Capítulo 3

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Los banquetes con la alta sociedad eran lo más aburrido para Huizhong

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Los banquetes con la alta sociedad eran lo más aburrido para Huizhong. Incluso si él como emperador la representaba, no había cosa peor que pudiera imaginarse que estar horas sentado mirando como se regalaban para estar un par de horas con él adentro e intentar vender a sus hijas o sobrinas, incluso si eran niñss. La única razón por la cual había aceptado citado era para seguir las reglas que eran parte de una tradición de siglos que no podía romper por más que intentara.

Él había traído varias mujeres a su aposentos y auque ninguna había salido con vida eso de igual manera no frenó a varias de intentar cambiar su corazón. Fue así,en su primera noche había descubierto su gusto por la sangre.

Por eso no esperaba nada cuando un nuevo grupo de mujeres se presentó ante él y entre varios sorbos de vino observó cual de todas era la mejor, solo para llegar a la conclusión que absolutamente todas eran un mierda.

La música pronto se apagó y en el centro quedo una muchacha quieta. Acomodó su postura, desinteresado en la situación de adelante, esperaba que pasara algo interesante puesto que era pocas las que se animaban a quedarse solas.

"¿Qué está haciendo?" El momento fue cortado cuando una joven volcó el vino sobre el suelo, y por un segundo agradeció a los cielos por esta nueva excusa para irse. No fue hasta que te tuvo en sus aposentos que se dió cuenta quien eras. Tu cambio era poco y nada de lo que recordaba. Y en su cabeza pasaron las palabras de su madre, de lo importante de tener hijos para el imperio, de lo importante de tener a una mujer a su lado, incluso si era para entretenerse.

Y con eso en mente te mostró una sonrisa.

Por tu parte, te despertabas con gran parte de tu cara levemente hinchada y cuando tocaste el costado lo sentiste húmedo

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Por tu parte, te despertabas con gran parte de tu cara levemente hinchada y cuando tocaste el costado lo sentiste húmedo. Era agua. Te sentaste en tu lugar y miraste abajo, seguías con tu vestido puesto. Cosa buena, pensaste, seguías viva.

- Estuviste inconsciente tres días.

Una voz masculina te sobresaltó en tu lugar y te giraste para encontrarte con los ojos rojos del Emperador. Estaba sentado en la cama, a tu lado, con un libro en mano. Quedaste en silencio, estabas tensa, tus músculos negados a hacer cualquier movimiento y no pasó desapercibido por el emperador.

𝐞𝐧𝐬𝐥𝐚𝐯𝐞𝐝Donde viven las historias. Descúbrelo ahora