Era tarde ya cuando ella caminaba en la acera cerca de la plazoleta, había acabado por fin su turno de noche en el trabajo y ahora podía regresar a casa, sin embargo, el metro a esas horas solía estar lleno de acosadores y raros, tampoco se arriesgaría a otro idiota como el del día anterior.
Mirando de reojo vio a un grupo de personas en manada, parecían estar jugando fútbol o algo así ya que ellos pateaban algo del suelo, a medida que se acercaba miró que en realidad no era ningún balón o piedra, sino a cuatro chicos que se retorcían en bola para evitar que les golpearan el rostro. Normalmente ella evitaría llegar a ellos y haría como si nada hubiese pasado pero no pudo ignorar escuchar a uno de ellos sollozar con mucho sentimiento, eso no le parecía correcto, no podría dormir de noche si solo pasaba de largo.
Entonces gritó.
—¡Ahí viene la policía!
Algunos de los que estaban golpeando a los chicos huyeron sin siquiera revisar si esto era cierto, solo quedaron dos quienes se miraron entre ellos y al verse solos solo verificaron si era verdad, al ver qué no, se encontraron a la chica en frente de ellos.
—¿Que nos vino a traer el viento hasta acá? —dijo el que parecía ser el líder de todos.— un pequeño ratón mentiroso...
Los que estaban acostados abrieron sus ojos encontrando a la chica cara a cara con su abusador, eso los asustó, esos bastardos no eran gentiles ni siquiera con las mujeres.
—Kiyomasa... —pronuncio el otro sujeto con pena, era rubio pecoso y feo, a su parecer, un flacucho que seguía órdenes del más grande y fuerte. Temblaba sabiendo que pensaba su jefe.— ella no...
El lo golpeó en el estómago dando un gancho efectivo que lo hizo caer en el suelo y vomitar, a este punto Sarah solo podía lamentarse tener una moral tan alta para no ignorar esas injusticias y que ahora estaba seguramente con un problema mayor al de los acosadores del metro.
—¿Parece que es otra perra que quiere llevar la misma suerte que la chica del bastardo de ToMan?
No sabía a qué se refería, pero debió ser malo si el rubio de pecas al que golpeo desde el suelo negaba con su cabeza.
Sarah por favor ahora no te intimides por este imbecil.
—Eres patético.
Dios, ¿por que soy tan bocona?
No faltó mucho para que él soltará un golpe certero a su cara haciéndola caer también al suelo, su mejilla ardía y sus dientes retumbaron desde su sitio. Eso le pasaba por ser demasiado metida en situaciones donde no lo ameritan.
Los cobardes chicos que habían golpeado seguían en shock aún recostados en el suelo temblando de miedo, no se atrevían ni siquiera a mirar que pasaría después.
Me doy por muerta. Pensó resignandose
Pero a su fortuna, se oyó como una patrulla de policía se acercaban al sitio, está vez de verdad un policía estaba cerca.
Kiyomasa sudo del nervio, antes de irse la tomo del rostro apretando sus mejillas con fuerza.—Tu no viste ni diras nada, oíste maldita puta?
Ella no contestó, mantuvo su mirada conectada a la de el hasta que la soltó con brusquedad y se fue corriendo a medida que las sirenas se oían más cerca, el chico de pecas golpeado con dificultad le siguió el paso dejándola sola con los cuatro patéticos chicos que habían recibido la paliza de Kiyomasa. Bien, por lo menos ahora los habían dejado de golpear, algo bueno hizo a final de cuentas.
Aunque su mejilla dolía como un infierno
—¿Se pueden parar? —pregunto regresando a mirarlos, el chico de lentes y cabello esponjado color miel ni siquiera podía sostenerse por si solo.
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Nerd fighter -·Tokyo Revengers
FanfictionLentes de fondo de botella, falda larga hasta los tobillos, suéter holgado tejido, un montón de libros en sus brazos. Durcal Sarah, o también llamada Sana, perfil bajo, pequeña y discreta. ¿cómo se relaciona una chica de intercambio en problemas con...