A decir verdad, el camino hasta la pizzería se me hizo eterno, y no hacía más que buscar una excusa para poder irme a casa cuanto antes sin tener que arrastrar a Marie a hacerlo.
La imagen de Liam y esa chica no se iba en ningún momento de mi cabeza.
En mi mente yo ocupaba el lugar de ella; Liam me tenía apoyada en la pared, sus manos se paseaban por mis caderas y sonreía mientras rozaba mi nariz con la suya, a punto de besarme, pero de nuevo recordaba que no era yo quien estaba ahí y no podía evitar que los celos se apoderasen de mí, aunque no lo demostraba.
—Liam. —La voz de Marie me devolvió a la vida real.
—¿Sí? —Él la miraba mientras tomábamos asiento en la mesa de la pizzería.
—¿Quién era la chica que estaba contigo en el pasillo?
De repente el miedo se apoderó de mi cuerpo y comencé a morderme las uñas, manía de la que me tengo que deshacer. Harry notó en mí la tensión y me miraba preocupado. Mis ojos entraron en contacto con los suyos, y negué, queriendo quitarle plomo al asunto.
—Es... Bueno, no sé cómo decirlo. —Miré a Liam, que se rascaba la nuca, nervioso y sonrojado.
—¿Alguien especial? —Insistió Marie.
—Supongo. —Soltó una risita nerviosa y yo noté como se me cayó el alma al suelo.
No sabía, no entendía cómo le estaba dando tanta importancia a una persona que hace apenas dos días que me conoce. Pero el dolor persistía en mi pecho.
—¿Alguien especial? Oh, venga ya. —Intervino Harry, quizá ayudándome a levantar cabeza.
—¿Qué tiene de malo? —Protestó Liam, defendiendo a su amiguita.
—Pues que ni siquiera te quiere, y cuando no está contigo, está con otro.
—Cállate. —Bufó, y se creó un ambiente demasiado tenso entre ellos.
La camarera, una chica pelirroja bastante mona, vino y nos tomó nota. Me sorprendió que, a diferencia de Marie y yo, que pedimos una pizza mediana para ambas, Niall pidiera una grande para él solo, diciendo después que quizá, si se quedaba con hambre, pediría una hamburguesa.
—Entonces una mediana mitad jamón y queso, mitad barbacoa para las chicas, —nos miró y asentimos —una mediana entera de barbacoa para vosotros dos —dijo mirando a Harry y a Liam —y una grande de barbacoa, jamón y queso y de pollo para ti. —Acabó, mirando a Niall.
—Y tu número, ¿podría ser? —Preguntó Niall con una sonrisa seductora, echándose el pelo hacia atrás. La camarera soltó una risita coqueta, asintió y se fue de lo más alegre hasta la cocina para comunicar el pedido.
Marie y yo reímos y miramos a Niall, él se frotaba las uñas en la camiseta con cierto aire de chulería, luego rió con nosotras.
Harry y Liam seguían con esa tensión entre ellos, y les miré preocupada.
—Quizá no te convenga esa chica, Liam. —Comencé a hablar. —Ya sabes, si está con uno y con otro quizá no merezca la pena... De nada sirve intentar demostrar algo a alguien que no hace nada por ti.
—Tú no sabes nada, así que quizá deberías cerrar la boca. —Me espetó y le miré, incrédula. Fruncí el ceño y bajé la mirada hasta mis pies.
A lo mejor no tendría por qué haberle dicho eso, pero de ningún modo él debería haberme hablado de esa manera.
Para cuando fuimos a pagar, Niall se comió su pizza y la mitad de mi parte, yo no tenía demasiado apetito después de cómo me trató Liam media hora antes. Salimos del local. Niall meneaba una servilleta con el número de la camarera, victorioso, y Harry le daba la enhorabuena dándole palmaditas en la espalda. Liam parecía estar más calmado con todos. Marie y yo caminábamos más atrás, solas, hasta que Harry vino con nosotras y pasó un brazo por los hombros de Marie imitando la seducción que Niall usó con la camarera.
Les miré de reojo, Marie como un tomate y Harry hecho un flan, notablemente nervioso.
