6

2.2K 106 0
                                        

—Sigue buscando —dijo Stiles desde el asiento del copiloto, girándose de vez en cuando para mirarme—. ¿Tú qué dices, Bells?

Suspiré mientras observaba el bosque pasar por la ventana. La noche seguía pesando en mis pensamientos desde lo ocurrido días atrás.

—No lo sé… no sé mucho de hombres lobo, en realidad —respondí con sinceridad.

Scott, que iba de copiloto, se tensó de repente.

—Estaciónate —dijo de pronto.

—¿Qué pasa? Scott, ¿estás bien? —pregunté de inmediato, sintiendo cómo la preocupación me apretaba el pecho.

—Detén el auto —ordenó otra vez.

Stiles obedeció sin discutir. Scott salió casi corriendo y se sostuvo de un árbol, respirando con dificultad. Vi cómo Stiles lanzaba la mochila lejos, nervioso.

—¡Eh, Stiles! —lo llamé al bajar del auto—. ¡Scott ya no está!

El pánico comenzó a instalarse lentamente. Volvimos a subir al auto y empezamos a buscarlo. Treinta minutos después, no había rastro de él.
Cuando llegamos a la escuela, el ambiente se sentía distinto. Entré al vestidor de hombres buscándolos y, al encontrarlos, me acerqué con una pequeña sonrisa.

—¿Vienes a decirme que no lo haga? —me preguntó Scott.

—En realidad vine a desearles suerte —respondí.

—Gracias —dijo Stiles

Asentí y fui hacia donde estaba Jackson.

—Se podría decir… ¿cómo está tu hombro? —pregunté.

—Casi ni me duele —respondió sonriendo—. ¿Cómo entraste?

—Vine a desearles suerte… además nadie cuida la puerta —dije encogiéndome de hombros.

—Gracias, pero… ¿cómo entraste?

—Nadie cuida la puerta —repetí divertida—. Bueno, suerte.

Me puse de puntillas y besé su mejilla antes de salir. Fui a las gradas y me senté junto a mamá. Al terminar el partido, decidí irme con ella. Necesitaba tiempo… necesitaba entender qué era yo.

En casa subí directo a mi cuarto y cerré la puerta con cuidado para que mamá no se diera cuenta. Me cambié por algo cómodo y respiré profundo.
No sabía por dónde empezar.

Me relajé, cerré los ojos y levanté la mano. Poco a poco, algunos objetos comenzaron a levitar. Al principio me asusté, pero después… sentí control. Minutos más tarde, ya podía hacerlo con facilidad.
Mi teléfono vibró. Era Stiles.

Me dijo que Derek había salido de la cárcel. Que el cadáver era de Laura. Que la policía decía que había sido un ataque de animal.
Nada de eso sonaba normal.

A la mañana siguiente salí rumbo a la escuela. A mitad del camino, un auto se puso a mi lado. Era Jackson.

—¿Quieres que te lleve? —preguntó.

—Claro, si no es molestia.

—Para nada.

—Gracias.

—¿Cómo está tu hombro?

—Ya no me duele, puedo jugar sin preocuparme.

—Me alegro —dije, notando que me miraba de reojo—. ¿Qué?

—¿Por qué eres buena conmigo?

Alcé una ceja.

—¿Y eso qué tiene de malo? —respondí—. Además, conmigo tendrás que acostumbrarte.

La hermana perdida de hope mikaelson   Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora