¡Hey!
¡Hey tu!
Deja te cuento lo que hay aquí...
Cumplí el sueño de cualquier Jimfan, así es, logré transmigrar al cuerpo a la realidad de Trollhunters y me facina la idea de poder cumplir mis sueños de ser parte de la historia a lado de mis perso...
Eran las 7:30 de la mañana. Ya había desayunado y me encontraba revisando el guardarropa de Alan, que, por cierto, era digno de un ídolo; definitivamente tenía estilo. Después de ducharme, me perfumé con una colonia ligera de aroma maderoso. Estaba completamente listo, haciendo tiempo mientras esperaba a que Jim saliera.
Todo estaba en calma hasta que escuché la puerta de su garaje abrirse, seguida de sus quejas por la basura tirada. Era mi momento.
Abrí el garaje y saqué la motocicleta deportiva negra con rojo que la madre de Alan le había dado, impulsada por la culpa del divorcio y sus palabras hirientes del pasado. La acepté sin pensarlo demasiado; nunca había tenido una, y no iba a desperdiciar la oportunidad.
Me coloqué el casco y antes de bajar la visera, caminé hacia Jim.
-Hola, buenos días, Jim. ¿Problemas con mapaches? -pregunté con un tono casual, amable, pero lo suficientemente contenido como para no incomodarlo.
-Buenos días, Alan. Sí, odio que siempre tiren la basura... -respondió, aún concentrado en recoger todo; estaba seguro de que, en su mente, ya había declarado la guerra a los mapaches.
Cuando finalmente me miró, su expresión fue de sorpresa. No sabía si era por mí o por la moto... y siendo honesto, tampoco sabía cómo invitarlo sin sonar presumido.
-Ya es tarde, Jim... ¿quieres que nos vayamos juntos? -le ofrecí, extendiendo la mano.
-Jimbo, si tú no vas en ella, yo me apunto -intervino una tercera voz a nuestras espaldas.
No pude evitar sonreír al reconocerla.
-Claro, por mí no hay problema, amigo... -dije, girándome con una sonrisa.
-Tobias Domzalski, un placer. Soy el vecino de enfrente; no sabía de tu existencia hasta anoche, por Jim -soltó de golpe, claramente emocionado por conocer a alguien nuevo.
-No te preocupes, Alan. Nos iremos en nuestras bicicletas, ¿verdad, Tobes? -interrumpió Jim, llevándoselo casi a rastras antes de que pudiera responder.
No pude evitar soltar una ligera sonrisa al verlo tan avergonzado.
Bien... a lo mío.
Minutos después, ya estaba estacionado detrás de la escuela. Me quité el casco y lo guardé en el compartimento del asiento, pero no tardé en notar cómo varias miradas se posaban sobre mí. Genial.
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Me sentía como en esas escenas de película donde aparece el chico "perfecto" con música de fondo... solo que, en la vida real, eso era incómodo. Desamadio incómodo.
Intentando escapar de la atención, me dirigí hacia la entrada principal, aunque, siendo sincero, no tenía idea de a dónde debía ir. Ese era otro motivo por el que quería venir con Jim. Al llegar, lo vi. Eli.
Ahí estaba, repartiendo volantes con esa expresión tranquila que lo hacía destacar sin intentarlo.
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-Hola, disculpa... estoy un poco desorientado. ¿Podrías indicarme dónde está la oficina del director? -pregunté, manteniendo un tono amable.
Si no podía acercarme a Jim de inmediato, Eli no era una mala opción. Era adorable ahora... y con el tiempo, sin duda se volvería aún más atractivo.
-Elijah Leslie Pepperjack -respondió tras unos segundos, como si estuviera procesando mi presencia. Luego me extendió la mano y comenzó a caminar, indicándome que lo siguiera.
Le devolví el gesto con una sonrisa sincera.
-Alan Blackwood, un placer.- Mientras avanzábamos por los pasillos, él rompió el silencio.
-¿Eres nuevo en la escuela... o también en la ciudad?- Reí ligeramente. Era curioso, y eso lo hacía aún más encantador.
-¿Se nota tanto? Sí, soy de Nueva Jersey, así que todo es nuevo para mí.
-Entonces debes pensar que esto es aburrido comparado con una gran ciudad... -su voz perdió un poco de entusiasmo, como si temiera mi respuesta.
-Para nada -respondí con calma-. Aquí hay una tranquilidad que no existe allá. Además, la zona boscosa me llama mucho la atención... dicen que hay cosas extrañas, ¿no? Algo... fuera de lo normal.
Vi cómo su expresión cambiaba al instante.
-¡¿También te gusta lo paranormal?!
-Claro -afirmé, con una leve sonrisa-. Me interesa bastante.
-Entonces... seamos amigos. Puedes decirme Eli -añadió, algo apenado-. Ah, y ya llegamos.
Era demasiado fácil leerlo.
-Me gustaría -respondí, despeinándolo ligeramente en un gesto casi automático.
-¡Genial! Te espero aquí para darte un recorrido después -dijo con entusiasmo.
Le dediqué una sonrisa antes de entrar a la oficina del director. Mientras cruzaba la puerta, no pude evitar sentirlo.