09 - Oh.

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Habían pasado varios días desde el desayuno con Julián, hoy jugaba Argentina contra Polonia. Estaba nerviosa, no lo iba a negar, teníamos que ganar este partido para pasar a octavos.

Estábamos en el palco de Leo, el lugar más tranquilo para nosotros para ver el partido. Aunque a mí me encantaría estar entre toda la hinchada argentina, abrazándome con gente desconocida de la emoción y cantando como loca, a pesar de estar gritando desde ahí arriba ya.

Estaba sentada con Ciro en mis piernas, y Thiago a mi derecha, Mateo se había levantado con Anto, que se mantenía parada detrás de nuestros asientos, observando y moviendo las piernas nerviosa. Por donde mirara había cámaras apuntandonos, la mayoría eran celulares, pero había unas cuantas cámaras profesionales colgando del cuello de diferentes hombres y mujeres. Sonreí con ternura cuando, recorriendo con la mirada la tribuna, capté una nena saludando con la mano en nuestra dirección, intentando llamarnos la atención. Levanté suavemente mi mano para hacer lo mismo que ella. Se giró mirando a un hombre a su lado sorprendida, que estaba grabándola y tenía la misma expresión que ella, supuse que sería su padre.

Seguí recorriendo el estadio, había muchísimos argentinos, y no me sorprendía para nada. Allá el fútbol se vivía de otra manera, y era maravilloso que estuvieran acá.

—Almita, falta bastante para que empiece el partido, ¿podemos hablar? —preguntó Axel, apareciendo de la nada a un lado de Thiago, haciéndome mirarlo. Sentía a Anto y Mateo mirarnos, al igual que lo hacían Thiago y Ciro.

A la mujer le había contado de la situación con Axel cuando volvía a la pieza después de desayunar con Julián, ya que casi todos se había enterado que tuve el bajón por pensar en que pasaría lo mismo con Axel que como había pasado con Julian, y ella me había dicho que lo hablara con él, que capaz era solamente mi mente autodestructiva haciéndome creer eso. Busqué hacerle caso, pero no había encontrado momento para hablar con Axel, o él se iba con el Kun y Benja, estaba en el celular, o yo estaba con los chicos, entretenida, o con Juli tomando mates, algo que hacíamos bastante seguido desde aquella mañana. Nos sentábamos en un banquito al aire libre en la Universidad y charlabamos por horas.

—Eh... sí, sí —contesté, asintiendo, me levanté y dejé a Ciro en mi silla, no sin antes dejar un beso en su cabeza.

Lo seguí hasta el interior del estadio, caminando a una corta distancia de él. Frenó en lo que parecía ser un baño, fruncí el ceño cuando me hizo entrar detrás de él.

—Perdón, es el único lugar en el que vamos a estar solos y aparte no se escucha nada —explicó, cuando me le quedé mirando.

—Van a pensar que estamos garchando a escondidas —dije, recorriendo con la mirada el baño. Soltó una risa nasal, y después respiró hondo.

—Escuchame —dijo, finalmente. Me giré hacia él, con el mentón alzado, como si hace menos de una semana no hubiera vomitado pensando que me iba a dejar.

—¿Sí?

—Yo... no me había dado cuenta que estaba tan alejado de vos, Almita, y lo siento muchísimo —dijo, agachando la mirada. No dije nada, quería entender porqué y él lo sabía—. Sé que fui un amigo horrible desde que llegamos, Benja me pegó una patada en la canilla, y si no hubiera sido por mi tío me clavaba una en las pelotas también —no pude evitar sonreír con orgullo—, porque me dijo que ni él ni vos sabían lo que estaba pasando, y que estabas confundida y casi paranoica. Lo lamento muchísimo. No quería preocuparte ni que pensaras que te estaba gorreando.

—Quiero saber porqué estás tan... tan alejado, Axel —dije con firmeza. Levantó la cabeza para mirarme, sus ojos llenos de algo parecido a la tristeza y el arrepentimiento.

Yet nothing new [ Julián Álvarez ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora