queríamos que vivieran la vida que ellos no pudieron tener. Queríamos que sus nombres fueran sinónimo de victoria y no de tragedia. Pero llevar esos nombres conlleva una carga, hija mía. Eres el recordatorio viviente de que nuestra familia fue casi exterminada por confiar en las personas equivocadas.
Me alejé un paso, recuperando mi postura de Madame.

— De ahora en adelante, tu entrenamiento será sola. Te voy a enseñar a leer las sombras en las sonrisas. Te voy a enseñar a verificar cada información tres veces. Aislada de tus hermanos, porque si ellos son tu debilidad, te usarán para llegar a ellos. Tienes que ser un pilar tan frío y desconfiado que nadie, ni siquiera un "tío Mauricio" moderno, se atreva a intentar tejer una red a tu alrededor.
Gemma se puso de pie. Ya no era la niña que se aburría en la oficina de su padre. Había algo nuevo en su mirada: una sombra, un acero que solo nace del dolor compartido.

— Entiendo, mamá —dijo ella, y su voz ya no temblaba—. No dejaré que sus nombres vuelvan a ser una tragedia. Si tengo que ser la mujer más desconfiada del mundo para que Matt y Dani estén a salvo, lo seré.

La miré con una mezcla de orgullo y una tristeza infinita. Había cumplido mi objetivo. Había creado a una líder. Pero al hacerlo, le había quitado un trozo de su alma. Ese es el precio de nuestro mundo. Ese es el costo de ser parte de todo esto.

— Bien —dije, señalando de nuevo el arma—. Cárgala. Esta vez, el blanco no es un papel. Imagina que el blanco es alguien en quien confías, y que te acaba de decir una mentira. Dispara al corazón.

Gemma cargó el arma. El sonido metálico fue el único adiós a su infancia.

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⏰ Última actualización: Jan 31 ⏰

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