05 de febrero, 1988. Columbus, Indiana.
Freya Lindberg había dejado Lillehammer, una pequeña ciudad del interior de Noruega, para estudiar fotografía en el extranjero. Eligió Estados Unidos. Allí conoció a Park Jeong, un coreano que había emigrado tras la guerra de las dos Coreas. Se enamoraron rápido. Comenzaron su relación en 1958 y se casaron al año siguiente. Dos meses después del matrimonio, dejaron Massachusetts y se establecieron en Columbus, Indiana.
Querían una familia grande. Para ellos, cuantos más hijos, mejor.
El primero fue Chanyeol Alexander Park, nacido el 27 de diciembre de 1960. Un año y dos meses después llegó Chaeyeong Roseanne Park, el 11 de febrero de 1962. Pasaron cinco años antes de que Freya volviera a quedar embarazada; entonces nació Momo Olivia Park, el 22 de diciembre de 1967. Dos años después llegó Soojin Sophie Park, el 15 de diciembre de 1969.
El último fue Jimin.
Freya evitó darle un segundo nombre para que no lo llamaran Jimmy o Jim. Fue el más esperado, no solo por ser el menor, sino porque Freya quedó embarazada a los treinta y ocho años, cuando ya no lo esperaban. Jimin debía nacer en invierno, como sus hermanos, pero se adelantó dos meses y nació el 13 de octubre de 1971, el único Park nacido en otoño.
Los Park siempre fueron una familia peculiar.
La mezcla de rasgos asiáticos y noruegos había creado una combinación singular.
Ninguno era especialmente bajo ni alto, salvo Chanyeol, que con su metro ochenta y ocho sobresalía del resto. Chaeyeong medía un metro sesenta y ocho; Momo y Soojin, un metro sesenta y seis. Jimin era el más bajo de los hermanos, con metro setenta.
La piel clara, el cabello rubio y ondulado venían de Freya, igual que los labios carnosos y los pómulos marcados. Park Jeong solía decir que también habían heredado de él ese sonrojo involuntario que aparecía cuando algo los avergonzaba.
Y en esa casa, la vergüenza, el cansancio y el ruido nunca faltaban.
—¡¿Cómo que no sabes dónde está mi maldito vestido?! —Grito Sophie desde su habitación.
Rosé respiró hondo en la sala, contando mentalmente hasta diez mientras alimentaba a su madre, que permanecía sentada en la mecedora.
—Esa chica está muy enojada —comentó Freya, con sus cincuenta y cinco años reflejados en una mirada perdida.
—Ah, dime eso a mí —respondió Rose, acercándole un vaso con licuado de plátano—. Está por salir de la preparatoria y últimamente no para de ir a fiestas.
—En mi universidad también hay fiestas —dijo Freya, bebiendo del vaso.
—¿Ah, sí? ¿Y qué usas para esas fiestas?
—Un vestido rosa de mangas largas, botas blancas altas... siempre a la moda. Puedo fallar tomando fotos, pero nunca vistiendo bien.
Rosé rio y acarició el hombro de su madre. Desde que Freya enfermó, ella había sido su cuidadora, su memoria y su sostén. El Alzheimer llevaba doce años avanzando, mezclando pasado y presente sin pedir permiso.
—¡Rosie! ¿Has visto mis libros de química? —gritó Jimin desde el pasillo.
Rosé se levantó.
—Termina de comer, ahora vuelvo.
Ser la hermana mayor nunca había sido sencillo. Tras la muerte de su padre por cáncer y la enfermedad de su madre, Rosé se encargaba de todo en esa casa.
Entró al cuarto de Jimin. El chico revolvía estantes con desesperación.
—Te ahorrarías esto si guardaras tus cosas donde van —dijo—. ¿No tienes química todos los días?
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Stand by Me
FanfictionJimin y Jungkook no podrían ser más diferentes. Ninguno de los dos se habría hablado de no ser porque Jungkook estaba a punto de reprobar química y Jimin era el único que podía ayudarlo. Una vez sus caminos se cruzaron ya no fue posible separarlos;...
