Capítulo 3

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Ni siquiera sabía cómo me habían convencido del todo para asistir a esta fiesta, ponerme este absurdo - aunque completamente favorecedor - traje y dejar a medias una película de Freddie Krueger

-¿Por qué ves este tipo de películas en navidad? - Preguntó extrañado Seth mientras nos montábamos en la furgoneta. - ¿No se supone que es época de regalos, amor y platos con mucho puré de patata? 

-Precisamente por eso las veo, para intentar evadirme de la pesadilla que supone esta época del año. ¿Qué habrá hecho Esme esta noche para cenar? Tengo bastante hambre. - Me arreglé las solapas de aquella finísima y delicada chaqueta que había encontrado por casualidad en mi armario y pensé en lo mucho que molestaría a Alice que estrenase su primer modelito transformándome en mitad de la cena mientras devoro los platos de todos los comensales. 

Al fin y al cabo, la mayoría de ellos no pueden comerlos. 

Nos dirigimos rápidamente en la furgoneta del taller - nada acorde con nuestra arreglada vestimenta - con cuidado de no tocar ninguna de las miles de manchas de grasa que adornaban el automóvil y llegamos rápidamente a la mansión de los Cullen. 

Si alguna vez habéis pensado que la decoración de navidad es algo que nunca sobra, bien... no habéis visitado la casa de la familia más poderosa de Forks. 

Toda la pared frontal estaba decorada con numerosas luces, parpadeando y brillando al son de una suave melodía que ni siquiera sabía de dónde procedía. No había ningún Santa Claus, ni tampoco renos voladores con narices rojas y brillantes. En su lugar había unas preciosas enredaderas y numerosas estatuas de luces repartidas por el jardín delantero.  El ambiente estaba impregnado con un agradable olor que no lograba reconocer, y justo en el centro nos esperaban Carlisle y Esme con una bandeja plateada repleta de copas de vino. 

Esme debía haber pasado horas y horas en el pueblo comprando decoraciones de exteriores. El resultado era inmejorable. 

Yo ni siquiera había puesto un triste calcetín colgando de la chimenea. Desde los últimos años había llegado a odiar la Navidad y todo lo que esta representaba. 

Mientras avanzábamos por el camino empedrado, el agradable olor reinaba en el ambiente, pero no parecía comida. Era como si los Cullen hubieran plantado flores silvestres en cada rincón de la mansión, pero no conseguía verlas. 

-¡Estáis aquí! - Saludó una entusiasmada señora Cullen.- Os estábamos esperando. Vuestra madre está ya dentro con Charlie y nuestros invitados. 

-Muchas gracias por venir, chicos- Nos saludó Carlisle.- Es importante para nosotros.

Por su postura y su sonrisa tensa, intuí que no iban a ser los únicos vampiros esta noche, y me preparé para lo que pudiera pasar. 

Mi tensión también fue notable, ya que Carlisle rápidamente me miró. 

-Son todos como nosotros. Quiero decir, siguen nuestro estilo de vida, Leah. No te preocupes por ello, ya están avisados en La reserva.- Parecía nervioso.- Además, es temporal. 

-No se preocupe doctor Cullen.- Intervino rápidamente Seth.- Mi hermana y yo estamos encantados de que nos hayan podido hacer un hueco esta noche. Además, he oído que Esme ha preparado un estofado que puedo oler desde hace kilómetros.

No dejó que la situación se tensase mucho más, ya que entró rápidamente a la vivienda mientras yo vacilaba sobre si volver a la cabaña y ver una película de terror sangrienta era buena idea o no. 

Sin embargo, había algo dentro de mí que quería entrar apresuradamente en la casa, algo desconocido. Quizás fuera la idea del estofado que había mencionado mi hermano, o las ganas de cenar tranquilamente cerca de mi madre por primera vez en meses. Puede que incluso fuera el deseo de firmar aquel contrato que mencionaba Alice y que podía ser mi billete fuera de Forks. 

La sonrisa cálida de Esme me convenció finalmente para entrar en la estancia y dejar atrás mis ideas de huida. 

Ni en miles de años hubiera estado preparada para lo que ocurrió.

La estancia seguía siendo tan bella como la recordaba. Me sentía viva, sentía que mi atuendo era el adecuado, me sentía extrañamente cómoda, lejos de la realidad de mi día a día, donde sentía que no encajaba en ningún lugar. El olor a flores silvestres persistía aún dentro de las diferentes habitaciones, aunque todo parecía proceder del comedor. 

Una suave melodía de piano procedía de las paredes, como si los cuadros pudiesen hablar. 

-¡Leah, por favor, estamos esperando! - Escuché que gritaba Seth. - ¡Me muero de hambre y nuestra querida madre no me deja empezar hasta que todos estén sentados! 

Aceleré el paso mientras le escuchaba refunfuñar y por fin me acerqué al epicentro de aquel delicioso olor. 

La mesa estaba al completo. Lo primero que logré ver fue a Charlie Swan sentado junto a mi madre, con la corbata algo desajustada y los ojos brillantes, hablando con ella mientras le servía algo de beber. Seth estaba frente a ellos pellizcando la comida del plato principal creyendo que no lo veía nadie. 

Los Cullen, incluida Bella, estaban sentados justo en los asientos del centro, observando divertidos como Jacob y Nessie intentaban descrifrar todo sobre los regalos que había debajo del enorme árbol que se alzaba en la esquina de la estancia. 

 Y por fin, giré la cabeza hacia el otro extremo. 

Ni siquiera me molesté en fijarme en las dos figuras que se sentaban junto a ella. Se sentaba en el extremo derecho de aquella inmensa mesa, oliendo a flores silvestres y mirándome fijamente con ojos curiosos. Y no pude más que devolverle la mirada mientras sentía cómo todo a mi alrededor se caía. 

No me acordaba de nada, ni de Sam, ni de la muerte de mi padre, ni del por qué mi vida había sido tan miserable los últimos años. No entendía el por qué ella no me había encontrado antes, o por qué yo no la había buscado desde el principio de los tiempos. Sentía la presión en el pecho y el hormigueo en la punta de mis dedos, incluso un leve mareo que iba apoderándose poco a poco de mi mente, como cuando estás a punto de quedarte dormida después de un largo día. Por fin lograba encontrar el olor a flores silvestres. 

Llevaba un vestido color burdeos que se ajustaba deliciosamente a sus hombros, por lo que podía ver desde mi posición. Su oscuro pelo castaño estaba semi recogido, liso, y aún así caía sobre sus hombros tapando parcialmente su pecho. Sus ojos color ámbar, seguían mirándome fijamente, mientras ladeaba la cabeza y sus carnosos labios formaban una leve sonrisa y un hoyuelo en una de sus blancas mejillas. 

No soy consciente de cuanto tiempo pasé observándola, incapaz de emitir un solo sonido, cuando sentí que me agarraban repentinamente del brazo, y tiraban de mí hacia el exterior del comedor, con pasos urgentes. La última imagen que logré captar fue la de una serie de rostros con expresión muy confundida y una pequeña arruga en el ceño de la ahora, dueña de mi presente y futuro. 

Entre susurros y leves empujones tanto de Seth como de Jacob, llegué al jardín, donde por fin logré volver a respirar, sin darme cuenta de la cantidad de tiempo que llevaba reteniendo el aire en mi pecho. 

-Vaya, vaya. Y pensar que no querías venir a la cena... ¡Enhorabuena hermanita! - Me estrechó entre sus brazos fuertemente.

-Leah, vamos a dar un paseo, necesitas calmarte. Voy a explicarte un par de detalles.- Jacob me dio una palmada en la espalda  y comenzó a guiarme hacia el bosque.- Bienvenida al mundo de la imprimación. Será mejor que te quites ese carísimo traje antes de que lo rompas, o Alice nos matará a todos.


Facing the Moon // Leah ClearwaterDonde viven las historias. Descúbrelo ahora