14 de febrero, 1988. Columbus, Indiana.
Jungkook regresaba de su cita cuando su auto se quedó sin gasolina.
Si Samantha no viviera al otro lado de la ciudad, tal vez no se habría perdido. Tal vez no estaría ahora caminando sin saber exactamente dónde se encontraba, con la lluvia comenzando a caer y un galón vacío en la mano.
Las calles estaban llenas de letreros luminosos. Bares, tiendas, luces de neón que no reconocía. Había tenido que bajarse del auto varias calles atrás para buscar combustible.
No era la primera vez que algo así le ocurría.
Sí era la primera vez que le llovía encima.
—¿Sabes qué, Dios? ¡Jódete! —le gritó al cielo.
Buscó dónde resguardarse. Volver al auto no era opción; estaba demasiado lejos y ya estaba empapado. Se metió bajo el pequeño techo que sobresalía de la entrada de un bar y se recargó contra la pared, cruzándose de brazos. Esperaría a que la lluvia aflojara.
Entonces escuchó voces.
Dos chicos bajaron de un auto y cruzaron corriendo la calle, riéndose.
—Te digo que no nos pedirán identificación —dijo uno—. Vine aquí el sábado.
¿Un bar que no pedía identificación?
Jungkook dudó apenas un segundo antes de entrar tras ellos.
Tenía sesenta dólares en la billetera y demasiadas ganas de un trago. Necesitaba olvidar el auto sin gasolina, la lluvia y, con suerte, usar el teléfono para llamar a alguien que lo sacara de ahí.
Apenas cruzó la puerta, supo que algo no estaba bien.
No había fútbol en las pantallas.
La música era distinta, extraña.
Y aunque había hombres y mujeres, no se mezclaban como en otros bares.
Hombres con hombres. Mujeres con mujeres.
No se tocaban de forma exagerada, pero la cercanía era evidente. Jungkook avanzó unos pasos más, incómodo, hasta que los vio.
Los mismos chicos de afuera se besaban en medio del lugar, sin esconderse, mientras bailaban una canción que Jungkook no conocía.
Primero se tensó. Luego, el estómago se le revolvió.
Jamás había estado en un lugar así. Sabía que existían. El amigo policía de su padre había hablado de ellos más de una vez. Decía que eran asquerosos, que la gente ahí estaba enferma. Jungkook nunca se había preguntado cómo lucían realmente.
Hasta ahora.
Al notar que no eran los únicos —que había más parejas, más miradas, más cercanía— entendió que había cometido un error.
Dio media vuelta de inmediato, pero no miró por dónde iba.
Chocó contra alguien de frente.
La persona cayó al suelo junto con una bandeja de copas de cristal. El sonido seco del vidrio rompiéndose se extendió por el bar.
—¡Oye! —protestó el chico, girándose de inmediato para recoger los restos.
—Mierda, lo siento —Jungkook se agachó para ayudar—. De verdad, no fue mi intención.
—Puedo hacerlo, no es necesa—
Las palabras murieron a medio camino.
Ambos se miraron.
Los ojos de Jungkook se abrieron tanto que su expresión rozó lo ridículo. Jimin, por su parte, abrió la boca una vez... dos... pero ningún sonido salió de ella.
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Stand by Me
Fiksi PenggemarJimin y Jungkook no podrían ser más diferentes. Ninguno de los dos se habría hablado de no ser porque Jungkook estaba a punto de reprobar química y Jimin era el único que podía ayudarlo. Una vez sus caminos se cruzaron ya no fue posible separarlos;...
