Capítulo 1.

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"—¿Lo pasaste bien con los abuelos, cariño? —Mi madre me miraba por el retrovisor a la vez que me preguntaba.
—¡Sí! Pero el primo Bob no me dejaba estar en la piscina tranquila, mami. ¡Es un tonto! —Le contesté, hinchando los mofletes y cruzándome de brazos. Bob es mi primo mayor, y nunca me dejaba de molestar.

Bueno, la verdad es que Bob nunca ha sido muy inteligente. —Intervino mi padre sin dejar de prestar atención a la carretera.

¡Jacob, es tu sobrino! —Exclamó mi madre.

Y yo su tío, y siempre me anda diciendo que cada vez tengo menos pelo en la cabeza. ¿Verdad, Bel? Papi se está quedando calvorota. —Ahora era él quien me miraba por el retrovisor, eso hizo que una risa saliese de mis labios.

De repente oscuridad. El sonido de un fuerte choque, los cristales rotos por todos lados, la sangre hacía un canal desde el asiento de copiloto, donde iba mi madre, hasta el suelo, y seguía casi medio metro más. Instantáneamente el sonido de coches patrullas y ambulancias, y un nudo me oprimía el pecho, no me dejaba llorar ni gritar para pedir ayuda."

Y abrí los ojos, sentándome en la cama, notando la humedad de mis lágrimas bajar por mis mejillas. Algunas seguían su recorrido por el cuello, otras simplemente caían sobre mi pantalón.

Miré la hora. 4:37. Otra vez la misma pesadilla que se repite constantemente, que no me deja dormir tranquila y me recuerda que mi madre ya no está a mi lado.

Intenté seguir durmiendo, pero mi cabeza estaba demasiado concentrada en recordar lo que pasó ese siete de julio de hace siete años.

Me volví a sentar, puse los pies en el frío suelo de madera y busqué a ciegas mis zapatillas, y me las puse. Encendí la luz desde el interruptor que tenía justo encima de la mesita de noche y salí de mi habitación para bajar las escaleras e ir a la cocina con intención de hacerme un cola-cao.

Para mi sorpresa, el bote estaba vacío e imaginé que habían sido los gemelos; realmente adoraban el cola-cao.

Me conformé con un vaso de leche con azúcar y unas galletas de chocolate que Susanne días atrás compró para mí, pero acabé dándoselas a los niños y sólo quedaba un paquete de cuatro, suficiente para una noche en vela.

No sé cómo pero me dormí, y cuando me desperté, la pantalla azul del televisor marcaba las 7:00 de la mañana, y la alarma de mi móvil sonaba sobre la mesita de noche de mi habitación. Justo a tiempo.

Subí a mi cuarto, el cuál había abandonado horas atrás por esa insensible pesadilla.

Abrí mi armario y me dispuse a elegir la ropa de aquel día, lunes por cierto.

-Sudadera gris con la marca Obey roja en el centro.

-Camiseta blanca de tirantas, estilo "nadadora".

-Pantalón negro, largo y algo ajustado.

-Converse rojas.

Del primer cajón de mi cómoda saqué mi ropa interior, no tenía estampado ni lacitos ni nada, si total, no iba a ir enseñando nada por la calle.

Enchufé mis planchas del pelo para que se fuesen calentando en lo que yo me vestía, y tras hacerlo repasé cada mechón de mi cabello con ellas, las apagué y las dejé enfriándose.

Una última entrada al baño para lavarme los dientes, aquella mañana no me apetecía desayunar, y lista para el infierno. Quiero decir, instituto.

Cuando bajé con mi mochila a cuestas y mi móvil entre las manos, Susanne ya me esperaba en la puerta con Mark, el gemelo menor. Seguro que Ithan, su hermano, aún estaba ganduleando por la casa con algún juguete, metido en su mundo.

El pequeño llegó corriendo hasta nosotros, con una enorme sonrisa en sus labios y gritando constantemente "¡al cole, al cole!".

Le miré, preguntándome a qué clase de persona le gustaba tanto madrugar un lunes para ir al colegio, y en él encontré la respuesta.

Una vez en el coche, los ojos miel de ambos se clavaban en mí, ya que yo iba en medio de ellos dos atrás, Susanne conducía y mi padre iba de copiloto.

—Eh Bel, ¿por qué te gustan tanto esos zapatos rojos? —Preguntó Ithan con curiosidad.

—¿Es tu color favorito, Bel? -Intervino Mark antes de que pudiera contestar a Ithan.

—Bueno, —comencé. —¿No creéis que el color rojo es un color bonito?

—Sí, ¡pero el amarillo es más guay! —Dijo Mark con energía.

—No, ¡el verde es mejor! —Protestó Ithan, y así comenzó una guerra incansable por ver qué color "molaba" más.

Pocos minutos después me soltaron en el instituto. Fue una tarea difícil, como cada mañana, tener que pasar casi por encima de Ithan para salir del coche, pero lo conseguí.

En el gran portón me esperaba Marie, mi mejor amiga desde los tres años. Desde hace unos días atrás, su pelo cambió. Antes era oscuro, pero ahora unas californianas rojas adornaban desde casi la mitad hasta las puntas, y la verdad, no le quedaba nada mal.

—¡Buenos días! —Me dio un abrazo mientras me saludaba, tan enérgica como siempre.

—Buenos días, ¿qué tal el finde?

—Bastante bien, estuve con mis padres, unos amigos suyos y mi hermana de camping el sábado, el viernes y el domingo estuve estudiando Ética. ¿Qué tal tú?

—Sin más, estudiar estudiar y estudiar, ya lo sabes. —Suspiré pesadamente.

—Pues anima esa cara, me tienes que animar para exponer mi proyecto de Astronomía.

Entre risas, y tonterías varias, fuimos a clase. El profesor aún no había llegado, de modo que salí al pasillo. De la clase de al lado salió un chico que posiblemente me sacaba una cabeza. Vestía con un pantalón vaquero gris que, o se le caía, o le gustaba llevar por el culo, una camiseta blanca de la cual no distinguía las mangas porque su chaqueta de cuero desabrochada las tapaba, una camisa vaquera sobre la camiseta, también desabrochada, y unas zapatillas Vans negras.

Era bastante guapo, no lo voy a negar. Tenía una manchita de nacimiento en el cuello y estaba rapado por los lados, y por arriba lo tenía no muy largo. Sus ojos marrones se posaron en mí. Me ponía nerviosa que la gente me mirara, así que sin saber muy bien por qué, le sonreí, y él me sonrió también. Y pude ver la sonrisa más bonita jamás vista en kilómetros.

WARRIOR. || Liam Payne. ||Donde viven las historias. Descúbrelo ahora