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–¿En serio me harás esto amigo? Amarrarme no es algo que disfrute– forcejeo con el nudo que mantenía sus manos detrás de la silla, pero entre más hacia movimiento la soga ardía por estar bañada de esa cosa.

–¿Lo dices en serio? No lo sabía– siguió limpiando su cuchilla con su trapo blanco que tenía manchas rojas.

–Te vinimos a buscar Stiles, no puedes hacer esto.

–¿Me vinieron a buscar?– cerró su mano en la cuchilla– ¿Apenas?

–¿Qué quieres decir?

Stiles golpeó su palma contra la mesa– ¡A nada Scott! ¡Todo está perfecto aquí!– levantó las manos en gloria– Ustedes son los que no encajan para nada.

Scott se sorprendió de la mirada intensa y atemorizante de su amigo, esa mirada no era de Stiles. No había ni un pequeño brillo, todo era oscuridad y venganza en aquellos ojos que antes eran inocentes.

–Oh amigo...tú si que te serviste en bandeja de plata solo– le apunto con el filo de la cuchilla.

–¿Acaso hay algún motivo para que hagas esto?– cuestionó. Stiles le miro de lado, pensando en su pregunta por unos segundos que a Scott le molestaban de alguna manera. Y es que su amigo nunca tardaba en responder. O eso era antes.

–No sé, tú dime Scott– el latino estaba por preguntar algo cuando escucho a lo lejos los pasos corriendo– Noto que ya lo encontró– sonrió dejando la cuchilla en la mesa para recargarse en esa con sus palmas.

–¡¿Por qué Liam? Él no te a hecho nada Stiles!– forcejeo más fuerte al escuchar la respiración acelerada de su amigo en el bosque corriendo directo dónde estaban. Aparte de sus pasos escuchaba otros detrás de él, lo estaban cazando.

–Lo sé idiota– en segundos por la entrada apareció un Liam jadeando mirando atrás, no se dió cuenta de dónde había llegado por estar al pendiente que se tropezó con la silla donde Scott se encontraba sentado, los dos cayeron al suelo y Liam se cubrió la cara.

–¡Ahhh!– Stiles que miraba recargado en la mesa sonrió divertido al ve al hombre asustado.

Al parecer no a cambiado nada de él, vaya alegría. Por lo menos uno de nosotros sigue siendo como antes. Pequeño Liam.

–Quieto Kobat– ordenó al lobo que iba entrando, al escucharlo se sentó frente a los dos invitados jadeando– Eres un buen chico.

Liam bajo sus manos al escuchar esa voz inconfundible, giro atrás.

–¡Stiles!– nombró feliz con una sonrisa.

El castaño levantó su mano– Bienvenido a Beacon, Liam.

–Gracias– respondió, frunció su ceño y le volvió a mirar– ¿Es tuyo?– señaló al lobo que le miraba atentamente.

–Así es.

–Oh, ¿Y por qué me estaba persiguiendo?

–Por nada– se enderezó para ir hasta una esquina y sacar de un pequeño refrigerador un gran filete crudo. Que Kobat estuviera sin comer mucho tiempo le abría mucho el apetito y el sentido de caza– Atrapalo.

El lobo brinco en el momento que el filete voló por el aire, al tenerlo en sus fauces lo mordió tan fuerte que lo partió a la mitad, Liam paso saliva al verlo. ¡Ese lobo pudo matarlo fácilmente allá afuera!

–Ahora, ¿Dónde están los demás?

–Ellos es...

–No respondas Liam– ordenó Scott al beta que le miro confundido. Tenían a Stiles en frente, ¿Por qué no le dirían dónde estaban los demás? Aún así hizo lo que ordenó.

–Esta bien– se encogió de hombros.

–Jefe– el nombrado volteo a la entrada donde seis chicos estaban de pie, uno de ellos empujando de un hombre de cabello negro, ropa de deporte y sangre seca en su camisa– Lo encontramos.

–El que se escapó de ustedes– asintió para él– Ya saben dónde amarrarlo. Con un "si" hicieron lo que dijo.

–Ya estamos vigilando fuera de dónde se encuentra Fransis, Albert dijo que le dijera nuestra ubicación.

–Bien, vayan y tengan cuidado chicos, si necesitan que este allá ya saben por dónde contactarme.

–Si– volvieron a correr fuera luego de ver a los otros dos que estaba aún en el suelo observando la interacción de los cinco con el castaño.

El hombre que se encontraba amarrado en una barra de metal se pego más al ver como el castaño se acercaba a él.

–Te dije que solo tenías tres meses Will– le recordó cruzándose de brazos.

–¡Y-yo te pagaré, solo dame más ti-tiempo!– pidió apresurado.

–Paso un año y en vez de darme la cara te escondiste, ¿Cómo puedo darte más tiempo si haces eso?– le pregunto.

–¡Una semana! Solo una semana, por favor– rogó asustado al ver atrás y encontrar al conocido lobo del demonio comer un gran filete que estaba regado en pedazos. Muchas historias había escuchado de ese animal y ninguna le gustaba.

–Una semana– apretó sus labios y nego– No creo.

El hombre empezó a sudar frío al ver como iba por algo a la mesa y regresaba, forcejeo la cadena provocando que gritara por el dolor que eso le provocaba en sus muñecas.

La desesperación en su rostro hizo que los otros dos abrieran los ojos, Scott le susurro algo al castaño y este movió sus manos detrás de la silla, pero se detuvo al tener la mirada del lobo en ellos, pasaba su larga lengua por los lados de su hocico como si se estuviera preparando para el postre. Y eso asusto a los dos. Ese animal no parecía un simple lobo corriente.

–Puedo darte una semana, pero eso significa que serían...– contó sus dedos– Siete días, ¿Siete dedos de las manos, los pies o prefieres otras partes?– inclinó su cabeza con una sonrisa tranquila. Cómo si lo que dijo no fuera algo de que asustarse.

–¿Si...siete partes?– susurro temeroso.

–Así es, ¿Cuáles quieres?

Sus ojos miraron a los chicos de atrás, buscando ayuda en ellos.

–No los mires a ellos Will, el que perderá las partes eres tú. Así que toma una decisión rápida o yo las elegiré.

Al ver la poca paciencia en su rostro empezó a llorar, aún siendo un hombre de 28 años lloro como nunca. 

–Llorar no te salvará– suspiro molesto. Era un adulto y lloraba, por dios. No le pudo tocar mejor hombre.

–Po-por favor– siguió rogando.

El latino pensó por un momento que su amigo estaba bromeando con el hombre, pero toda duda desapareció al no captar ningún salto de su pulso, iba muy en serio. Y lo confirmó cuando el hombre levantó los dedos y Stiles no dudo en cortar dos de los dedos, haciendo gritar al hombre tirado en el suelo, gritando y llorando en agonía, rogando en su cabeza de que el momento pasara rápido.

–¡Stiles!– le llamo desesperado.

Ese no era Stiles, estaba confirmado. Su amigo no sería ni siquiera capaz de ver sangre o tomar un arma de fuego.

–¡Detente, lo estás lastimando!– Liam aún siendo grande se cubrió los oídos y cerró los ojos, negándose a escuchar lo que pasaba.

«Si tú ya no estás»Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora