El antiguo y olvidado templo parecía aferrado a aquel asteroide, igual que un hongo maligno a la corteza de un árbol. Sus torres retorcidas se alzaban como los dedos de un nadador que se ahogara y su todo su contorno basto estaba recortado por la nebulosa cambiante de la tormenta disforme conocida como el Ojo del Terror. Un portal se abrió en el patio exterior ante la entrada principal, que estaba envuelta en danzantes sombras y dejó salir a la comitiva fúnebre, que portaba el cuerpo de un semidiós muerto. Trajana sintió el disforme y cambiante aire caliente en su pálido rostro, sus pupilas se dilataron para captar los detalles de su alrededor, mientras sus botas blindadas hacían crujir las viejas losas del camino hacia la entrada principal. Detrás de ella avanzaban con cuidado sus cohortes de Astartes, portando el cadáver robado de Ferrus sobre una improvisada camilla y observando asombrados los dominios del Dios al que se habían consagrado. Oscuras formas lobunas los observaban como depredadores hambrientos, ocultos en las sombras danzantes que proyectaba aquel templo maldito. Una docena de sacerdotes silenciosos los recibieron, con sus rostros ocultos bajo las capuchas de sus pesados hábitos y los guiaron al interior del templo. Trajana escuchó los suspiros de asombro de sus guerreros al entrar al interior, se encontraban en una gran cámara principal abovedada, tan alta que un Titán Imperator podría moverse sin tocar el techo envuelto oscuridad. Las enormes columnas talladas estaban envueltas en zarcillos oscuros, como si fueran malsanas enredaderas de las que brotaban púas afiladas capaces de rasgar el adamantio. El silencio era roto por cuatro enormes criaturas presas que rugían, gritaban o gemían, en el centro colgaba una jaula con el primero de los dolientes trofeos, un ser parecido a un enorme buitre desplumado y lisiado, que maldecía sin parar y decía palabras místicas, que eran absorbidas por los barrotes de su jaula. Trajana se detuvo ante un enorme agujero circular excavado en la dura roca bajo la colgante jaula, en su interior vislumbró una masa abotargada y que supuraba pus, bilis y sangre sucia, que era atacada sin parar por los sombríos demonios de Malal, obligando a aquel ser a regenerarse dolorosamente sin parar. Un rugido de ira incontenible llamo la atención de los Astartes y vieron una enorme figura alada musculosa clavada en la pared, su rojizo cuerpo se retorcía con violencia apenas contenida, enloquecido por el dolor y la sed de sangre, gritando el nombre del Dios de la Sangre. En el lado opuesto al rugiente ser, había un sinuoso cuerpo en parte masculino y femenino, flotando en posición fetal sobre un pedestal de mármol, cegado, ensordecido y enmudecido, privándole de cualquier estimulación para toda la eternidad. Trajana sabía que aquellos seres eran los heraldos y campeones de los otros dioses del Inmateriun, pero también trofeos de Malal sometidos y expuestos por su poder para toda la eternidad.
Los sacerdotes los guiaron hasta el fondo de la cámara, llevándolos ante una colosal puerta de doble hoja de bronce labrado, que se abrió sola mostrando un enorme foso circular, que descendía hacia la oscura profundidad del asteroide sin fin aparente. Trajana se adelantó sin miedo, acariciando el mango de su Hacha del Pánico y descendió por el camino en espiral excavado en las paredes del foso circular enorme. Cada pocos pasos había nichos verticales horadados en la roca, donde figuras etéreas se retorcían de dolor y forcejeaban por liberarse de las sombras, que las encadenaban para toda la eternidad. En su descenso vieron rostros xenos, demoníacos y humanos, que los miraban importantes desde los nichos y alzaban sus manos etéreas para asirlos sin éxito. Sin hacer caso aquellas almas condenadas, Trajana miró al fondo y vio dos pares de ojos devolverla la mirada, desde la densa oscuridad. Tras lo que pareció una eternidad, se detuvieron a medio camino del fondo en una enorme saliente, que salía de la pared pulida, como si fuera la hoja de un cuchillo atravesando el cuello de una víctima. Al borde del saliente había un altar de mármol blanco con adornos de pulida obsidiana negra y el símbolo de Malal grabado. La oscuridad del fondo se movió y un enorme forma titánica emergió ante la cohorte de Trajana, igual que una ballena sale del fondo del mar a la superficie. Su piel era de un gris ceniciento, su boca descendía verticalmente desde debajo de su hundida nariz hasta donde debería estar su ombligo, llena de dientes de colmillos afilados y una larga lengua purpúrea, que se movía como una serpiente de arriba a abajo. Sus dos pares de ojos rojos los miraron de forma inhumana, cargados de odio, locura y sed de venganza a partes iguales. De su nuca caía una cascada de pelo blanco grisáceo hasta sus poderosos hombros y dos enormes cuernos echados hacia atrás salían de su frente. Trajana palideció y se arrodilló de forma inmediata, ofreciendo su Hacha del Pánico con sus manos hacia el imponente y titánico ser. Un segundo después, todos los Astartes la imitaron, pudiendo sentir en lo más profundo de sus vengativos corazones que estaban ante su Dios y señor, Malal.
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La senda del Odio
Science FictionLa Gran Cruzada de Emperador de la Humanidad está en su punto álgido. Horus Lupercal, Señor de la Guerra mueve los efectivos de cuatro legiones de Astartes hacia Istvaan para la pacificación del sistema rebelde, pero tiene otros planes diferentes re...