하나

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-¿Puedes levantar tu sucio trasero de la cama?- pregunto su madre gritándole con fuerza mientras le lanzaba una de sus almohadas en la cabeza.

Cualquiera que viera la escena pensaría que eran hermanas. Su madre de rostro dulce y joven llevaba una expresión llena de enojo que te hacía sentir la necesidad de pincharle las mejillas para que se enojara más. Su cabello corto y rizado bailaba con cada movimiento brusco que hacia mientras volvía a golpear a su hija con la almohada esta vez tomando el borde de las sabanas que la envolvía lanzándolas hacia el suelo.

-¡Mamá!- grito una de sus hijas menores quien entraba por la puerta intentando que la guerra entre ellas se detuviera. Pero su madre no se detuvo y continuo con la agresiva administración de amor hacia su hija mayor golpeándole esta vez con la palma de la mano abierta, está levantándose con un grito ante el dolor en la parte golpeada.

-¡Ya estoy despierta!- grito la hija, su rostro cubierto por las hebras risadas de cabello que aun caía sobre su rostro.

La risa ligera de su hermana menor llamo la atención de ambas mujeres quien la observaban con seriedad ella quedándose en silencio con rapidez.

-Vas a llegar tarde- comento la menor antes de darse media vuelta y darle una última mirada a su madre quien se volteaba de nuevo hacia su hija mayor.

-Necesito que estas al pendiente de las niñas.- comenta su madre también dirigiéndose hacia la puerta en el lugar donde al esperaba una maleta de vieja.- Estaré afuera por dos meses. Enviare dinero cada semana por lo que no tienes escusa. Cuida a las niñas.-

La hija mayor se queda estupefacta por unos segundos mientras dejaba que las palabras de su madre se filtraran en su cerebro y poder darse cuenta de lo que sucedía. Cuando por fin supo lo que pasaba se levantó de golpe corriendo escaleras abajo donde se encontraban el resto de sus hermanas despidiéndose de su madre con un beso en la mejilla y diciendo los te amos que su madre necesitaba.

Bajo la velocidad de sus pasos deteniéndose justo delante de su madre bajando la mirada un poco ante su diferencia de estatura. Sonriendo ante aquello recordó que su madre siempre le sacaba en cara aquello. Ella había sacado la hermosura de su padre al igual que la altura por lo que siempre le hacía feliz despedirse de ella al final, era como ver al hombre que amo durante el tiempo que duro con vida junto a ella en el cuerpo de su hija.

-Te amo- dijo la hija llevando sus manos alrededor del cuello de su madre, dejando que su rostro cayera en el cuello de esta.- Te extrañaremos mucho.-

-Lose- contesto su madre palmeando levemente la espalda de su hija.- Más vale que no hagan fiestas mientras no estoy. Y recuerda las citas del médico de las chicas y las terapias de Mel…

-Mamá solo vete.- espeto la mayor alejándose de su madre colocando las manos en su hombro y obligándola a salir por la puerta delantera con un pequeño empujón.

Con una sonrisa en las caras de cada una su madre se dio media vuelta en dirección a su auto dejando su maleta en el asiento trasero para luego dirigirse al haciendo del conductor abriendo la puerta con rapidez y lanzarse adentro. Encendiendo el auto volvió a mirar hacia la puerta de su casa donde se encontraban sus diez amores, los mejores regalos que el amor de su vida pudo haberle dado. Sonriendo por última vez y lanzarle besos a cada una puso su auto en marcha despareciendo en el camino y dejándolas solas en su casa.

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La noche había caído y las tres mayores se encontraban corriendo de lado a lado limpiando el desastre que el resto de las niñas habían ocasionado las cuales se encontraban acostadas en una sola habitación al haber querido hacer una pijamada ya que su madre no se los permitía cuando estaba en casa. Las risas habían acabado apenas unos treinta minutos atrás por lo que las chicas supieron que se habían quedado dormidas.

EXOdus: El despertar de las leyendas.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora