24 de febrero, 1988. Columbus, Indiana.
Jimin no sabía mucho sobre luces ni sobre el sonido que debía tener una presentación. Tenía nociones básicas, sí, pero distaba mucho de ser un profesional en montaje.
Aun así, hizo lo mejor que pudo.
Cal lo felicitó, satisfecho con el resultado, aunque Rossmery lo obligó a mover uno de los reflectores al menos cuatro veces, hasta que quedó exactamente donde ella quería.
—¿Ya está contenta, su majestad? —preguntó Cal desde la barra, mientras preparaba todo para la noche.
—Un poco —respondió ella, llevándose el dedo índice a la barbilla y dándose pequeños golpecitos mientras analizaba el escenario—. Una presentación tan buena merece un escenario igual de bueno.
—¿Y qué hay de nuestros vestuarios, cariño?
La puerta se abrió y dos mujeres entraron juntas. Rossmery sonrió en grande al verlas.
—La preciosa bombón, Betty May —dijo, acercándose a la mujer de piel oscura, que llevaba una peluca castaña y un vestido rosa—. Y la preciosa Charlotte.
Abrazó a ambas sin perder un segundo. No se veían desde hacía tres años, desde aquella vez en que las chicas necesitaron un lugar donde quedarse antes de volver a California. Rossmery, en cambio, había terminado en Indiana, junto a Cal.
—¿Y dónde está el guapo Cal? —preguntó Charlotte, separándose primero.
—Ese tonto anda por allá —respondió Rossmery con desdén fingido.
Cal se inclinó ligeramente sobre la barra y las saludó con un ademán.
—Es un gusto verlas de nuevo. Se ven resplandecientes.
—Dime algo que no sepa, cariño —dijo Betty, echándose el cabello hacia atrás.
Desde el escenario, Jimin se detuvo un momento mientras acomodaba las bocinas y las observó con curiosidad. Tenían la misma seguridad que Rossmery, la misma presencia. Aunque vestían pelucas y trajes llamativos, había algo que las diferenciaba. Tal vez era el porte. O la forma en la que ocupaban el espacio.
—Jimin, mi niño —lo llamó Rossmery—. No seas grosero y ven a saludar a mis amigas.
Jimin obedeció de inmediato y bajó del escenario.
—Pero mira qué cosita tan linda —exclamó Charlotte, pellizcándole una mejilla.
—¿No es muy joven para trabajar aquí? —preguntó Betty, cruzándose de brazos y mirando a Cal.
—En octubre cumple diecisiete.
—Sigue siendo menor.
—Tranquilas —intervino Cal—. Solo ayuda a atender. Cinco horas al día, cuatro veces por semana. Además, le gusta este trabajo, ¿o no, Jimin?
—Dan buenas propinas —respondió él, en voz baja.
Jimin entrelazó las manos detrás de la espalda. Estaba nervioso, aunque no sabía exactamente por qué. Quizá era la emoción de conocer gente nueva. O tal vez el peso de estar frente a las amigas cercanas de Rossmery, de Nueva York, eso antes de que se separaran y ellas fueran a Pomena, California; Rossmery terminó en Indiana, con Cal.
—A mí me parece adorable —dijo Charlotte—. Es lindo y bajito. En secundaria me gustaban así.
—Es mi ahijado —anunció Rossmery, rodeando los hombros de Jimin—. Nunca quise hijos, pero este tiene ventajas: habla, come, camina, es obediente y además es un genio. Irá a una buena universidad.
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Stand by Me
FanfictionJimin y Jungkook no podrían ser más diferentes. Ninguno de los dos se habría hablado de no ser porque Jungkook estaba a punto de reprobar química y Jimin era el único que podía ayudarlo. Una vez sus caminos se cruzaron ya no fue posible separarlos;...
