¡Hey!
¡Hey tu!
Deja te cuento lo que hay aquí...
Cumplí el sueño de cualquier Jimfan, así es, logré transmigrar al cuerpo a la realidad de Trollhunters y me facina la idea de poder cumplir mis sueños de ser parte de la historia a lado de mis perso...
Después de que Jim salió de la oficina del profesor Strickler, la tarde transcurrió con una normalidad casi sospechosa. Como si el mundo intentara compensar algo que aún no terminaba de comprender.
Al llegar a casa, fui directo a la cocina. El silencio me recibió como siempre... pero esta vez había algo distinto.
Una nota estaba pegada en el microondas.
"Me fui a Los Ángeles por trabajo. Después iré a una auditoría con tu madre. Sé que prometí viernes de tacos, pero esto es urgente. Espero que entiendas.
Te quiero muchísimo, papi.
Pd: Haz una fiesta, aprovecha la casa sola, porque eres muy aburrido."
Solté una risa baja.
Incluso en su ausencia, sabía exactamente cómo provocarme.
Dejé la nota en su lugar, tomé una manzana y le di un mordisco... pero no pude evitar mirar hacia la ventana.
Otra vez. No había nada. Nada... y aun así, algo me llamaba no era curiosidad era insistencia un tirón invisible, profundo, incómodo. Antes de darme cuenta, ya estaba afuera, rodeando la casa hasta la parte trasera. El pasto estaba intacto, demasiado intacto.
Me agaché, repasando con la mirada el lugar donde recordaba haber visto el rastro. Nada. Ni una marca. Ni una señal.
—Estoy perdiendo la cabeza... —murmuré.
Crack.
El sonido de una rama partiéndose me heló la espalda.
Giré de golpe y ahí estaba una pequeña luz azul, suspendida en el aire... palpitante, como si respirara tenía forma humanoide, no... no forma exacta más bien una silueta sugerida, como si la realidad no terminara de sostenerla y fuera una simple sombra.
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—Es usted, mi señor —dijo con una voz suave, pero antinatural—. Me alegra volverlo a ver. Sígame.
No esperó respuesta se internó en el bosque y yo... fui detrás.
Porque claro. ¿Qué podría salir mal? Solo seguir una cosa brillante y claramente sospechosa dentro de un bosque. Plan perfecto.
Corrí.
Las ramas me golpeaban, el suelo era irregular, el aire cada vez más denso pero la luz siempre estaba ahí guiándome o arrastrándome a algo peligroso.
No supe cuánto tiempo pasó. Solo sabía que mis pulmones ardían y mis piernas estaban al límite entonces se detuvo flotaba sobre un punto específico del suelo esperando sin pensarlo, caí de rodillas y comencé a escarbar la tierra estaba húmeda, pesada mis uñas se llenaron de tierra húmeda mis dedos comenzaron a doler.