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                                                                                   El sauce del lago.

No sabría decir con exactitud cuanto dormí, pero me despertó un beso cálido en la frente que sabia que era de Valentina.

Como pude me acomode en mi cama mientras frotaba mis ojos con mis manos, ―¿Que hora es?.

―Son las cinco.

¿Cinco?, ¿a que hora llegue?. Valentina me miraba confundida pero procedo a hacerle una pregunta, ―¿Hace mucho llegaste?.

Ella me miro y en su rostro la figura de sus hoyuelos se hacían notar con una sonrisa, ―Hice amigas, así que estuve jugando con ellas por eso llegue tarde, ¿Cómo te fue?.

Le di una pequeña sonrisa, ―me fue bien, ¿Vamos a tomar algo?.

Valentina asintió mientras bajamos las escaleras, veníamos hablando de su escuela y de como era todo, me contaba con mucho entusiasmo la facilidad con la que había logrado hacer amigos, entre mas me contaba mi felicidad se notaba a millas de poder verla feliz, mi mamá se hace notar por la cocina así que se unió a la charla donde cada uno expuso su día, las actividades que realizamos y todo.

―Ari, ¿hiciste amigas?.― voltee a mirar a mi mamá con una sonrisa y asentí.

Mire la hora y eran las seis de la tarde, podría salir a caminar y pispear un poco mejor el lugar, ― Creo que voy a salir ma.

―¿A donde vas?.

Simplemente subí mis hombros y bajaron por inercia, ―Por ahí.

Era esa época veraniega casi otoño, donde la humedad se hace notar junto a los insectos, los sapos se podían escuchar con claridad lo cual eso me indicaba que había agua cerca, ¿quizás había un lago?, ¿un río?.

 mientras caminaba podía admirar la naturaleza de una manera un poco mas plena, el sol se iba metiendo y hacia que todo se viera un poco mas placentero, decido tomar un desvío por un sendero poco marcado pero lo que mas me llamo la atención es que habían florecillas pequeñas al rededor del sendero, lo camine hasta que el bosque desapareció, frente a mi se encontraba un lago donde quede enamorada de un viejo sauce enorme, sus ramas acariciaban el agua con delicadeza.

Realmente un hermoso lugar, camine hasta el tronco donde me senté y deje que mi espalda reposara en el gran tronco, cerraba los ojos y escuchaba los sapo y el ruido de la rama del sauce, ¿Un pueblo tan pequeño podía guardar lugares tan hermosos?, al abrir mis ojos me quede mirando la puesta del sol se me ocurrió sacar el teléfono y tomar unas fotos del momento, camine un poco mas para poder ver el lugar más a fondo, habían flores muy bonitas y jamás había visto un pasto tan verde como este, el lugar parecía sacado de un libro de fantasía.

El lugar parecía que nadie lo frecuentaba, ya que no habían residuos o algo que indique  que era un lugar donde suele venir gente y desde dos punto de vista eso puede ser algo extraño ya que es un lugar muy hermoso, además de que este lugar  tiene años o vaya a saber cuanto, claramente no debo ser la única que sepa de la existencia de este lugar, el lago mostraba por las orillas un agua cristalina y entre mas profundo se ponía el fondo era difícil ver ya que el color del agua era algo turbia color turquesa, decidí poner mis pies en el agua y relajarme un poco. Y pensar que no quería venirme a vivir a este pueblo, en mi familia le esta yendo bien al igual que a mi, así que no veo nada de malo en darle una oportunidad mas a este lugar, total de eso se trata esto. De poder experimentar todo de nuevo, un reto personal donde tenia en juego mi capacidad de sociabilizar y de crecer, ya que acá tengo muchas cosas por aprender.

Movía mis pies sobre el agua y en eso miro la puesta del sol, ya era hora de volver, la noche se hacia notar y tampoco quería volver a casa tan tarde.

Un Oscuro SecretoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora