t w e n t y

1.1K 155 16
                                        

—¿Cómo te ha ido, mí pequeño rayito de sol de la mañanero? —preguntó Wade, Peter ya había pasado por el trasplante que necesitaba sin mayores complicaciones, y estaba en la camilla del hospital escribiendo en su cuaderno para pasar el rato.

Wade se había pasado la tarde buscando un regalo para Peter así que había llegado bastante tarde luego del trasplante y de que el chico despertara, pero por fin había conseguido un peluche decente, un perrito husky siberiano que era sumamente adorable.

Peter rio por su apodo tonto y recibió el peluche con brazos abiertos, abrazándolo.

—Excelente, mí cachorro nocturno de lince ibérico.

—Oh, ibérico, como el jamón —dijo Wade y Peter rio muy divertido—. Por cierto, tengo hambre, ¿Vamos a comer algo?

—Aún no me dan el alta, Wade —dijo Peter, el castaño hizo un puchero—. Pero cuando salga de aquí, sí, nene.

>>Oh, y mira, he escrito más poemas.

—Hacía mucho que no escribías poemas, Pet —comentó el mayor, se sentó así lado en el borde de la camilla—. ¿Puedo escuchar uno?

—N-No está terminado —murmuró Peter, negando.

—A ver~ —Wade le hizo ojitos.

Peter tenía las mejillas ya rosadas y comenzó a leer con su tierna voz.

—<< He caído de un acantilado, he aterrizado en tus brazos, tus manos han limpiado mis lágrimas, tus besos mí alma... En tus ojos hay una guía, grande mí suerte porque es mía, en tus manos acunas mí vida, en las mías conservo tus días>>

Wade estaba ruborizado y sonreía como un tonto, Peter lo miró con el ceño fruncido y apretando sus labios.

—No me convence...

—Es hermoso.

—Te dije que no está terminado.

—Te está quedando hermoso.

Peter se quedó sin palabras y rió totalmente avergonzado.

Quería que ese poema sea el mejor de toda su vida, que sea lo más acertado y bonito, porque era para su Wade, para quien estaba con él en el momento más feo de su vida y aún así no huía, aún así lo amaba, aún así lo trataba de forma excelente.

—Es para ti —dijo el menor, mirándolo a los ojos con una sonrisa.

Wade llevó una mano al pecho y abrió su boca fingiendo una gran sorpresa.

—¿Mí? ¿Yo? ¿Myself?

—Sí, tú, el idiota —contestó Peter.

—Eso me ofende.

—Todo te ofende —Peter se encogió de hombros.

—¿Sabes qué también me ofende? Que no te haga ni un puto poema porque soy un asco para esas cosas.

Peter negó.

—Yo no necesito que me escribas poemas, nene, ya me tratas muy bien y me encantas, no necesito rimas, y tú tampoco, para demostrarme que me amas, eres así de maravilloso.

Wade asintió ligeramente, e hizo un puchero.

—Iba a continuar diciendo que como no sabía hacer poemas pero sabía tejer... ¡Nos tejí gorros de pareja! —dijo, sacando una bolsa que traía escondida en su buzo y haciendo reír a Peter.

—¿Otro gorro de pareja más?

—Púdrete Parker, tú me convertiste en esto —Wade sacó los gorros, uno era negro y otro era rosa, y tenían un detalle estúpido que hacía al mayor muy feliz—. Tienen orejas de gatito.

Peter sonrió con ternura y tomó el gorro rosa, viendo las orejas de gatito que había tejido y cosido al gorro, y asintió encantado.

—Sí que somos unos tontos cursis —dijo Peter, colocándose el gorro y acomodando sus orejas al frente.

—Ser tonto es la clave de la felicidad.

—Entonces soy muy tonto contigo.

—Soy el más tonto del mundo, Parker.

Chemo | Spideypool AUDonde viven las historias. Descúbrelo ahora