Acabamos sentados en los bancos de un parque, al lado de una fuente preciosa. Niall había sacado un balón de fútbol que, según dijo Liam a Marie, siempre llevaba en la mochila, y estaba jugando con Harry.
De algún modo acabaron sin camiseta por el sudor, a Marie le llegaba el pequeño río de baba al suelo y no podía quitarle la vista de encima a los tatuajes de Harry. Niall, por el contrario, no tenía nada tatuado, y sentí curiosidad por saber si Liam llevaba algo en su piel, pero no quise mirarle.
Mi mejor amiga se animó y fue a jugar con los chicos, no sin antes hacerme prometerle que estaría bien.
—Bel... —Dijo Liam casi en un hilo de voz.
—¿Sí? —Respondí, sin quitar la vista de los chicos jugando, aunque no me importaba mucho.
—Siento haberme puesto así antes.
—Siento haberme preocupado por ti. —Contraataqué.
—Joder, no... No es eso... Es sólo que esa chica, Kimberly, me gusta demasiado, me vuelve loco, y me niego a aceptar que juega conmigo... Yo sólo quiero que me mire a mí del mismo modo que yo la miro a ella.
Clavé las uñas en mis piernas intentando reprimir el llanto.
De reojo vi que Liam me miraba, agobiado, y no dejaba de tocarse el pelo.
—No te merece. —Puse fin a nuestra pequeña conversación con esa frase.
Cogí mi móvil para distraerme y vi que tenía un mensaje de Susanne;
Susanne: Cariño, ¿me harías un favor?
Bel: Siento tardar, es que tengo el móvil en silencio. Dime.
Susanne: No te preocupes. Mark e Ithan están en casa del hijo de Helena y no puedo ir a recogerlos más tarde, ¿podrías ir tú a por ellos a las 20:00?
Bel: Sí, claro. Sin problema.
Susanne: Gracias, corazón.
Helena era una mujer muy dulce y siempre me invitaba a tomar un poco de tarta de chocolate que ella misma hacía cuando iba a recoger a los gemelos, y si era Susanne la que iba, Helena le dejaba un trozo de tarta para que me lo diese al llegar a casa, sabe que me encantan todos sus postres.
A las ocho menos cuarto decidimos ir cada uno a casa, Liam y yo no habíamos vuelto a hablar más, Niall se había ido antes para quedar con la chica del restaurante y la relación de Harry y Marie iba a pasos agigantados y ellos parecían muy felices de que así fuese.
Liam y yo nos despedimos con la mano, Harry besó la mejilla de Marie con timidez, se veían genial juntos. Comenzamos a caminar en direcciones opuestas, Marie me iba a acompañar a recoger a mis hermanastros y luego cenaría en mi casa.
Al llegar a la casa de Helena, cuando la puerta se abrió y Mark e Ithan salieron corriendo en cuanto me vieron, y me abrazaron con fuerza. Luego fueron hacia Marie y se la comieron a besos. Dylan, el hijo de Helena, miraba con timidez hacia nuestra dirección y le saludé con la mano.
—Hola, Bel. Me alegra volver a verte. —Me dijo con dulzura.
—Hola, Helena. Lo mismo digo, siempre es un placer hablar contigo. —Le sonreí. —¿Se han portado bien?
—Oh sí, siempre lo hacen. Me encanta tenerles en casa, ayudan mucho a Dylan a tener más relación con los demás niños.
—Eso es genial.
Poco después, tras oír cien veces a Helena disculparse porque no había hecho su famosa tarta de chocolate, comenzamos a caminar hacia casa.
Cenamos, vinieron a recoger a Marie y subí a ducharme.
Pensaba que iba a ser un gran día, pero vi que me equivoqué, que el cielo no estuvo tan despejado como me hubiese gustado.
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WARRIOR. || Liam Payne. ||
De Todo"La muerte de mi madre tras aquél accidente de tráfico hace siete años dejó una profunda brecha en mi día a día. Mi padre también ha sufrido mucho por ello, aunque ahora rehace su vida con Susanne, una mujer canadiense de treinta y nueve años, y pro...
