No podrías pensar que tu vida podría empeorar más, en menos de 24 horas habías visto como tu familia era asesinada frente a sus ojos y eras convertida en una esclava más. Pero todo cambia cuando el mismo emperador posa la mirada sobre ti.
YANDERE!E...
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Visitar a la emperatriz viuda no era una acción que Huizhong disfrutara, prefería lidiar con la corte y los asuntos internos antes de ver a la mujer que lo había criado luego de la muerte de su madre biológica.
Su viaje hacia el palacio norte se sintió eterno, y aún así su cabeza estaba contigo y solo contigo, con tu cuerpo, mente y alma. El paisaje cambió de tonos verdes oscuros a unos más claros, la distancia entre los dos palacios no era exagerada, pero si lo suficiente para que cambiara el clima. Lo único que agradecía de su padre era que tan lejos había hecho hacer este lugar.
Llegando a su destino bajó del carruaje y caminó por las grandes rejas que adornaban los alrededores del lugar, separando así las clases sociales. Al entrar, si dirigió a los aposentos donde se encontraba su madrastra, y entró a la habitación sin anunciar su llegada. Allí estaba ella, una mujer de casi 70 años, sus damas de compañía y otra muchacha que desconocía. Todas se frenaron en cuento lo vieron e inclinaron su cabeza.
— Si majestad, hace tiempo que no nos vemos.
— Solo unos meses ¿Recuerdas?
Su madrastra sonrío ante el comentario, y se giró hacia la chica de a su lado.
— ¿Acaso no te he presentado a Suyin? Es la muchacha del clan Zhāng. Ven, preséntate, cariño.
La joven sonrío con timidez e hizo un pequeño gesto. —Su Majestad. Es un placer conocerlo.
Tenía un vestido largo de tonos rosados, y el pelo negro que bajaba hasta debajo su cintura. Era una mujer extremadamente hermosa, y no había hombre que lo negara entre la alta sociedad... a excepción de Huizhong, quien parecía ignorante a su belleza y estaba mas enfocado en maldecir internamente por haber elegido este día para visitar.
Suyin eliminó la sonrisa de su rostro al notar la frialdad con la que la miró, incluso usando el nombre de su familia. Pero siguió adelante sin dejar sus esperanzas atrás.
- Puede llamarme por mi nombre y a cambio yo le puedo llamar por el suyo, si quiere.
Huizhong la ignoró de vuelta, aunque su expresión decía más que palabras. Por lo que se enfocó en la Emperatriz Viuda.
— He venido a hablarte sobre algo importante.
— Pues dímelo.
—A solas.
— No seas tímido, lo que seas que digas será escuchado por Suyin de todas formas, así que habla.
Viendo que no tenía otra opción suspiró. Quince minutos aquí y ya le dolía la cabeza.
—¿Recuerdas que el otro día trajeron nuevos esclavos?
Su madre asintió y tomó un sorbo del té, esperando que terminara de hablar.
— Me gusta una de las esclavas.
El silencio invadió el lugar. Una tensión creció al punto de hacer a la joven pelinegra bajara la cabeza al ver el rostro rojo de ira de la mujer mayor, pero eso no frenó a su 'hijo' de seguir hablando.