CAPÍTULO 6 RENCOR

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DEBAJO DE MI PIEL

CAPÍTULO 6: RENCOR

-Mierda-. Las suelas de sus botas se sumergieron en charcos turbios. -Mierda-. Repitió a regañadientes, solo para sí misma. Hizo una mueca de desagrado, como si un aroma pestilente emanase del agua. Lo que sea que manchó su calzado parecía ser sangre y no quiso averiguarlo. Soltó otro par de maldiciones mentales. Llegando al departamento se desharía de esas botas, total, casi ni le gustaban.

Dio un rápido vistazo al cielo, una llovizna le tomó por sorpresa. Eran gotas pequeñas, finas y frías; pero no tan frías como las gélidas esmeraldas en su rostro. Cada mínima parte de su expresión dijo sin tapujos: Acércate y terminarás en urgencias.

Por supuesto, no podía esperarse otra cosa con su mal humor del momento.

Escupió a su costado izquierdo, asqueada de solo ella supo que cosa.

Todo aquel que le vio prefirió rodearle o definitivamente pasarse a la banqueta contraria. Tal vez fue por suerte, el que alguien pasara a su lado no habría sido un pretexto válido para golpearlo.

En realidad, más que enfadada, estaba fastidiada. No obstante, era una vieja costumbre el mantener aquella inhumana mirada para prácticamente todo.

El perro de una niña comenzó a ladrarle al sentir el innegable peligro que emanaba de ella; volteó a verlo y el canino se ocultó entre las piernas de su dueña. Un corto suspiro se  escapó entre labios, no era su intención aterrorizar al animalito.

Pero era mejor aterrorizar que ser aterrorizada.

Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta. Experimentaba ¿o quizá sufría? Una de esas pésimas sensaciones que de poder hubiese guardado en el baúl del olvido, pero se mantuvo ahí, haciendo que la cicatriz pulsara de nuevo, no que se abriese, solo que recordase su presencia, porque sus heridas se mantenían cicatrizadas casi por obligación.

No era dolor, tampoco tristeza ni añoranza, era algo distinto, lejano, contrastante. Algo que hervía dentro de ella, prendiéndole fuego a su sistema. Era rencor

Debía superarlo, quería superarlo, pero el sentimiento tenía raíces arraigadas en su interior, como si se apegase a sus venas y huesos. Chasqueó la lengua, eso era una tontería. <Mucho tiempo atrás dejó de ser una niña. Algún día lograría olvidar esa mierda.

El día anterior, con descaro inigualable, el calendario le remarcó "aquella fecha". Sí, esa, la fecha responsable de un odio poco sano y prácticamente inútil. Negó con la cabeza. Por lo general, solía ignorar dicho sentimiento, para continuar con su vida sin mayores dificultades.

Sonrío con amargura.

Para bien o para mal, ese suceso le convirtió en lo que era.

La llovizna fue aumentando hasta convertirse es una verdadera lluvia. Apretó los puños dentro de sus bolsillos.  A ella, a su Shizuru, no le gustaría que llegase empapada a casa. Maldijo el descuido de salir sin un jodido paraguas o un mísero impermeable.

Extrañamente, de forma repentina, dejó de sentir las frías gotas. Seguía lloviendo, podía escucharlo ¿Entonces? Giró el rostro a su costado derecho y encontró un par de ojos carmines. -Ara, no quiero que mi Natsuki se enferme-. Toda pizca de amargura desapareció al ver la hermosa sonrisa de su novia.

-Unas gotas no me harán daño-. Pero por supuesto, agradeció estar bajo el paraguas de la otra.

Quería hacerse la fuerte, aparentar estar bien, pero la dura verdad le golpeó cual puñetazos. Fingir estar bien habría sido inútil en presencia de la castaña. Inútil y tonto, tomando en cuenta que ella era la única persona con la cual podía permitirse ser frágil.

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