Lidiar con la idea que sólo eres un remplazo, alguien para respaldar lo realmente importante, la fue destruyendo poco a poco. Roxanne nunca quiso creer los rumores, pero tras muchos comentarios al respecto no tuvo otra opción que abrir los ojos y ve...
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—Roxy, ¿estás bien? ¿Quieres hacer algo? —su ocesno amigo entró en su cuarto y la tomó por sorpresa.
—Freddy, sal de mi habitación —dijo ella a punto de ganar una partida de carreras en su arcade.
Verla tan divertida y entretenida le gustó. No había podido preguntarle por qué reaccionó tan raro el día de ayer con las sesiones de fotos con los niños, así que tomó su tiempo para poder hacerlo esta vez. Pero pareciera que está completamente bien, pues se ve muy feliz. Es de esperarse, Roxanne ama correr, se siente libre, le gusta la acción.
Freddy no quiso interrumpir su juego, así que decidió irse, pero justo antes de esto una mano lo detuvo.
—Bien, ¿qué quieres? —le pregunta ella.
—Me preguntaba qué fue lo que pasó contigo ayer, estuviste rara.
Roxanne rodó los ojos.
—Rara tu abuela —dicho esto volvió a posicionarse en su auto de arcade—. Y no pasó nada, sólo fue... un... momento extraño.
La felicidad ya no se notaba en sus ojos, tampoco parecía tener ganas de jugar otra partida gracias a la pregunta de Freddy.
—Me siento —cerró sus ojos sin saber qué hacer o decir—... mal, Freddy. No sé por qué...
No entendía muy bien su emoción, pero no deseaba expresarse ni mostrar debilidad frente nadie. Pero necesitaba apoyo, no podía estar sola sintiéndose mal por cosas que ni ella entiende, puesto que son bastante absurdas. Pero, aunque sea lo más estúpido del mundo, cada quien sufre a su manera. Roxanne sabía que podía contar con Freddy, después de todo, él era su amigo.
Seguramente si no fuera de metal fuera soltado una lágrima no deseada.
Bajó su mirada con tristeza y cerró sus ojos.
Los abrió inmediatamente cuando sintió metal chocar contra ella y unas grandes manos rodear su cintura. Entonces vio a Freddy dándole un abrazo, queriendo demostrar el cariño que le tenía.
—Roxy, sabes que eres alguien muy especial, ¿cierto?
—Freddy...
Aunque lo dudó, en segundos Roxanne le devolvió el abrazo y se aferró a él fuertemente, sin querer que los separaran. Incluso el corazón con el carácter más fuerte, puede ser el más sensible de todos. Roxanne necesitaba a su amigo, ella quería apoyo, por dentro era demasiado vulnerable e insegura. Le prestaba demasiada atención a comentarios poco importantes.
—Soy importante, ¿cierto Freddy? —preguntó ella con la voz quebrada, cosa que le rompió el corazón a Freddy.
—Por supuesto que sí, eres impresionante.
Roxanne se separó de su amigo y lo vio a los ojos, triste y con gran impotencia sin saber qué hacer.
—Roxy, escucha, eres muy increíble. En el escenario dejas a todos con ganas de más, tienes mucho talento, eres una excelente amiga y siempre estás ahí para quién lo necesite. Incluso cuándo no lo merece.
Freddy guardó silencio unos segundos.
—¿Por qué lo dudas, Roxanne?
Ella negó con su cabeza sin querer responder. Ya no quería tener se sentimiento atascado en ella. Su garganta parecía un nudo y no tenía mucha motivación para varias cosas. De un susurró le respondió:
—No lo sé.
Freddy inclinó su cabeza hacia un lado como un perro con curiosidad.
—Comentarios negativos que escucho, supongo —dijo ella abrazándose ahora a sí misma.
—Quizá a mucha gente no le agrades, Roxy —las orejas de Roxanne cayeron ante esto—. Pero sabes que nuestros amigos jamás te verían como alguien desagradable, nosotros tres te queremos mucho.
Volvió a abrazarla de golpe.
—Yo te quiero mucho, superstar.
A veces sólo se necesita de alguien que te escuché aunque esté ajeno a la situación. Freddy era un gran amigo.
—Gracias Freddy —susurra ella
Era lindo tener a alguien así a tu lado. Afortunadamente Roxanne lo tenía como amigo.
—¡Hey! ¿Quieres ir a jugar en la pista de carreras? —le propuso Freddy dividiendo el abrazo. Roxanne sonrió.
De pronto, entraron otros dos animatronicos.
—O jugar golf —dijo Montgomery con un palo de golf en su mano.
—O comer pizza —dijo Chica.
Roxanne miró a Freddy en busca de una respuesta. Pero él solo se limitó a sonreír adorablemente.
—De acuerdo, podemos hacerlo todo, tengo tiempo de sobra —respondió ella y todos soltaron un grito de alegría.
Pasar tiempo con sus amigos le hacía olvidar los momentos malos. Freddy tenía razón, no importaba si a algunas personas no les agradaba, después de todo tenían otros millones de fans más.