Recién comienza

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Pasaron algunos días desde aquel encuentro con Hajime, nuestros encuentros se basaban solo en comidas y cenas juntos dónde ninguno de los dos le dirigía una sola palabra al otro.

El dejaba la casa desde temprano, siempre estaba pegado a esa laptop o contando fajos de billetes, aunque me costara aceptarlo se veía jodidamente sensual, ¿a quién engaño? Realmente no me costaba aceptarlo, me negaba a creer que me sentía atraída por el.

Llevaba tres semanas sin ir a trabajar, si de algo estaba segura era de que ya no tenía trabajo.

Aunque no pasaba más de tres horas al día con Hajime comenzaba a sentirme mejor cuando estaba el, la casa no era para nada pequeña, la señora de la limpieza no cruzaba palabra conmigo a menos de que le preguntará algo directamente.

Luego de levantarme tome una ducha y coloqué mi ropa interior, fui directo al closet con la intención de buscar algo de ropa para bajar a desayunar, suspiré sin poder creerlo, lo cerré decidida a bajar a buscar a  la mucama.

Salí en ropa interior de la que ahora era mi habitación, recorrí la casa durante unos minutos en busca de la mujer, ella se encontraba saliendo de una habitación diferente a las demás, el marco de la puerta era de un color rojo intenso y la puerta de un color vino con leves detalles dorados. La mujer de mediana edad dió un leve salto sorprendida de mi presencia.

—Lamento asustarla, solo venía a preguntar por mi ropa —dije un poco incómoda por la situación, me golpeé mentalmente por no pensar antes en ponerme una sábana encima.

—La que lo lamenta soy yo señorita, el señor me pidió muy temprano que lavara todo a excepción de la ropa interior. Aproximadamente en una hora su ropa estará lista —ahora todo tenía sentido.

—Gracias, permiso —dije antes de correr de nuevo a mi habitación.

Luego de cerrar la puerta me tumbe en la cama boca abajo, con un extraño movimiento cubrí la mitad de mi cuerpo con la delgada sábana de seda, cerré los ojos con la intención de dormir en lo que tenía algo que ponerme. Mi estómago rugía de hambre pero tan solo imaginarme desayunando con una sábana encima me daba vergüenza, no más de la que ya había pasado pero esa si la podía evitar.

Mis ojos se sentían pesados, constantemente pasaba la noche despierta, me costaba dormir, debido a los turnos en el hospital mi cuerpo se acostumbro a dormir durante el día, podía dormir en la noche pero necesitaba estar muy cansada, de lo contrario dormiría diez minutos cada dos horas.

Escuché el seguro de la puerta abrirse, no tome importancia dejándome llevar por el sueño de una vez, una respiración se hizo presente, el estaba aquí, muy probablemente pensando que estaba durmiendo.

—_____ eres realmente interesante —un susurro lleno el silencio, sus pasos se acercaban cada vez más a la cama.

—Quiero tocarte... deseo tocarte —apenas fueron audibles sus palabras, mi corazón se aceleró, dejaba de poder controlarme, las yemas de sus dedos acariciaron arriba de mi tobillo con suavidad.

Comenzó a rozar levemente mi piel trazando un camino invisible hasta el interior de mis muslos. Mi respiración se hizo pesada, el peso en la cama me indico que su cuerpo estaba encima de mi, mi cuerpo quedó bajo el suyo, su respiración rozo mi nuca.

—Se que estas despierta, pensé que la prestigiosa doctora se negaría a ser tocada en ropa interior por alguien que realmente no conoce —su mano subió al broche de mi sujetador, lo desabrochó con agilidad.

—Dime que no quieres que te toque, dime qué quieres que me detenga.

Al paso que iba mi voz de nuevo me había abandonado. La mano de desabrochó mi sujetar bajo a mis bragas, sus dedos rozaron mi intimidad sobre la tela, un suspiro involuntario dejo mis labios, se levantó dejándome sola de nuevo, parecía estar haciéndose costumbre dejarme sobrepensando.

El abandono la habitación como hizo unas semanas atrás, cuando casi me besa...

Deseé ser tocada por el, sus manos sobre mi cuerpo mientras ambos gemimos por el placer, los fuertes embates que da contra mis nalgas.

𝙳𝚎𝚞𝚍𝚊 - 𝙷𝚊𝚓𝚒𝚖𝚎 𝙺𝚘𝚔𝚘𝚗𝚘𝚒Donde viven las historias. Descúbrelo ahora