Y aquí estoy yo, en mi cuarto, sentada en la cama con el cuaderno abierto sobre las piernas, escribiendo cómo habían sido mis vacaciones. La hoja estaba casi llena, pero mi mente iba mucho más rápido que mi mano. Las palabras se atropellaban unas con otras, como si no quisieran esperar su turno para salir.
Mañana empezaban las clases otra vez y, aunque trataba de concentrarme, una extraña inquietud me apretaba el pecho. No sabía explicarlo, solo sentía que algo no estaba bien.
De pronto, un ruido seco rompió el silencio de la casa.
Levanté la cabeza de inmediato, el corazón acelerándose como si hubiera corrido una maratón. Fruncí el ceño y me quedé quieta unos segundos, conteniendo la respiración, intentando identificar de dónde había venido. Otro ruido, esta vez más fuerte, resonó desde afuera.
—Genial… —murmuré, cerrando el cuaderno.
Me levanté de la cama, lo dejé a un lado y me puse mis Converse negros. Sin pensarlo demasiado, salí de mi cuarto y caminé por el pasillo hasta la habitación de Scott. Toqué la puerta con cuidado, casi esperando no obtener respuesta.
—¿Scott? —susurré.
—Pase —respondió desde adentro.
Abrí la puerta y lo vi sentado en la cama, completamente concentrado, limpiando su palo de lacrosse con una dedicación exagerada, como si fuera lo más importante del mundo.
—Holi… una pregunta —empecé—. ¿Escuchaste el ruido de afuera o ya estoy imaginando cosas?
No pude terminar la frase. El ruido volvió a escucharse, mucho más claro esta vez. Scott alzó la cabeza de golpe, con el ceño fruncido.
—Sí lo escuché —dijo mientras se ponía de pie.
Tomó el palo de lacrosse y se dirigió hacia la puerta con decisión, pero antes de salir se giró hacia mí.
—Quédate aquí.
—No, ni loca te voy a dejar solo —repliqué sin dudarlo.
Corrí a la cocina, agarré un frasco de gas pimienta del cajón y regresé junto a él.
—Bells…
—Nada de “Bells” —lo interrumpí—. Voy contigo, punto final.
Bajamos las escaleras en silencio y salimos al exterior. El aire nocturno estaba frío y el jardín se veía extrañamente oscuro, como si las sombras fueran más largas de lo normal. Entonces, sin previo aviso, algo cayó del techo justo frente a nosotros.
—¡AHHH! —gritamos al mismo tiempo.
Al enfocar mejor la vista, vimos a nuestro mejor amigo colgando torpemente, con medio cuerpo aún en el aire y expresión de pánico absoluto.
—¿Qué haces aquí, Stiles? —pregunté con el ceño fruncido, completamente confundida.
—¡Ninguno de los dos contestaba el teléfono! —dijo mientras intentaba acomodarse—. ¿Y por qué demonios tienes un palo de lacrosse?
En ese momento perdió el equilibrio y cayó al suelo con un golpe seco.
—Pensé que era un depredador —respondió Scott con total naturalidad.
—¿Un depreda…? —Stiles suspiró, llevándose una mano a la cara—. Ok, olviden eso. Escuchen, mi papá acaba de salir al bosque. Llamaron a todos los oficiales del área, incluso a los estatales.
Sus ojos brillaban de emoción.
—Un corredor encontró un cadáver.
—¿Un cadáver muerto? —preguntó Scott.
Rodé los ojos y me di un facepalm mental.
—No, Scott, uno de agua —respondió Stiles con sarcasmo—. Claro que un cadáver muerto.
—¿Y eso qué tiene que ver con nosotros? —pregunté, cruzándome de brazos.
—Vamos a buscar la parte que falta —dijo, como si fuera la idea más lógica del mundo.
Minutos después ya íbamos en su jeep, rumbo al bosque. Al bajar, Scott se cruzó de brazos.
—¿Por qué estamos aquí?
—Porque siempre te quejas de que no pasa nada interesante —respondió Stiles.
—No debería estar aquí. Debería estar descansando.
—¿Por qué?
—Por la práctica de mañana.
—Sí, porque estar sentado en la banca cansa muchísimo —se burló Stiles.
No pude evitar reírme, aunque me callé al ver la expresión de Scott.
—Este año seré titular —dijo con una sonrisa confiada.
—Se vale soñar, hermano —le dije—. Aunque ese sueño sea imposible… igual te apoyo.
Seguimos caminando entre los árboles, con la linterna iluminando apenas el suelo.
—¿Qué parte del cuerpo estamos buscando? —preguntó Scott.
—No pensé en eso —respondió Stiles.
—¿Y si el asesino sigue suelto? —agregué, bajando la voz.
—Tampoco pensé en eso.
—Excelente planificación —murmuró Scott.
De pronto, se detuvo, apoyándose en un árbol mientras sacaba su inhalador.
—¿No creen que el asmático debería tener la linterna?
Me acerqué de inmediato.
—¿Estás bien?
—Sí —dijo, tomando mi mano—. Vamos.
Entonces vimos luces entre los árboles. Stiles salió corriendo.
—¡Stiles! —susurré—. ¡Espera!
Demasiado tarde. Un perro lo encontró y, segundos después, su padre.
—Este delincuente es mío —dijo el Sheriff Stilinski—. Siempre escuchando mis conversaciones.
—Las aburridas no —respondió Stiles.
—¿Y tus cómplices?
—Scott quería descansar y Bells estaba dormida. Solo vine yo.
Scott y yo observábamos desde detrás de unos árboles, conteniendo la respiración.
Cuando se fueron, salimos del escondite y comenzamos a regresar a casa. El bosque estaba inquietantemente silencioso. De repente, un ruido. Luego otro. Una manada de ciervos apareció de la nada y terminamos rodando por una pequeña colina.
Me levanté rápido y ayudé a Scott, pero entonces los vimos.
Ojos rojos.
Un rugido profundo estremeció el aire.
—¡Corre! —gritó Scott empujándome.
Tropecé. Escuché su grito. Algo cayó sobre mí. Una bestia negra. Sentí un dolor ardiente en la pierna derecha y grité con todas mis fuerzas. Pateé a la criatura como pude y corrí, sin mirar atrás.
Llegué a casa temblando. En el baño, observé el rasguño: tres marcas profundas. Las limpié, las vendé y me miré al espejo, con el corazón golpeándome el pecho.
Me acosté sabiendo una cosa con absoluta certeza:
Nada volvería a ser normal.
Tal vez mañana se lo cuente a Scott.
ESTÁS LEYENDO
La hermana perdida de hope mikaelson
VampireIntroduccion Bueno por lo que todos sabrán ya conocen la historia de hope mikaleson pero que pasaría si te digiera que en esa noche no solo nació una bebe si no que nacieron dos bebes y esta es la historia de Bells Hayley McCall ella es más parecid...
