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Al llegar a la fiesta, lo primero que se veía eran adolescentes por todos lados, sosteniendo los típicos vasos rojos cuyo contenido era claramente alcohol. La música estaba tan alta que hacía vibrar el suelo bajo mis pies, y algunos bailaban sin preocuparse por nada, riendo, empujándose, viviendo el momento como si el mundo se acabara esa noche.

Apenas cruzamos la entrada, alguien —no sé ni quién— nos puso un vaso a Stiles y otro a mí en las manos.

—¿Y se supone que es esto? —le pregunté medio gritando, acercándome a su oído porque era imposible escucharnos.

—Cerveza —respondió del mismo modo.

Olfateé el contenido del vaso con desconfianza y de inmediato hice una mueca. Sin decir nada, lo dejé sobre una mesa cercana.

—Creo que paso —le dije—. Tenemos que encontrar a Scott. Yo voy al patio a ver si lo veo. Nos vemos ahora.

Stiles asintió, ya distraído con algo —o alguien— más, así que salí al patio trasero de la casa. El aire nocturno era más fresco y agradecí poder respirar lejos del ruido ensordecedor.

Entonces lo vi.

Scott estaba bailando con Allison. Muy cerca. Demasiado cerca.

Por un momento sentí alivio. Parecía que, al menos por esa noche, todo iba bien. Allison sonreía, relajada, y Scott se veía… feliz. O al menos intentaba parecerlo.

Pero algo cambió.

Fue como una corriente recorriéndome la piel. Primero un cosquilleo leve, luego una sensación ardiente, como pequeños pinchazos que se deslizaban por mis brazos. Me los froté con disimulo, intentando ignorarlo.

—Debe ser alergia… o estrés —murmuré para mí misma.

Al alzar la vista, algo me hizo detenerme.

Un chico.

Se veía mayor que nosotros. Estaba apoyado contra una cerca, completamente quieto, observando con demasiada atención. No solo a Scott… también a mí. Su mirada era intensa, calculadora. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda.

Aparté la vista y volví a mirar a Scott, intentando tranquilizarme, pero justo entonces lo vi separarse de Allison. Estaba pálido, tenso, como si algo dentro de él estuviera luchando por salir. Sin decir una palabra, se dio la vuelta y volvió a entrar a la casa.

Busqué al chico de la cerca otra vez.

Ya no estaba.

Eso fue suficiente para encender todas mis alarmas.

Di un paso hacia la puerta para seguir a Scott, pero el ardor en mis brazos se volvió insoportable. Sentía como si algo se moviera bajo mi piel, algo vivo, inquieto. Sin pensarlo demasiado, corrí hacia el bosque cercano, desesperada por alejarme de la multitud.

Me detuve entre los árboles, jadeando, mirando mis manos como si no las reconociera.

—¿Qué me está pasando…? —susurré.

El silencio del bosque me envolvió. Poco a poco, el ardor se disipó, como si nunca hubiera estado ahí. Me quedé unos segundos más, intentando entenderlo, pero no encontré respuestas.

Regresé a la casa justo cuando estaba llegando a la puerta principal. Allison estaba allí, sola, con el ceño ligeramente fruncido.

—Allison —la llamé—. Scott no se sentía bien, por eso se fue. Voy a buscar a Stiles para que nos lleve a casa.

Antes de que pudiera moverme, el chico apareció frente a nosotras.

—Hola, Allison. Bells —dijo con una leve sonrisa—. Soy amigo de Scott. Me llamo Derek.

Lo observé con desconfianza inmediata.

—Gracias, pero no va a ser necesario —respondí—. Ya nos vamos.

—Puedo llevarlas —insistió—. No es seguro que estén aquí solas.

Allison me miró, dudosa. Suspire.

—Está bien… vamos.

Subimos al auto. Allison se sentó atrás y yo adelante, junto a Derek. El trayecto fue silencioso, demasiado tenso para mi gusto.

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🌑 Por el lado de los chicos

Scott entró a su habitación completamente alterado. La respiración le temblaba y sentía que su cuerpo ya no le pertenecía. Fue directo al baño y se echó agua en el rostro, apoyándose en el lavabo.

Cuando levantó la vista y se miró al espejo, el mundo se le vino abajo.

Sus ojos.
Sus colmillos.

La advertencia de Bells y Stiles… era real.

—No… no puede ser —murmuró.

Escuchó a Stiles al otro lado de la puerta.

—Scott, abre. Déjame ayudarte.

—No —respondió con la voz quebrada—. Encuentra a Allison.

—Ella está bien, ya se fue de la fiesta —intentó tranquilizarlo.

—¿Y Bells? —preguntó con urgencia—. Ella también puede estar sintiendo los efectos… y puede saber quién nos mordió.

Silencio.

—Scott… Derek Hale se llevó a Allison y a Bells.

Eso fue suficiente.

Scott saltó por la ventana, dejando atrás toda duda. Su cuerpo cambió mientras corría hacia el bosque, guiado por un solo instinto: encontrarlas.

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🌲 De vuelta con las chicas

—Gracias por traerme —dijo Allison al llegar a su casa.

—No hay problema —respondí—. Y lo siento por mi hermano… no está bien.

Nos despedimos y Derek arrancó el auto.

—¿A dónde vamos? —pregunté, cruzándome de brazos—. No te conozco y esto no me gusta.

—Necesito mostrarte algo —dijo—. Confía en mí.

No estaba segura… pero asentí.

Aparcó en la entrada del bosque y sacó del maletero la chaqueta de Allison.

—Necesito tu blusa.

—¿Perdón? —lo miré indignada—. No pienso quedarme semidesnuda con un extraño.

Me entregó su chaqueta.

—Cúbrete con esto.

Accedí de mala gana. Le di mi blusa y lo seguí.

El malestar regresó.

—Derek… no me siento bien.

—Lo sé —dijo antes de cargarme sobre sus hombros.

Me dejó apoyada contra un árbol y me ordenó no moverme. Obviamente, no obedecí.

Lo seguí.

Entonces lo vi.

—¿Dónde están? —rugió Scott.

—A salvo de ti —respondió Derek—. Corre.

Una luz me cegó. Un silbido cortó el aire. Una flecha impactó en el brazo de Scott. Otra voló hacia mí… pero la detuve en el aire.

Ni siquiera supe cómo.

—¿Qué se supone que eres? —preguntó Derek.

No respondí.

Corrí.

Y mientras lo hacía, una sola pregunta martillaba mi mente, una y otra vez:

¿Qué soy?
¿Un monstruo…
o algo peor?

La hermana perdida de hope mikaelson   Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora