Capítulo 2: Reunión

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Viajar en el tiempo es algo complicado de entender, incluso para los viajeros en el tiempo siempre hay cosas que cuidar. Desde la energía de aquel reloj hasta su propia fragilidad; el tiempo y el espacio al que viajas que llevan a las distintas líneas temporales, líneas siempre cambiantes. Siempre parecía que por cada ventaja de poder cambiar todos los acontecimientos posibles había una enorme lista de advertencias que venían con cada uno de ellos.

¿Cómo se convierte uno en un viajero del tiempo? Bueno, no por decisión propia, eso es seguro. Eso es algo que Amelia H. Watson supo desde el momento en que tocó aquel reloj de oro fabricado por miembros de su propia familia.

Se sintió como si fuera ayer, cómo a una edad muy temprana acabó tocando aquel artefacto que sus padres parecían proteger como si fuera su propia vida, cómo un rayo de luz rodeó su cuerpo durante lo que parecieron unos minutos hasta que se despertó en la oscuridad. Cómo lo único que recordaba al volver a su casa eran esas voces que le gritaban por ayuda y lo que parecían miles de ojos morados que la vigilaban, brillando de alguna manera en aquel lugar completamente desolado y oscuro.

Si había algo que quería evitar, era ser presa de esas voces alguna vez más, estar siquiera cerca de algo que se pareciera a esas cosas, al menos por el momento. Sin embargo, cada vez sentía más curiosidad por ese reloj, por saber a dónde la había enviado y por qué parecía que esas voces estaban involucradas de alguna manera. Y así, pasó una buena parte de su vida entendiendo cada pequeña parte del mismo.

Con el paso del tiempo fue creando una conexión especial con el reloj, hasta el punto de que se convirtió en su propietaria. Y así, Amelia se convirtió en la única viajera del tiempo de la familia Watson, o al menos eso creía ella.

Con la ayuda de algunos saltos en el tiempo, llegó a comprender cómo su familia estaba conectada con el reloj, cómo los antiguos propietarios lo pasaban de generación en generación. Lo más importante es que comprendió lo afortunada que era con su conexión con él, cómo el viaje en el tiempo puede afectar a las personas que no están preparadas para usarlo, y a pesar de que nunca se encontró con ninguna situación como las que contaban sus antepasados, seguía sintiendo la curiosidad de ello aun si sólo podía guardárselo para sí misma.

Sus años de juventud como viajera no fueron los más emocionantes, seguía teniendo miedo de esos ojos púrpuras que parecían seguirla incluso en sus sueños.

Hasta que un día, lo sintió. Sintió que esas voces le hablaban una y otra vez, diciéndole que viajara a un tiempo determinado, en un espacio determinado. Era demasiada presión para ella, y sabía que no había nadie más en este mundo a quien pudiera pedir ayuda, así que viajó.

Se encontró en un bosque, la tarde apenas había empezado. Algo estaba... fuera de lugar. Sintió como su reloj hacía cosas extrañas en esa zona, era similar a las docenas de veces que encontró a otro miembro de la familia Watson pero, esta vez, era como si la señal fuera muy, muy, baja. Como si el dueño se estuviera desmayando, o peor aún, si el reloj se estuviera muriendo en ese preciso momento.

Tal vez esas voces no estaban tratando de molestarla, o incluso pidiendo ayuda para sí mismas... tal vez solo necesitaba estar en ese tiempo y espacio exactos.

A medida que se adentraba más y más en el bosque, veía aquel hermoso lago, y cómo el sol se reflejaba en él. Era un lugar asombroso para ver, sobre todo, sintió una extraña sensación de calma en ese lugar, si pudiera pasaría un largo tiempo sólo observándolo. Pero a medida que se acercaba más, sintió esa señal de un reloj Watson, aún muy bajo, hasta que vio una iluminación familiar cerca de unos árboles, se acercó lo más rápido que pudo hasta que las vio; dos niñas durmiendo una al lado de la otra, una de ellas con el reloj en la mano.

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